Gran Premio Latinoamericano: la pista en la que solo los chilenos pueden ganar

Celebra Jeremy Laprida, parado en los estribos de Yo Primo, tras Gran Premio Latinoamericano en Santiago de Chile
Celebra Jeremy Laprida, parado en los estribos de Yo Primo, tras Gran Premio Latinoamericano en Santiago de Chile Fuente: LA NACION - Crédito: Gustavo Duprat
Gustavo S. González
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10 de marzo de 2019  • 23:59

La gran supremacía de los caballos chilenos cada vez que el Gran Premio Latinoamericano se corrió en el Club Hípico de Santiago, el hipódromo más antiguo de la región, con 150 años, fue refrendada ayer de una manera contundente, impensada acaso: los locales hicieron un 1-5, como para que no quedaran dudas sobre cómo está el turf trasandino hoy, además de cumplir con el mandato histórico.

Ya Primo, un caballo joven, de 3 años, que venía de ganar El Derby, el cierre de la triple Corona Nacional de ese país, en el Valparaíso Sporting Club, se impuso por cuatro cuerpos y encabezó un marcador a puro Chile, con Nombar, Brown Storm, la yegua Penn Rose y El Expreso. Y si no completó las chapas al estilo de Palermo , San Isidro y La Plata (los seis primeros), fue porque se metió Pure Nelson, el mejor argentino, el mejor extranjero.

Además de la condición de local, un dato que ya es de hierro en el inexpugnable escenario de Blanco Encalada, esta vez las razones del dominio chileno hay que extraerlas del desarrollo. Conocedores cotidianos de la pista y acostumbrados a correr en el sentido inverso al de la mayoría de los hipódromos sudamericanos (en el sentido de las agujas del reloj), sabían que la pista de césped un tanto lenta les daría mayores posibilidades a los que corrieran en la punta. O, si se lo ve desde el ángulo opuesto, sería todo un escollo para los atropelladores, que debían remontar con esa superficie una recta de 600 metros en medio del tránsito de quince ejemplares.

Por eso, el chileno Brown Storm, que llegó a sacar diez cuerpos que parecían lapidarios para sus chances al entrar en el codo, no fue presa de caballos que estaban con la pólvora mojada, entre ellos los argentinos Sixties Song, ganador de esta carrera en 2017, en Viña del Mar, y Nicholas, condenado a transcurrir el trámite en el fondo. Sintiendo lo que daba el caballo, su jockey, Eduardo Ortega Pavón , sabría temprano que no había esperanzas casi desde el comienzo, como las que sí se hacían los argentinos porque conocen cómo el caballo del stud Nosotros juega sus cartas de atropellada.

Sixties Song había tenido un problema físico importante 24 horas antes de la largada, que describió Nicolás Gaitán, que lo presentó esta vez: "Fue tuvo una desgracia con suerte. Un dolor de estómago que el caballo sacó adelante en una hora, bien. Fue un espasmo, no llegó a ser un cólico. Después me arrancó la mano de las ganas de comer que tenía". Cruzó el disco 10° el defensor de la caballeriza Savini. Poco para el gran momento en que se encontraba, normal si aquel contratiempo lo debilitó.

La victoria de Yo Primo fue la cuarta en el Club Hípico de Santiago, donde los caballos chilenos están invictos
La victoria de Yo Primo fue la cuarta en el Club Hípico de Santiago, donde los caballos chilenos están invictos Fuente: LA NACION - Crédito: Gentileza El Mercurio

Si Pure Nelson pudo entrar en el marcador fue seguramente por aquella condición que favoreció a los que empujan adelante desde el vamos. Y porque estaba en forma, claro. Finalizó a diez cuerpos del ganador.

Nicholas se clasificó 9°, en una línea con Sixties Song y a poco más de catorce cuerpos del ganador. Nunca estuvo en carrera.

Ya Primo emergió desde el medio de la nube de competidores con la confianza que le dio Jeremy Laprida en las riendas. Por un momento se pensó que sería duro doblegar a Brown Storm, pero a 100 metros del disco parecía estar con el aire renovado para definir. Y le sobró paño. Su futuro está en Estados Unidos, donde lo entrenará Chad Brown, algo que ya estaba decidido y no dependía del resultado de ayer. Ni de las penas de los punteros ni del estado de un pista que sigue siendo la fortaleza del turf chileno.

El padre, en la Argentina

El turf chileno vive una etapa de alto nivel. El padre de Ya Primo es Mastercrafstman, un tordillo hijo de Danehill Dancer que vino de Europa y es líder en la estadística de ese país. Es también el padre de Nombar, el escolta en el Latinoamericano. Carlos Heller, propietario del haras Don Alberto, donde nació Ya Primo, comentó: "Estoy orgulloso de haber criado este caballo; el haras se merece este premio porque hemos traído muy buenas yeguas y padrillos". Heller es además presidente del Club Hípico y aseguró sobre la organización del clásico: "pasamos un año pensando en el Latino". El haras Firmamento, de la Argentina, tuvo el acierto de tenerlo en su roster de sementales hace dos años, pero mejor aún, lo tendrá en la padrillera de Sierra de los Padres de nuevo, en la temporada que comienza en agosto.

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