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MAR DEL PLATA.- En la era de los Castrillis, un árbitro de rugby aparece como la contracara: perfil bajo, nada de gestos ni de gritos y personalidad más bien tranquila, estimulada por un deporte que, por lo general, no discute los fallos con la locura a que nos acostumbra el fútbol. Profesión curiosa si las hay. Habrá que observar al inglés Ed Morrison, el N1/4 1 del mundo, para adentrarse en los secretos de estos particulares jueces que deciden, muchas veces, los destinos de la pasión rugbística.
La calidez marplatense hace sonreír a Morrison, de 45 años, uno de los árbitros del II Seven Internacional de esta ciudad. Sencillo y locuaz, el hombre que dirigió la final de la Copa del Mundo del ´95 (Sudáfrica venció 15 a 12 a Nueva Zelanda), desparrama optimismo y buen humor permanentemente. "ºEste lugar es hermoso; es muy difícil pensar en el rugby aquí!", exclama.
-¿Qué lo trajo a dirigir en este seven?
-¿Qué me trajo? ¡Esta belleza! (señala el mar). No, le respondo en serio: me invitó la Unión Argentina de Rugby a través de una gestión de Pablo Deluca y Efraín Sklar (actual y ex árbitro argentino, respectivamente) en Australia. Realmente, creo que soy un afortunado por estar aquí.
-La del árbitro es una ocupación curiosa. ¿Cuándo decidió dedicarse a dirigir?
-Bueno, yo jugaba de apertura en Bristol (conjunto de la Liga inglesa) y a los 32 años tuve una seria lesión en la rodilla y debí dejar el rugby. Entonces, me decidí por el arbitraje. No fue fácil: durante mucho tiempo estuve muy triste por no poder jugar. Incluso, aún hoy, me pongo a pensar en que sería lindo estar dentro de la cancha como jugador, me da ganas de hacerlo. Sin embargo me fue bien siendo referí, ¿no? Entonces disfruto mucho con esto.
-Por lo menos, como ex jugador, podrá entender lo que le ocurre a los 30 rugbiers en la cancha...
-Creo que sí. Pero tenga en cuenta que acá lo básico es entender el juego y yo, como jugué mucho tiempo, puedo hacerlo.
-¿Cuáles son los rugbiers más difíciles de dirigir?
-¡Ja! ¡Todos los jugadores son peligrosos! Yo, en general, tuve suerte, toco madera (toca la mesa). Pero tuve algunos problemas una vez con el equipo ruso.
-¿Por qué?
-No sé, supongo que habían tomado demasiada vodka (se ríe). No, en serio, me parece que no querían jugar. Pero el rugby cambió muchísimo, es muy dinámico, los jugadores no tienen tiempo de ponerse a discutir con el árbitro o entre ellos. Si lo hacen, no juegan. ¡Ellos deben jugar, deben jugar!
-¿Qué recuerdo le quedó de la final del último Mundial?
-Creo que soy muy, muy afortunado, porque me tocó vivir un momento único. Fue mucho más que un simple partido: Sudáfrica se estaba unificando. Había causas políticas, sociales, culturales. Y ese momento me tocó a mí, y fue mucho más importante que un partido de rugby. Ese significó el instante más importante de mi carrera.
-¿Ese partido fue duro?
-Sí, muy duro y cerrado. Encima, yo estaba muy cansado y debió jugarse tiempo suplementario.
-¿Quién cree que es el mejor jugador del mundo?
-Mmm..., hoy hay muchos. Pero creo que el neozelandés Christian Cullen..., el australiano John Eales..., son los que más me gustan. Además, Campese, un par de años atrás era un muy, muy bueno. Y este medio-scrum argentino..., eehh...
-¿Pichot?
-¡Pichot!, justo ayer estaba hablando de él. Creo que es un gran jugador.
-¿Podría definirlo?
-Sí, me gusta su personalidad. El juega con una sonrisa, disfruta lo que está haciendo. Es rápido, eléctrico, lleva siempre adelante a los forwards.
-¿Qué opina del equipo inglés actual?
-Pienso que Inglaterra tiene una gran oportunidad de seguir a Nueva Zelanda y a Sudáfrica si sigue jugando como lo hizo frente a los All Blacks, hace un mes, en Twickenham, cuando igualaron 26-26.
-Campese dice que la principal potencia es Nueva Zelanda, luego está Sudáfrica, y que Australia pelea el tercer puesto con Inglaterra. ¿Qué opina?
-Estoy totalmente de acuerdo con Campese. Pero yo agregaría a Francia en esa lucha con nosotros. Pero, ¿sabe qué ocurre? Nueva Zelanda y Sudáfrica están muy lejos del resto.
