

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

Las mañanas de ensayos ya no mantienen ese vértigo de otros tiempos, por lo que la jornada se reduce y pierde algo de su esencia. Pero aquellos jockeys que asoman junto con el sol y no cesan hasta el epílogo de la actividad, a media mañana, saben que ésa es la base de su trabajo.
Y allí está firme Alejandro Tajomisski, un muchacho de a caballo desde su adolescencia al que la vida puso a prueba y, con fuerza de voluntad y el apoyo de sus afectos, consiguió ganar su carrera más importante: la de la vida. "Tuve un problema grave porque me arruinécon la droga, pero por suerte pude salir ya hace un par de años y estoy dedicado a lo que más me gusta hacer", se sincera, poniendo énfasis en agradecerle "a Dios, a mi novia, Mariela, a mis viejos y a Pablo Falero, que me habló mucho y me hizo una lavada de cabeza que me sirvió".
Incluso, el jinete deja una enseñanza sobre esa etapa: "Uno se cree que es vivo pero lo que hace es perjudicarse y, de esa forma, también a los que lo rodean. Si uno quiere dejar la droga debe priorizar el trabajo, y se puede salir", afirma.
Es ocurrente, carismático, profesional. Estudia las carreras, su opinión es muy valorada entre los entrenadores que lo hacen ejercitar sus caballos y no duda en aceptar montarle al que se lo pida, aún cuando después no corra en la misma proporción. Siquiera le importa que en otros países se cobre por lo que acá se reparte, en el mejor de los casos, entre un "gracias" y un "¿querés un café?".
"Me subo a unos veinte caballos por día de taquito. No interesa que no sean unos fenómenos, pero así te mantenés en estado, estás liviano y cuando el cuidador puede te da una mano. Lleva varios años darse cuenta de que hay que hacerse ver, y ahora que aprendí me va bien", señala Tajomisski, que cuando no tiene compromisos en San Isidro, Palermo y La Plata va a correr cuadreras a San Martín de la Escoba, provincia de Santa Fe.
Su pasión por las competencias cortas viene desde chico, cuando le montaba a su padre, Adolfo, cerca de su ciudad. Y aunque luego también corrió casi tres años en Rosario, destaca su paso de tres meses por la escuela de aprendices: "Es muy necesario y hace falta. Ahí aprendí a enriendar mejor y pegar de zurda", grafica.
"Cada carrera es especial; resulta un gran desafío y un incentivo definir mano a mano con jockeys como Jorge Valdivieso o Falero. Es lindo correr y lo hago porque me encanta", explica el piloto, que no pierde oportunidad para brindarle afecto a los animales.
"Desde que tengo memoria le debo todo a los caballos. Son ellos los que hacen las cosas y se merecen un puñado de pasto después de ejercitar o las palmadas tras la carrera. Es mi modo de felicitarlos", afirma.
Y si se trata de tomar un claro ejemplo suyo, nada mejor que el clásico Fernández Guerrico de 1991, cuando ganó con Laramie Moon y se recibió de jockey. "Como había muchas punteras, les dije a los dueños que la iba a correr de atrás. En la recta las pasé como alambre caído y pudo haber bajado el récord, pero llegué al disco abrazado a su pescuezo y gritándola", finaliza, con su sello.
"Tajomisski siempre tiene muy buena onda dentro de su pequeña locura y sabe escuchar los consejos que uno puede darle cuando bromeamos", señala el jockey Pablo Falero. "Es muy trabajador, conoce mucho y aun cuando corre caballos con poca chance nunca me generó problemas en un desarrollo", advierte.

