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MAR DEL PLATA.- Crepúsculo marino. En medio de su vida, los aires de esperanza. El mar va y viene y el estatuto del viento determina que ya pasó la hora de disfrutar del agua. Ignacio y Matías, de 2 y 4 años respectivamente, le dicen a su padre que no quieren fotos cerca de la orilla. Su padre, Jorge Vivaldo, de 33 años y actual arquero de Chacarita, los mira y dice: "Mirá si no son una bendición. ¡Y pensar que en otros tiempos ni imaginaba que podría tener una familia así!".
No hay olvido, sí aprendizaje. De esos momentos en los que los problemas acorralaron su existencia. Las cenizas de los recuerdos sombríos quedaron guardadas bajo llave para darle paso a un presente lleno de luz.
"Hubo momentos en los que pensaba únicamente en lo que estaba por venir y no disfrutaba del presente. Gracias a Dios, hoy aprovecho la posibilidad de ser feliz, de gozar de mis dos hijos y de Fabiana, la mujer que amo. Encima, tengo la suerte de trabajar en lo que quiero y de estar en Chacarita, un club donde me dan mucho afecto", dice el arquero. La fe en Dios es su herramienta para afrontar cada día. Para olvidar los malos tragos y para desterrar esas ideas del pasado que sólo intentaban justificar el no vivir, se resguardó en la religión. Vivaldo es integrante del grupo Atletas de Cristo, que está compuesto en su mayoría por deportistas, y así lo explica...
"Me acerqué a Dios gracias a un milagro. Mi mujer padeció durante dos años una enfermedad y no encontrábamos la solución. Recorrimos médicos, curanderos, templos umbandas, de todo. Me gasté la poca plata que tenía y no había respuestas positivas. En 1990, juntos nos acercamos a una iglesia y de repente encontramos la esperanza. Nos casamos y tenemos dos hijos preciosos. Somos una familia llena de felicidad".
No se olvida de los sinsabores. Vivaldo cita sus vivencias para dar un mensaje. "Si no fuera por Dios, hoy no estaría acá. Quizás estaría muerto o resignado. Uno, cuando está mal, busca un escudo protector. Muchos eligen la droga. Por suerte nunca llegué a ese punto, pero sí confieso que tuve una vida muy desordenada. Iba a bailar, me pasaba con el alcohol y terminaba siempre a las trompadas", confiesa, antes de explicar que reza varias veces por día y antes de cada partido. Incluso, también lo hace en el balneario 12 de Punta Mogotes, donde más allá del agua, el sol y el picado, le dedica unos minutos a sus oraciones.
"En el fútbol nunca tuve resistencias por mi relación con Dios. Cuando confesé mi vocación religiosa recibí algunas cargadas, pero no me lo tomé a mal porque yo, en otros años, era de los que se tomaban muchas cosas en joda. Más escéptico que yo no había nadie", expresa, mientras su hijo menor se duerme en sus brazos.
De acuerdo con la visión de Vivaldo, el fútbol se reparte en porcentajes iguales las alegrías y las tentaciones: "El ambiente del fútbol tiene una parte muy linda y otra bastante oscura. Esta última es la que únicamente propone ganar plata, tener un auto importado y salir en las revistas. Yo no soy de darle consejos a nadie ni soy una persona que intenta convertir a todo el mundo. Uno trata de tirar algunos conceptos y de comentar lo que pasa en mi vida. De decir, simplemente, que Dios me devolvió la sonrisa". Los llamados de Matías, que juega en la arena con Esteban, hijo de Hernán Pagés (defensor de Chacarita), se hacen escuchar. Intenta que su padre le enseñe a hacer un castillo en la arena. El Flaco mira el cielo y dice: "Para ésto, también voy a necesitar tu ayuda..." Su diálogo con Dios es permanente.
MAR DEL PLATA (De un enviado especial).- Dentro del grupo Atletas de Cristo, Vivaldo, junto con su esposa Fabiana, son los encargados de conducir las charlas de prevención contra las drogas para los jóvenes.
"Tuve muchas oportunidades de drogarme, pero no lo hice. Tengo amigos que están muy arruinados y otros murieron por sobredosis. La sociedad actual presiona demasiado y hay más jueces que personas normales", enfatizó.




