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Noventa y cuatro años de gloria", dice un cartel colocado sobre el frente de la sede de Independiente, ubicada en la avenida Mitre 470, en pleno corazón de Avellaneda. Niños que se escapan de las manos de sus padres y que a las corridas rozan fugazmente las vitrinas que encierran todo el orgullo del Rey de Copas. Signos de vida de un club que desde hace 10 años parece desangrarse por dentro.
La denuncia por presuntas irregularidades que pesa sobre los últimos tres gobiernos del club es el diagnóstico del mal que lo aqueja. A causa de intereses personales y de errores de conducción, Independiente parece seguir los pasos de su vecino y clásico rival, Racing.
Apenas asumió Horacio Sande -fue en 1991 y recibió un pasivo de 1.300.000 dólares-, las controversias se generaron una tras otra. Uno de los escándalos más recordados fue la desaparición de US$ 73.387,83 de las ganancias generadas por la venta del pase de Alfaro Moreno al Real Sociedad, de España, denunciada por el tesorero renunciante Julio César Santuccione.
Hasta Ricardo Bochini, una de las glorias que tienen los simpatizantes Rojos, fue víctima de los manejos poco claros. En su partido despedida, realizado en 1991, el estadio de la Doble Visera estuvo lleno, pero el dinero recaudado apenas alcanzó para cubrir la deuda que se mantenía con él de US$ 160.000. Aquella noche, los controles del club sembraron la duda con respecto a la recaudación y la versión dada por Sande fue que "se colaron 20.000 personas".
En 1994 comienza el mandato de Jorge Bottaro y hereda un pasivo de 6.198.515,15 dólares. Uno de sus vicepresidentes fue Héctor Grondona, quien se puso al frente del fútbol profesional y llevó a Miguel Angel Brindisi como técnico (en reemplazo de Pedro Marchetta). Tras conseguir el Clausura ´94, la Supercopa ´94 y la Recopa Ô95, la comisión directiva se dividió y Brindisi renunció; un alejamiento que nunca quedó aclarado.
Grondona tenía todo acordado para traer a Marcelo Bielsa, pero Bottaro optó por Miguel Angel López, y entonces dejó su cargo en el fútbol. Se desarmó el plantel campeón (Gustavo López, Rambert y Usuriaga) y se compró jugadores por un valor elevado que nunca rindieron (Dorta, Alvez y Carranza). El período de Bottaro dejó un pasivo total de US$ 19.331.035,78.
Grondona fue elegido presidente y de entrada adujo que recibió un montón de deudas y adelantó que el pasivo venidero sería alarmante, argumento que generó el fuego cruzado con su antecesor. En definitiva, el balance siguiente fue el más alto de la historia de la entidad de Avellaneda: US$ 27.784.189, 80.
Menotti decide irse a Sampdoria y Grondona apostó sus fichas por Ricardo Gareca. En ese momento se adquirió a Mancuso, Rojas y Reggi, pero los resultados no fueron los esperados y eso repercutió en la economía. Un punto negro significó la compra de Christian Gómez; en Chicago dicen que fue por 200.000 dólares, mientras que en Avellaneda sostienen que compraron el 50 por ciento del pase en 600.000 dólares.
Pese a que en lo futbolístico no logró buenos resultados, Grondona consiguió reducir el déficit. El último pasivo fue de 24.600.000 dólares y se especula que, tras cancelar la deuda con los jugadores, esa cifra se reduciría a los 17 millones.
Estas fueron algunas de las situaciones y los números que en la última década derrumbaron el esfuerzo brindado por hombres que, en otros tiempos, forjaron con sus manos las bases de un club que hasta hace un tiempo, con títulos y administraciones ejemplares, se jactaba de ser el orgullo nacional.



