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La mejor noticia que recibieron los jugadores de rugby lesionados fue el video que grabó Federico Bocelli desde la clínica Fleni Escobar, donde se rehabilita. En el video, el pilar de 17 años que se lastimó el 22 de octubre pasado, logra ponerse de pie y sonríe a la cámara.
Este joven cordobés y ex jugador de Tala Rugby Club forma parte de los 35 jugadores que en el último medio siglo sufrieron una lesión que les provocó una discapacidad grave. La mayoría sigue ligado al rugby y hasta comparte un grupo de WhatsApp. La principal preocupación actual es la evolución de los últimos tres lesionados.
El pilar del SIC Jerónimo Bello, de 23 años, está internado en Remeo, en Pilar. Se lesionó el 17 de septiembre, quedó cuadripléjico y está con respirador artificial. Lo acompañan sus hermanos y padres, de San Isidro y muy creyentes. Su papá es vocal de la Unión Argentina de Rugby. Ignacio Maeder, segunda línea de Duendes de Rosario, de 23 años, lesionado el 3 de septiembre, también eligió las redes sociales para contar cómo viene su recuperación. El 9 de noviembre, Ignacio, que está cuadripléjico, le dictó a un familiar lo que quería publicar en su muro: “Hola a todos! Gente linda! Les cuento que estoy en el CIAREC rehabilitándome y queda en Villa Urquiza. Todos los que quieran visitarme son bienvenidos. Les mando un abrazo grande y los espero. Que Dios los bendiga!”.
Juan Gastaldi, pilar del CASI lesionado el 29 de agosto de 2015, está acostumbrado a hablar de lo que le pasó. Usa una silla de ruedas y cuenta con naturalidad que hace una vida normal, que la única diferencia es que en lugar de levantarse, a la mañana lo levantan. No lo dice con dramatismo, lo asegura para ejemplificar que lo ayuda “tener actitud”. Tiene 21 años, retomó Economía Empresarial en la Universidad Di Tella, vive en Acassuso y tiene tres hermanos. El más chico, de 18 años, juega en el CASI. Lo va a ver seguido y dice que no le da miedo que juegue. “Viviría perseguido”, afirma, y asegura que al rugby no le reclama nada.
El de Alexis Padovani, ex pilar del CASI, es un caso emblemático. Cumplió 39 años y se lesionó en un scrum a los 20 en un partido a beneficio de otros lesionados. Alexis se incorporó al equipo de rehabilitación de Fleni. “Trabajo en estrategias de manejo de sillas de ruedas”, cuenta Alexis, que coordina el Comité de Seguridad que la UAR creó para prevenir nuevas lesiones.
La inexistencia de rencores hacia el deporte es un denominador común en casi todos los jugadores lesionados. Ignacio Rizzi, lesionado en Francia en 1992 y presidente de la FUAR, la fundación de la UAR que ayuda a los lesionados, trata de ensayar una respuesta pero no lo logra y en su lugar hace correr videos institucionales en los que jugadores cuadripléjicos cuentan cómo enfrentaron la situación. Fernando Colombo, de 47 años, narra que sufrió “un accidente” en 1986 en un tackle y tuvo que elegir entre luchar o quedarse “quieto para siempre”.
“Elegí lo primero. Soy abogado, juego al rugby en silla de ruedas y disfruto de vivir”, señala Colombo. Manolo Arce, de 50, cuenta que en el 85 un scrum le hizo dejar lo único que le importaba en la vida, jugar al rugby, pero luego asegura que hoy es periodista, artista plástico y entrenador de rugby.
Cuando en 1993 sufrió el desplazamiento de dos vértebras en un scrum, Luis Benítez tenía 18 años. Jugaba para Cardenal Stepinac. A diferencia de otros lesionados sufrió un pellizco de la médula y, aunque con dificultades, camina. “Si yo me recuperaba 100% del accidente, volvía a jugar”, jura Luis en el libro Fuera de Juego.
Un caso paradigmático es el de Guillermo Bustamante, jugador de Taborin de Córdoba, lesionado en 1994. En una carta que publicó en las redes sociales en 2014, cuenta que el día que se lastimó tenía 17 años y jugaba de tercera línea. Pero como faltaban jugadores, alguien preguntó: ¿Quién quiere jugar de hooker? Él se ofreció. En el segundo scrum se lesionó la médula. “Yo nunca debí jugar como hooker. El reglamento prohíbe que este puesto sea ocupado por alguien no entrenado para la posición. Yo nunca debí formar parte de ese scrum que cambiaría para siempre mi vida”, narra. Inició un juicio y la Corte Suprema de la Nación responsabilizó al árbitro, al club, a la Unión Cordobesa de Rugby y a la UAR por la lesión que lo dejó en silla de ruedas. Cobró una indemnización y es uno de los pocos, quizás el único, que cuestionó al mundo del rugby: “Hace 20 años espero una mirada sincera, expresando 'perdón Guillermo, esto nunca debió haber sucedido'”.

