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Es recurrente escuchar, con cierta intención poética, que se acaba de ver "un gol de otro partido". Se trata, pues, de una de las más originales metáforas que se utilizan para ilustrar un match mediocre (o peor que eso), en el que las jugadas se disuelven, en general, por la falta de habilidad de los protagonistas, lo que impide acercarse al arco contrario para convertir eso que justifica al fútbol, el gol, aunque en un instante, en una distracción de la modorra general, aparece una jugada o una definición increíble para la medianía de juego que dominó casi todo el encuentro.
La reflexión inmediata induce una pregunta engañosamente sencilla: si el gol es de otro partido, ¿vale igual? Está comprobado que sí; de hecho, el árbitro marca inmediatamente el centro del campo de juego. Somos testigos de ello cada fin de semana.
Ahora bien: de ser esto totalmente cierto, un equipo que ganó 4 a 1 en una fecha anterior y luego cae derrotado por 2 a 1, ¿podría pedir el traslado de dos goles y, finalmente, ganar este encuentro con "dos goles de otro partido"?
Los campeonatos cambiarían por completo, porque los equipos se esforzarían por golear en los encuentros menos exigentes y acumular goles de otros partidos para poder imponerse en esos donde la suerte, la contundencia o el buen accionar del equipo contrario hizo que cayeran derrotados. Entonces, además de goles a favor y goles en contra, la tabla de posiciones debería agregar un nuevo ítem: goles de otro partido.
Pero hay otro punto importantísimo al que atender y que, seguramente, traerá largas discusiones: ¿los goles de otro partido deben valer lo mismo que un gol del partido actual?
Y si el partido termina en un anodino 0 a 0, ¿se podrán utilizar esos goles sobrantes? En este caso, uno podría suponer que se trata de una suerte de remate en el cual, ante el "quién da más", el capitán de cada equipo haría su oferta para vencer al rival y la habilidad estaría, justamente, en hacer una buena inversión (ganar el match sin gastar demasiados goles para que el resto pueda servir en futuros resultados adversos).
De poder instrumentarse esta nueva forma de competencia (cuyo reglamento pronto acercaré a la AFA para que sea estudiado por los dirigentes), tendríamos cuatro campeones locales por año. El Apertura y el Clausura continuarían con su habitual organización, pero con los goles de otro partido podría disputarse, a la misma vez, el Otro Apertura y el Otro Clausura, respectivamente.
En fin, les dejo la inquietud y, como dicen los entendidos, "en el fútbol nunca está dicha la última palabra".

