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LAS VEGAS (De un enviado especial).- Luego de 19 meses alejado de los rings, el norteamericano Mike Tyson volvió y, con un knock-out sobre el final del quinto round, venció al sudafricano François Botha, en un combate efectuado anoche en el Grand Garden Arena, de esta ciudad.
Tyson, que en los primeros asaltos no encontraba ni la distancia ni los tiempos para aplicar su potencia sobre su rival, aplicó un cross de derecha para derribar a Botha por toda la cuenta.
Cerca de 14.000 espectadores siguieron en el escenario de la ciudad norteamericana el segundo retorno de Iron Mike, que cobró por este combate 20.000.000 de dólares.
Los que manejan el negocio del boxeo, ahora sueñan con una revancha entre Tyson y Evander Holyfield, el campeón de los pesados.
Después de 19 meses, los rings recuperaban al boxeador más controvertido y taquillero de la historia.
LAS VEGAS (De un enviado especial).- El bullicio de 14.000 espectadores aumenta la ansiedad. Las peleas pasan y no hay quien se interese por alguna. Todos están en el Grand Garden Arena por un combate excluyente. En realidad, por sólo uno de esos esos hombres que se alistan a cerrar la reunión. Por Mike Tyson, claro. Francois Botha es invitado necesario porque ni Iron Mike puede vender un choque con su propia sombra. Se requiere un blanco para su furia, eso es el sudafricano por quien arriesgaron dólares nada más que los apostadores que desafían a la lógica.
Es el regreso del rebelde, de quien le hace pagar el costo de sus desmanes a la sociedad que lo usa, del boxeador millonario que siente el impulso de crear sus reglas para romperlas cuando le venga en gana, del luchador compulsivo que en los tatuajes del Che Guevara, Mao Tsé Tung y Malcom X simboliza su vocación de oponerse, sin que le interesen mucho las ideas de esos hombres adheridos en su cuerpo por lo que representan sus imágenes.
Ese es el Tyson de este nuevo regreso. El que descontroló sus palabras en los últimos días, puso su ira en insultos y llegó a calificar como nazis a quienes están en contra de su vuelta a un ring. Es Tyson contra todos y el mundo contra Tyson en su mente paranoica. Botha lo espera entre las cuerdas, quizá consciente de que en su cuerpo se descargará la descomunal fuerza nacida de la impotencia de un ser sin paz.
Contradictorio, por cierto, es Tyson. Le grita su odio al sistema que lo oprime, pero recibe sin sonrojarse los beneficios del consumo. Un contrato le otorga 10.000.000 de dólares por esta pelea y otros tantos obtendrá por el porcentaje de las ganancias de los derechos de TV. Es el sistema codificado de pague para ver el soporte de este show. Porque las especulaciones marcaban a 1.000.000 de hogares norteamericanos interesados en abonar 49 dólares por el match. Disminución considerable con relación al combate con Holyfield, el de la mordida, visto por 1.800.000 abonados al servicio de Showtime.
Esa empresa tiene contrato con Tyson por otras cuatro peleas -la próxima es con Axel Schulz-, pero la continuidad depende del triunfo del Hombre de Acero en el combate que se realizaba al cierre de esta edición. Por supuesto que menor fue la bolsa de Botha, conformado con 1.800.000 dólares para exponerse a los puños más temibles del mundo.

