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Nada estaba tranquilo en Vicente López tras el descenso de Platense. Los cuatro minutos de suspensión que dispuso Horacio Elizondo cuando la hinchada local intentó invadir el campo de juego, fueron una señal. Se palpaba, se advertía; caminar al lado de los hinchas calamares, sobre todo de la barra brava, dejaba la sensación de que algo iba a pasar. Un diálogo entre los jefes de la barra sumaba preocupación: "Hay que destrozar a Godoy y a los dirigentes", decía Rico; "No hay ninguno", contestaba Malena; "Sí, están metidos en la cueva", repetía Rico.
Los jugadores de Platense ya se habían ido por el portón que da a la calle Zufriategui; los insultaron, los amenazaron, pero no los agredieron. De pronto, se escuchó un grito desde adentro del estadio: "Están calzados, tienen fierros". La referencia era a cuatro hombres con camperas de cuero negro, que salieron corriendo mientras la barra brava se les fue encima. Allí comenzó todo.
Cuando la hinchada, con Rico y Malena a la cabeza, le propinaba una verdadera golpiza a uno de los cuatro hombres de negro, se escuchó un disparo que provocó la intervención policial; entonces llegaron las balas de goma, los gases lacrimógenos y algún tiro al aire con armas reglamentarias. El descontrol había irrumpido.
"Estos tipos son gorilas de Claudio Ferreño (jefe de prensa de Platense y dirigente político justicialista de Vicente López); son los mismos que utilizan Antonio Cafiero y Raúl Padró en sus campañas. No hay que olvidarse de Batata, a quien usó Menem en La Rural", repetía un descontrolado Miguel Angel Lupi, ex presidente del club.
Una versión aseguró que estos hombres fueron contratados para protejer al plantel y a los dirigentes; otra que pertenecen a un grupo parapolicial y la última que son agentes de la Policía Federal. Un hincha atemorizado dijo: "Uno sacó una placa y dijo que era policía". Lo único concreto es que uno de ellos vive en Avellaneda y que cuando se le preguntó qué hacía en la cancha, contestó: "Sólo vine en apoyo".
En medio del humo insoportable de los gases, un joven levantó sus brazos y mostró una herida en el tórax. Su nombre es Víctor Torres y quedó internado en el hospital de Vicente López. "Es una herida leve de arma blanca", dijo anoche el comisario Ernesto Carrizo, jefe del operativo policial. Sin embargo, en el nosocomio dijeron que su estado era delicado.
Otra hipótesis, que surge de la apariencia de la herida de Torres y de varios testimonios, indica que la lesión la produjo por arma de fuego. De acuerdo con lo que se vio, uno de los cuatro hombres perseguidos habría disparado al bulto en medio de los golpes, mientras los otros tres regresaban al club. Según trascendió, Torres no sería el único herido; habría otro más de bala y dos de arma blanca. Una fuente policial señaló que muchas veces los heridos se escapan antes de que los trasladen al hospital, ya que tienen problemas con la ley.
En tanto, tres policías detuvieron al agresor (más tarde, también fueron apresados sus otros tres compañeros, más dos hinchas) y lo introdujeron en el club por la puerta del buffet. Pero la ira de la barra brava pudo más y, a pesar, de la protección policial, volvieron a golpearlo. Entonces fue detenido otro reconocido hincha, Fortunato, aunque apenas pisó el patrullero fue liberado.
Cuando la barra brava advirtió que los otros tres seguían dentro del estadio, intentó ingresar por la fuerza. Allí comenzó el segundo combate con la policía. Otra vez las balas de goma, las corridas y los golpes. Pasó un efectivo doblegado por los gases; pasó un hincha cortado en su mano derecha -fue atendido en la enfermería del club- que amenazó a las cámaras de televisión; pasaron los caballos de la Montada. Pasó de todo, nadie entendía nada.
Antes de los incidentes, sobresalió otro diálogo, esta vez gracioso, entre Malena y Rico: "Así como te dije que descendíamos, hace 20 partidos, te digo que ahora subimos enseguida".
"¿Sos adivino h... de p...?, decime el número que sale mañana en el Quini, así lo gano", respondió Rico. No se sabe si Malena es futurólogo, pero ayer, no se necesitaban poderes sobrenaturales para pensar que iba a pasar lo que pasó.


