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BERLIN.– Los jugadores alemanes se quejan porque la prensa extranjera les insiste sobre la pelea que protagonizaron con los argentinos en el césped del estadio Olímpico. Dicen que el tema es una incomodidad en estos días de preparación para la semifinal que tendrá definir con Italia mañana en Dortmund. Insisten en la idea de que de la FIFA sólo castigará a los nombres señalados en el conjunto de Pekerman. Pero la situación parece no ser exactamente así, pues ayer por la tarde se le comunicó a la DFB la posibilidad de que sea sancionado Torsten Frings, por un supuesto golpe a Julio Cruz, registrado por la televisión italiana.
La situación de Frings se complicó por denuncias de la prensa italiana e imágenes del canal de cable Sky que lo muestran dándole un golpe de puño al delantero argentino, que la FIFA solicitó para determinar si corresponde o no sancionarlo. “Tras analizar nuevas imágenes de televisión, la comisión disciplinaria de la FIFA estableció que, con alta probabilidad, Frings estuvo activamente involucrado en los incidentes”, dijo Markus Siegler, director de comunicaciones de la FIFA. Y de acuerdo con lo informado, Frings deberá comparecer hoy por la mañana ante el Comité de Disciplina, que luego anunciará su decisión definitiva, la misma que esperará la federación alemana antes de pronunciarse, según informó su vocero, Harald Stenger.
“Pedimos a un canal de televisión que nos envíe las imágenes porque el Comité de Disciplina quiere examinarlas detenidamente”, explicó Siegler, y precisó que la inminencia del choque con Italia, impone “un veredicto urgente”. A esta determinación se llegó después de que varios medios italianos, entre ellos el Corriere della Sera, publicaron que “sólo la FIFA parece no haber visto el golpe de Frings a Cruz”.
No pasa inadvertida la breve batahola entre alemanes y argentinos en esta Copa del Mundo. En los distintos programas de televisión y en las radios, todos hablan de los golpes entre unos y otros. Fue uno de los temas del día. Sin dudas. “Quedé en el medio de la riña y recibí algunos golpes. Me protegí de ellos y por eso levanté las manos, sólo para defenderme”, explicó Frings al diario alemán Kreiszeitung Syke. Y repitió todas las veces que fue necesario: “Yo no hice nada, sólo me defendí”.
La mayoría de los futbolistas alemanes trasladó las culpas a los jugadores argentinos. No pudieron disfrutar del todo el reconocimiento del público que recibieron en su refinada concentración de Grunewald, a pocos minutos del centro de la ciudad. Fue, inesperadamente, un día francamente difícil para los germanos, pues no esperaban una catarata de preguntas sobre lo ocurrido el último viernes. Si algo hicieron ayer los dirigidos por Klinsmann fue hablar de lo que pasó frente a la Argentina. “No los entendimos porque hablaban en español, pero se la pasaron insultando todo el partido”, dijo Michael Ballack. Claro que el capitán no pudo negar un gesto provocativo de su compañero Tim Borowski, que tras marcar el cuarto penal en la serie se lo señaló con el dedo pulgar a Gabriel Heinze. “Boro puso un dedo sobre la boca y luego se fue. Eso les molestó”, reconoció Ballack.
A la hora de evaluar lo sucedido en el césped del estadio Olímpico, la idea generalizada fue echar la culpa afuera. Y el blanco fueron las agresiones de los futbolistas argentinos, especialmente la patada descalificadora de Leandro Cufré a Mertesacker, una imagen que se repite diariamente en los periódicos locales. “Fue sucio lo que hizo, pero fue sancionado. Y para mí el tema quedó sepultado. No tiene ninguna importancia dónde me pateó”, dijo Mertesacker sobre la patada de Cufré, que al ser visto por el árbitro eslovaco Lubos Michel se marchó del Mundial con una tarjeta roja.
“Está claro que los argentinos no tienen buenos modales y que son malos perdedores”, se quejó Frings. “Ni me enteré de los tumultos. Estaba celebrando”, dijo Lukas Podolski y añadió sonriendo: “Me da igual si son malos perdedores. Ahora se vuelven a casa porque se encontraron con un verdadero equipo”.
Más allá de las declaraciones de los jugadores teutones, hay una cuestión que es la que más preocupa al técnico Klinsmann: si podrá contar con Frings. A pocas horas de la semifinal, se planteó el interrogante y abundan las versiones. Acorralados por las reiteradas consultas de los medios, no les quedó otra que hablar de la controversia del Mundial, aunque preferían referirse al próximo compromiso con Italia. Quedó claro: no quedaron inmunes a los incidentes del final.


