Un gigante romántico, sin grandes luces

Osvaldo Príncipi
Osvaldo Príncipi PARA LA NACION
Fuente: Reuters
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29 de noviembre de 2015  • 23:45

Las crónicas sobre los combates de boxeo y sus connotaciones son únicas. Incomparables a las de cualquier otro deporte. A veces, como en éste caso, difíciles de descifrar. Sobre todo cuando emerge un nuevo campeón pesado, causante de un "shock" histórico en el contorno de una de las peleas más pobres de todos los tiempos. Paradójicamente, conmocionó al mundo por la caída de un líder ilustre, Wladimir Klitschko, y por el surgimiento de un personaje inusual para ésta "jungla": el inglés Tyson Fury, el nuevo rey.

Ni en las más ricas narraciones escritas en sus cuentos de boxeo británico del Siglo XVIII, por Sir Arthur Conan Doyle –padre de Sherlock Holmes– se hubiese desarrollado una situación semejante a la vivida el sábado pasado en Düsseldorf, donde el publicó alemán sepultó para siempre al ucraniano Klitschko y a su insoportable estilo de pelea que dieron vida a un exitoso ciclo de 28 cotejos mundialistas que lo consagraron como el púgil con mas cantidad de combates oficiales en éste peso.

Tyson Fury, un sufrido boxeador de Manchester, de 27 años, semejante a un leñador rústico en el ring, de gran corazón y escaso talento, empujó –grotescamente– a su estructura de 2,06 metros y 112 kilos, hacia una decisión de ruleta rusa, imposible de comentar ante la chatura técnica que ahogó a este match.

Fury protagonizó una de las escenas más románticas del deporte tras su coronación, cantándole a Paris, su esposa y madre de sus hijos: Venezuela y Prince, con su voz de luchador golpeado, dulces estrofas de una canción de Aerosmith, que proyectaron a los 50.000 asistentes a revivir las imágenes mas sensibles de las películas de Rocky Balboa.

Hijo del ex boxeador inglés John "El Gitano" Fury, un jefe de hogar violento y pendenciero que en más de una ocasión lo abandonó, y una madre irlandesa habituada al cambio constante de parejas, con 14 embarazos en su cuerpo, Tyson creció con esa concepción familiar en su mente. Con el tiempo, su padre perdió la libertad por lesionar a un parroquiano en un incidente callejero; vió morir a su hermanita, con pocos meses de vida, y todo esto lo afectó. "A veces me daba lo mismo apreciar el paisaje más lindo de la naturaleza desde una mecedora o manejar el auto a 200 kilómetros poniendo en riesgo lo poco que tenía. Entonces entendí que repasar mi infancia me lastimaba y me ponía a llorar. No saben lo triste que es ver lagrimear a un gigante. Ahora, me aferro a mi propio logro, mi hogar, y me siento poderoso", expresó Fury, ganador de sus 25 pleitos.

Los campeones ingleses en peso pesado son ocho: Bob Fitzsimons, Lennox Lewis, Frank Bruno, Michael Bentt, Herbie Hide, Dave Haye, Henry Akinwande y Tyson Fury.

Inglaterra, madre del boxeo, volvió a consagrar a un atleta blanco como campeón de los pesados. Acto fallido desde que Bob Fitzsimmons ganara el cinturón en 1897. Sólo el gran Henry Cooper, declarado caballero por la corona británica hace casi medio siglo, se acercó a este momento, cuando animó un par de combates inolvidables con Cassius Clay, en 1963 y 1966.

Los diarios ingleses le dieron a su conquista un lugar preponderante por la jerarquía de la corona obtenida. Nadie hizo foco en el paupérrimo cotejo ni en la posibilidad de un desquite directo –ya firmado– que a pocos podrá cautivar.

"Todo será distinto de ahora en más para Tyson Fury. Los niños lo mirarán como un ejemplo y él debe rendirse ante esto, entregándose a la gente", señalo Lennox Lewis, ex campeón olímpico y mundial, símbolo británico de la máxima división.

El mercado pugilístico incorpora una bonita historia de vida encerrada en un flamante campeón al que costará vaticinarle su destinto y la retención de su corona.

jt

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