Una final de potrero en pleno Maracaná

Marcelo Gantman
Marcelo Gantman PARA LA NACION
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13 de julio de 2014  • 23:00

RIO DE JANEIRO.- Perder una final no es perderlo todo. El seleccionado encontró en ese gol , con parada de pecho, de Mario Goetze, el final de un camino luego de haber abrazado una idea de juego durante la parte caliente del Mundial . El equipo, como en cuartos y en semifinales, se defendió bien y atacó cuando pudo. Lo que pasa es que a diferencia de otros partidos tuvo muchas. Alemania monopolizaba el juego en el comienzo y la Argentina ya había tenido tres oportunidades con Higuaín , una escapada de Messi y un remate de Biglia , algo defectuoso.

Es difícil de comprender, pero el equipo de Sabella perdió hoy como había ganado, o avanzado, en partidos anteriores. Desde que se propuso moverse en torno a una solidez defensiva que se hizo evidente y que fue la marca que terminó de distinguir al equipo. Pero también es cierto que se fue alejando del gol en esa concepción a veces pendular que tiene el fútbol. La falta de poder de fuego no se juzga solamente por las situaciones generadas, sino también por cómo se las utilizó. Messi y Palacio no pudieron definir bien y ahí se esfumaron las chances.

La eficacia ofensiva, por ausencia, contrastó con la eficacia defensiva. Argentina no pudo con Alemania, un rival que sostiene su estilo de juego sin desmayo. A veces es difícil distinguir quienes defienden y quienes atacan en el equipo alemán. Con su presión siempre alta, las rotaciones de Schweinsteiger, el ida y vuelta de Kroos, las subidas de Lahm y la habilidad de Mueller. Son algunas de las virtudes, que empiezan desde el arco con un arquero como Neuer que saca con las manos (corto y largo) y juega con los pies.

La final fue buena. Resulta casi inapropiado evaluar como fue un espectáculo en este momento. Pero en una cancha embarrada, de tránsito complicado y de muchos resbalones, Argentina y Alemania hicieron un partido de potrero en el Maracaná. De pierna fuerte, a veces al límite, de cruces duros y reproches cara a cara. Alemania se queda con la imagen del volumen de juego y la Argentina con el equipo de fuerte personalidad, difícil de tumbar. Argentina jugó los siete partidos y llevó lejos su idea. Hasta que Goetze la paró de pecho y la metió en el arco de Romero . Un gol a la Argentina. Hasta fue raro verlo. Ojalá la Argentina vuelva a defenderse como lo hizo en este Mundial. Y que el arco de enfrente no se convierta en un paisaje ocasional.

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