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El argentino de a pie sabe de qué le hablan cuando escucha "Yatasto" o "Forli". Lo mismo va a suceder con Invasor, así, con mayúscula, como nombre propio, y en esto mucho tendrá que ver el hecho de que los uruguayos que lo compraron prefirieron un vocablo español, en lugar del inglés que traía de origen.
También contribuye a la historia de fábula del caballo el azar de haber comenzado a competir en Maroñas, el hipódromo de Montevideo, antes que en San Isidro y Palermo, más renombrados, más familiares para los oídos hípicos del mundo.
Cuando ganó el Whitney Handicap, en Nueva York, Fernando Jara, el jinete, dijo a LA NACION que le pareció que Invasor esperaba al que venía segundo, como si quisiera jugar un rato a las carreras. Ese día ganó por el hocico.
La noción que da el hijo de Candy Stripes es más comprobable que aquella de la anécdota: él sabe, el caballo, cuándo hace falta acelerar y cuánto. No, no, espere, no se ponga las botas ni empiece a probarse la chaquetilla. Jara tiene el arrojo para pasar por donde parece imposible, como en el Donn Handicap, o para pechar a Premium Tap -el mismo rival que lo escoltó ayer- en el Classic de la Breeders Cup, en Kentucky, además de contar con la cabeza y la sensibilidad para llevarlo más cerca de los punteros, por caso, en esta Dubai World Cup.
Los argentinos no vimos correr aquí a Invasor, pero hoy tenemos los medios para justificar la opinión y colocarlo bien alto, con Yatasto y con Forli. A Invasor también se lo pudo gritar en la tribuna, aunque sea frente a un televisor, y emocionarse.
El zaino está mostrando la mejor cara del turf argentino. La de la cría de excelencia, líder en el mundo. Opuesta a la que dejó el affaire Storm Mayor , que no pudo ser exportado para Dubai porque se declaró ante la AFIP el precio de un matungo.
Con la soberbia del poder económico -porque el turfístico no lo tiene- un dirigente de Hong Kong, un desfachatado, exige cada año que la Argentina reduzca su número de clásicos de grado, los más importantes, como si fuera de segunda. Invasor, Asiatic Boy, Star Parade, Gentlemen, Candy Ride, encabezan una legión que, junto con los históricos gigantes argentinos, lo están dejando más solo que nunca.




