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Está en Villa Alsina, pero podría ser en cualquier otro punto del país. Transcurre febrero de 2004, pero podría haber sido hace algunos años, o la próxima temporada. Se trata del ganador de la 69ª Doble Bragado, pero podría ser el vencedor de cualquier otra prueba clásica. Sentado a la puerta de su casa, a pocas cuadras del Riachuelo, el que habla es Alejandro González, pero podría ser la historia de sacrificios de cualquier otro pedalista de nuestro país. Porque en la suya, en la del hombre que ganó esa tradicional carrera, se resume buena parte de las dificultades del ciclismo argentino.
"Yo no me creía capaz de ganar; sólo en la contrarreloj me di cuenta de que podía lograrlo. Desde que volví el domingo, me llama todo el mundo; el teléfono no para de sonar. Igual, gané una Bragado, pero no sé si voy a seguir corriendo."
Extraña confesión la de González, este hombre que alcanzó a los 31 años su éxito más alto. Un triunfo como éste podría servir de aliciente, pensaría cualquiera. Pero no para él, al menos.
"Para correr en la Argentina tenés que tener una familia en buena situación económica. Una bicicleta te cuesta US$ 3000, y por ahí necesitás otra para la contrarreloj, que te sale lo mismo", cuenta González, mientras atiende otra llamada. Cuando termina, sigue su lamento: "Estoy en eso: seguir o no seguir. O hacerlo de otra manera. Por ahí, ahora que gané una Bragado aparecen otras ayudas", asegura, pero sin mucho convencimiento.
Cuenta que se defiende corriendo los fines de semana en Lanús o en Lomas de Zamora, "pero no podés vivir con eso". Que por ganar en la Doble Bragado recibió un premio de $ 400. Que se entrena todos los días, entre 150 y 180 kilómetros. Y pone énfasis en agradecerle a Emparedados Factory, el equipo al que representó en esa competencia.
En la habitación contigua, está la familia de González: su padre, Juan José; su madre, Graciela; su hermana, Lorena, y su abuela, Juana. Todos ellos le miman la panza a Cristina, la señora de Alejandro, que tiene un embarazo de siete meses. "Marcos o Melina", dice ella, porque todavía no saben el sexo del bebe.
Mamá Graciela revela que su apodo, Ñoqui, le viene de cuando era adolescente y corría en bici-cross. "Se pegó un palo contra un árbol y por eso le quedó, por el golpazo que se dio." Después también compitió en mountain bike ("ahí ganaba bien") y, en 1998, se inclinó por el ciclismo de ruta ("porque el boom del mountain se había apagado"). Pero siempre sobre dos ruedas.
González cuenta un dato que es revelador: "De los que arrancaron la Doble Bragado (90 competidores), sólo 20 somos los que vivimos de la bicicleta. Pero la mayoría tiene su trabajo y no viven de esto".
El tema de la pronta paternidad también influirá en su decisión. "Voy a tener un hijo y estoy pensando muy bien lo que voy a hacer. Tengo un amigo que tiene una fábrica en Lanús y me parece que tengo que pensar en conseguirme un trabajo."
-¿Tenés esperanza de que esto pueda cambiar?
-Por ahí mañana suena el teléfono, llama un hada madrina, te dice ‘te pago esto y esto’ y sigo corriendo. Hoy, con la cabeza fría, no sé qué voy a hacer. Voy a seguir compitiendo, pero si me sale un trabajo de $ 700, lo tengo que agarrar
-¿Y qué te hace seguir, a pesar de todas las dificultades?
-La bicicleta es como una enfermedad. Vos decís ‘hoy no corro más’, y en un mes te pica el bichito. Y necesitás pedalear. Yo hace cinco años que quiero dejar la bicicleta y no puedo.

