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GUADALAJARA.- Al Comité Olímpico Argentino se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja cuando se aprobó el regreso de pelota a los Juegos Panamericanos. El equipo nacional simboliza una mina de oro, porque siendo totalmente realista puede aspirar hasta cinco medallas doradas. La ecuación le cierra por todos lados al COA, ya que el éxito global en esta disciplina puede repercutir en el salto de la Argentina al séptimo o sexto puesto del medallero final. Allí radica la ilusión, luego de que este deporte, en sus distintas modalidades, estuviera ausente en la cita de Río de Janeiro 2007.
Los muchachos de pelota están alojados en el piso 20 de un penthouse contiguo a la Villa Panamericana. Disponen de una vista majestuosa de toda la Zona de El Bajío y esa panorámica también les marca un horizonte lleno de expectativas. Ayer, la pertinaz lluvia que trajo el huracán Jova desde Puerto Vallarta colaboró para que se extendieran las horas de truco en sus habitaciones. "Lo único que hacemos es comer", bromean.
En frontón goma, que se juega en una cancha de 30 metros de largo, participarán Javier Nicosia y Fernando Ergueta. En frontenis -se practica con una pelota más grande de goma, raqueta de tenis y un encordado especial- lucharán Alexis Clementín y Maximiliano Alberdi. En trinquete goma, que se desarrolla en una cancha cerrada, aparecen Facundo Andreasen y Gabriel Villegas. En ese mismo escenario, pero en la especialidad de cuero, cuyo juego es muchísimo más rápido y peligroso y se requiere de cascos, están Jorge Villegas y Cristian Algarbe. En frontón 36 metros intervendrán Luciano Callarelli y Carlos Dorato. El plantel de 18 atletas, que incluye a cuatro chicas, flota con la confianza de medallas que están al alcance, aunque nadie se relaja.
Particular mundo el de pelota, disciplina que a principios del siglo XX aportó para marcar el pulso del deporte argentino con la multiplicación de frontones por todo el país. Para estos jugadores no hay nada más trascendente que estos Juegos Panamericanos, porque si bien defienden los colores de la Argentina en los Mundiales, no es la misma trascendencia deportiva y, sobre todo, mediática. Más allá de que algunos llevan adelante pequeños comercios, su fuente principal de ingresos es la participación en exhibiciones, en las que representan a provincias, clubes o pequeños pueblos. Jorge Villegas explica: "Esas exhibiciones te hacen jugar serio y concentrado, porque asumís una responsabilidad. Aquí, en los Panamericanos, es algo que sentís más desde el alma y el corazón; entonces dejás todo en la cancha. Representar a la selección es lo máximo, va más allá de ser un jugador pago".
Por una exhibición, un jugador puede cobrar entre 1200 y 1400 pesos por partido más los viáticos. Pero también están admitidos las apuestas y los desafíos personales, tal como ocurre en clubes de la Capital y en varios puntos del país. En algunos casos se juega por cifras enormes, que a veces trepan hasta los 100.000 pesos por partido o una suma equivalente a dos autos. Sobre los pelotaris sobrevuelan representantes millonarios extranjeros que los apadrinan, varios de ellos franceses; son una suerte de mecenas que no se inquietan demasiado si dilapidan un dineral, hasta forma parte de la liturgia de este micromundo. En algún sentido se compara con el casino, con la diferencia de que el margen de acierto es mucho mayor porque se conocen al dedillo las condiciones técnicas, mentales y físicas de cada jugador.
La otra parte del folklore se da con el handicap que se le otorga al adversario, una práctica que todos los integrantes de este seleccionado ensayaron alguna vez. Cuenta el entrenador Guillermo Filippo: "La pelota debe de ser el único deporte del mundo en el que el N° 1 puede jugar con una persona que recién empieza. Se los llama jugar maniados , como si se quitaran una extremidad". Las ventajas que se dan son de las más insólitas: la más común es perfilarse de diestro a zurdo, pero también hay pelotaris que se atan las manos, cambian la paleta y golpean con una botella de gaseosa, de champagne o aquellas cuadradas de whisky; incluso dejan de lado el trinquete y embolsan la pelota con una gorra. Un espectáculo aparte -que se da en las exhibiciones- es jugar con un banquito de madera. ¿Cómo es esto? Al momento de pegar están obligados a sentarse en el banco, y así frenéticamente durante 40 minutos ante jugadores de segunda o tercera categoría.
La única preocupación hoy para este seleccionado es que todavía no están terminados los escenarios en los que competirán. Incluso fue imposible utilizar uno de ellos, descubierto, debido a la constante lluvia. "Estamos entrenándonos en el gimnasio. Es incómodo. No nos agrada en lo más mínimo y tenemos una desventaja deportiva. Venimos excelentemente preparados y esto es un freno como para llegar en óptimas condiciones", admitió Filippo, medallista de oro en los Panamericanos de Santo Domingo 2003, en la modalidad de pelota cuero frontón. "Somos muy realistas y a la vez muy positivos. Estamos convencidos de que podemos traernos varias medallas doradas", suelta Jorge Villegas, desde ese búnker de donde pueden llegar alegrías en cantidad para la Argentina.
NUNCA PUDO SER OLÍMPICO
La pelota nunca logró ser un deporte olímpico; sólo se convirtió en una disciplina de exhibición en los Juegos de Barcelona 1992. El problema es que no reúne todos los requisitos; en especial, no se juega en todos los continentes.



