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SANTA FE.- Unión pulverizó la historia de los clásicos de la última década. Volvió a sentir el sabor de la victoria como aquella última, del 19 de julio de 1989 (1-0, que le permitió el ascenso a primera). Le ganó a la lógica y a las estadísticas. Con el 2 a 0 de ayer, también lo dejó a Colón sin invicto.
Unión fue simple y eficaz; Colón, confuso e intrascendente. Pero esa asimetría no fue casual, sino provocada por unos y otros. En el vencedor, por su disciplina táctica bien concebida; en el perdedor, por una extraña falta de respuesta, tanto futbolística como anímica.
Unión era el "punto" de este cotejo. El precedente de las tres derrotas consecutivas no daba demasiado margen al técnico ni al plantel. Por eso, primero se preparó para no perder y cambió a tiempo. Juan José López dejó en el banco al símbolo de Unión -Darío Cabrol- para cumplir su primer objetivo: que Colón no jugara.
Escalonó los volantes defensivos sobre los hombres rojinegros que marcan el ritmo del equipo, y cerró los laterales con el despliegue de Trullet y de Domizzi. Además, le alcanzó para incursionar en el área rival.
Colón se fue asfixiando con esa marcación rígida que le quitó espacios y lo obligó al error. Pero también perdió presencia en el ataque. Claudio Marini no logró conducir; Gastón Córdoba trasladó sin profundidad y, sin un hombre de área y sin lanzadores, poco pudieron complicar los delanteros. Así, el local se fue al descanso tranquilo; Colón, confundido.
Después, la historia comenzó a escribirse en rojiblanco. Enseguida, Cárdenas llegó tarde a un cierre y se fue expulsado. Por un instante el temor invadió a los tatengues. Fue el momento para que apareciera Colón. Sin embargo, desde el banco nadie arriesgó: se retiró un volante (Toresani) e ingreso Rodolfo Aquino.
La definición del clásico se gestó con el acierto de Domizzi, primero, y Trullet después, en el gol. Iban 14 minutos y Colón no reaccionaba. Peor aún: nunca reaccionó. Menos después de que Jayo, la figura del cotejo, aprovechó el cansino despliegue de Aquino para que Silvera -autor del segundo- cumpliera su misión de devolverle a Unión la alegría que hacía diez años había perdido frente a su tradicional adversario.
Colón, el que era "banca", se desdibujó por completo. El gran mérito fue de Unión, que buscó y logró cambiar la historia.


