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Hace tiempo que ya se juega el Mundial del 2002. Y aunque falta mucho para saber qué países de América del Sur estarán en las canchas japonesas y surcoreanas, hoy, desde los escritorios, se busca sacar cualquier ventaja para adelantarse en esta carrera. Ese juego de intereses por ahora ha dejado sin consenso al fixture para las eliminatorias. "No es fácil, somos diez países y así es complicado llegar rápido a un acuerdo. Fueron diez posturas distintas, donde cada uno quiso conseguir alguna ventaja para sí", reconoció alguien que vivió la agitada reunión de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF) desde adentro. La posición que habría llevado la Argentina, con Julio Grondona, sería la de jugar ida y vuelta en un mismo mes contra idéntico rival. Quedó por ver. Condicionamientos a la altura, objeciones a la localía, inconvenientes por una apretada programación, etc, etc. Imposible acordar algo. Ocho propuestas de calendarios diferentes se tiraron ayer sobre la mesa en Asunción. Y en todas dominó un aire de intransigencia.
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En Chile, por pedido del entrenador Nelson Acosta, el presidente de la Asociación chilena, Ricardo Abumohor -que ya ha reconocido sus pretensiones de suceder a Nicolás Leoz en la conducción de la CSF- planteó que no quiere que su país juegue muchos cotejos de la primera rueda como visitante, algo que ya le sucedió en las eliminatorias del 96/97, cuando al principio debió afrontar seis cotejos fuera de Santiago y los pobres resultados lo hicieron tambalear del cargo.
Por ejemplo Bolivia, con su titular al frente, Sergio Asbún Yacir, propuso que el equipo juegue como visitante sus dos primeros encuentros. Incluso sugirió que prefería medirse con Brasil y la Argentina. Sustentó el pedido en la necesidad de ganar tiempo para que pueda finalizar el torneo local del 2000 antes de recibir a algún adversario. Y, además, defendió la posibilidad de ser local en los 3600 metros de La Paz e, incluso, en horas del mediodía, como ya lo había dicho Veira.
El bendito tema de la altura enloqueció a los representantes de Paraguay, con Oscar Harrison a la cabeza. "No podemos jugar en el llano y a los ocho días en la altura de La Paz", exclamaron. Entonces pidieron que antes de definir las fechas y el orden de sus rivales, preferían conocer las sedes que éstos utilizarían como locales. De allí que la CSF dispuso un plazo hasta el 10 de septiembre próximo para que cada país informe sobre las ciudades o estadios donde recibirán a cada una de las demás selecciones. Y, también, Paraguay expresó que prefería jugar sus tres primeros choques como visitante, preferentemente ante Colombia, Uruguay y la Argentina.
Venezuela también se animó a alzar la voz y dijo que le parecía conveniente intercambiar una tras una la condición de local y de visitante. Otras asociaciones asintieron a la idea. Y Brasil -que compartiría la modalidad argentina- , con el mando de Ricardo Teixeira, solicitó jugar el primer partido justamente frente a Venezuela, el más débil. Pero hubo un aspecto en el que los dirigentes alcanzaron un entendimiento inmediato: cada fecha se desdoblará en dos días consecutivos y en horarios diferentes para potenciar las transmisiones televisivas y los ingresos por la negociación de los derechos.
Algunas versiones filtraron que los choques de la fecha inaugural de las eliminatorias, el 28 y 29 de marzo del 2000 serán Venezuela-Chile, Colombia-Perú, Brasil-Bolivia, Paraguay-Uruguay y que la Argentina comenzará el camino hacia el 2002 visitando a Ecuador. Ahora se volverán a ver las caras el 16 de septiembre. "El acuerdo va a llegar, de algún modo terminaremos transando entre nosotros antes que exponernos a un sorteo de la FIFA", admitió un hombre que estuvo en Asunción. Y seguro que será así.



