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Hay tres personalidades que conviven en este hombre. Mejor dicho, tres pasiones. Augusto Gómez Romero, de 52 años, es vendedor inmobiliario de campos, referí de polo y, quizás en su faceta más desconocida, pintor. "Quizá lo que une al polo y la pintura es, justamente, la no coincidencia. Son dos aspectos totalmente distintos que conviven en mí a la perfección".
Vestido con su camiseta negra y blanca a rayas, apenas bajado del caballo después de dirigir el cotejo de ayer entre El Paraíso e Indios Chapaleufú II Escue, Gómez Romero cuenta sus sensaciones sobre su función en un partido tan difícil para dirigir. "Ustedes lo vieron. Salió un partido feo, muy cortado por la cantidad de faltas que tuvimos que cobrar. Pero si nosotros, los jueces, no sancionamos, puede salir un partido muy feo como el que se jugó la otra vez en San Jorge por el Abierto de Hurlingham".
Este árbitro es considerado como uno de los mejores en el ambiente, especialmente por los jugadores. Ya tiene ocho finales dirigidas en Palermo y que comenzó con esta función hace 12 años. Sabe que su trabajo puede ir en contra del espectáculo por tener que cortar el juego, pero dice que no existe otra solución. "El partido fue todo pisado por los jugadores, a veces muy cerca del peligro. Lo siento por el espectáculo y por la gente, pero si no cobramos puede haber riesgo y el peligro de que el partido se nos vaya de las manos", confiesa entre seguro de su labor y, a la vez, con una pizca de resignación.
Cuando mañana comience la semana laboral, Gómez Romero olvidará por unos días su traje de árbitro y seguramente se dará una vuelta por la Galería El Socorro, donde desde el 16 del actual se realiza su séptima exposición. La primera fue en 1986, en Palm Beach, Estados Unidos, justamente uno de los centros del polo internacional.
En sus cuadros se ven caballos, pero nunca aparece el polo. "Todo el mundo me dice que pinte sobre el polo, pero ya hay muchas personas que lo hacen. Además, soy un fanático de las tradiciones nuestras, de la vida de campo, del gaucho, y eso se refleja en mis cuadros. Mi trabajo de inmobiliario me permite viajar por todo el país y empaparme en nuestras costumbres, que es lo que reflejo en mis pinturas".
Sus obras son aceptadas por el público: de 17, ya vendió más de la mitad en pocos días.

