Un clásico de Avellaneda con roles cambiados y muchos condimentos especiales

Diego Latorre
Diego Latorre LA NACION
Fuente: AFP - Crédito: Alejandro Pagni
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8 de febrero de 2020  • 23:59

Los clásicos no son partidos comunes. Llevan incluido un plus, algo que se va cargando durante la semana y ante lo cual no se puede permanecer indiferente. En tus compañeros, en los rivales, en el fervor de la gente te vas dando cuenta de la dimensión del partido y te hace vivir la previa con un poco más de emoción y de responsabilidad.

Sin embargo, puedo asegurar que cuando la pelota empieza a rodar las sensaciones son las mismas en un Boca-River o en un Racing-Independiente: la de saber que uno protagoniza un partido muy grande y con mucha historia detrás. Con ellas saldrán hoy a la cancha los viejos rivales de Avellaneda, pero también con las circunstancias puntuales de cada uno, por la 19° fecha de la Superliga.

En principio, existe un contraste marcado entre la inusual estabilidad institucional de Racing en los últimos años y los problemas que viene sufriendo Independiente, que históricamente fue un ejemplo de buena gestión. Y pese a eso, a priori el partido parece llegar en un momento más incómodo para la Academia que para el Rojo.

Un club, sus socios y sus hinchas componen una gran familia, y dentro de ella, los jugadores y el cuerpo técnico integran otra más pequeña. Lograr que esta funcione como una alianza es tarea del entrenador. Si tiene éxito puede conseguir que las heridas cicatricen rápido y que su equipo juegue liberado. Es lo que ha sucedido en Independiente en los partidos disputados bajo el mando de Lucas Pusineri.

Se vio un equipo energizado, con más confianza y más recursos futbolísticos, al cual parecen no influirle factores adversos como lo ocurrido con Pablo Pérez, la marcha de algunos hombres o la falta de refuerzos.

Si algo le faltaba para consolidar el nuevo proceso era el efecto renovador de la victoria por 5-0 sobre Rosario Central. El placer de jugar bien, aunque sea en un único partido, es muy particular, porque te hace sentir capaz de volver a hacerlo. Es verdad que los hilos son muy delgados y todo puede resentirse por una simple derrota, pero enfocarse en el juego y tener las ideas claras siempre es la mejor receta para superar las adversidades. Independiente, cuyo calendario inicial invitaba a la desilusión, irá hoy a la cancha de Racing con expectativas, no solo de victoria, sino futbolísticas. No es poco en un tiempo de transición.

Los aspectos científicos, la metodología de entrenamiento y el uso de la tecnología son complementos necesarios en la tarea de un entrenador, pero de pronto pueden serlo mucho más la palabra y la pedagogía, la forma de transmitir el saber y de entender qué es lo que precisa cada jugador. Eso te lo aporta el fútbol, el pasto, el barro. También la cercanía, el hecho de saber con quién estás hablando, cuál es su formación y sus raíces.

Sé que en el fútbol hay mucha urgencia pero esa relación pedagógica entre entrenador y jugador resulta muy necesaria para que el receptor del mensaje esté feliz, sienta placer y se compenetre con su técnico, porque hay muchas variables psicológicas que influyen en el rendimiento.

Racing atraviesa un proceso diferente. Haber contratado a Sebastián Beccacece como entrenador fue una decisión como mínimo audaz. Diego Milito es la voz autorizada en el club para definir las líneas futbolísticas, pero es muy posible que esta elección haya provocado debates internos, y que cada partido se tome como un examen incluso para el propio Milito.

El arranque, además, no ha sido satisfactorio. Es cierto que Racing no venía jugando bien ya en los últimos tiempos con Coudet, pero no existía la impaciencia actual. Los jugadores parecían estar cómodos y el mayor revuelo lo creó el propio Coudet al anunciar su marcha con tanta anticipación. La nueva etapa, en cambio, comenzó con encontronazos y demasiada revolución.

Siempre es más saludable que las modificaciones en un equipo no sean tan radicales, sino más graduales y respetando los procesos lógicos. No es lo mismo jugar de wing que de lateral, de volante por derecha que por izquierda. Hay cuestiones de perfil, de geografía, hay funciones distintas... El fútbol es relacionar jugadores entre sí, los jugadores tenemos una idiosincrasia bastante particular y muchas veces somos algo reacios a los cambios. La realidad es que Beccacece todavía no ha podido generar en equipos grandes el mismo impacto que el producido en Defensa y Justicia y se enfrenta a un partido incómodo.

El partido, por otra parte, seguramente representará para él además un desafío personal, un intento de pequeña revancha tras su acelerada y nada grata salida de Independiente. Para sus ex dirigidos en el Rojo, por el contrario, el hecho no tendrá mayor influencia. El futbolista tiene una mentalidad pragmática en este sentido: hace borrón y cuenta nueva, lee cuál es su nuevo estatus, se recicla y se enfoca en lo que viene. Sobre todo en la Argentina, donde los compañeros cambian cada media hora y los técnicos cada cuatro días.

El clásico de Avellaneda llega con muchos condimentos especiales. Con un Independiente que demostró un perfil agresivo y un Racing que no negociará su estilo. Solo esperemos que ambos jueguen sabiendo que representan a dos de las instituciones más grandes del fútbol argentino.

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