Verón redondeó su gran noche con lujos y dos goles

El volante de Lazio brilló en su rol de conductor y se ganó la ovación del público.
El volante de Lazio brilló en su rol de conductor y se ganó la ovación del público.
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30 de marzo de 2000  

Comenzaba a desconfiarse de su pegada. Empezabaa dudarse de ese dinamismo que había seducido en Estudiantes, Boca y el fútbol italiano. Juan Sebastián Verón -de él se trata- llegaba con la responsabilidad de demostrar que la posición de conductor le queda mejor que a nadie en este proceso-Bielsa. Y anoche consiguió levantarse e inflar el pecho. Diez puntos jugó Verón, que asistió corrió, marcó y anotó, todo en un mismo paquete..., en sólo 90 minutos.

Si hasta hizo añicos ese fantasma de los penales desperdiciados que perseguía al seleccionado nacional. Habían sido cinco penales que no habían encontrado destino de red, pero la Bruja despojó al equipo de ese estigma.

El día anterior a su convocatoria, el volante de Lazio había brillado en el clásico con Roma, por la Liga italiana, en el que se coronó con un gol. Un aire de optimismo lo envolvió a Bielsa, entonces, que no dudó en darle las riendas del equipo. No caben dudas, desde luego de que con la actuación de anoche, inició una escalada para llegar a su nivel de esplendor.

Un conductor. Verón le hizo honor a ese mote en el Monumental, y en la competencia por ponerse la casaca de figura excluyente superó a las mil y una gambetas de Ariel Ortega y a los incisivos adelantamientos de Javier Zanetti en los últimos metros.

Fue el cerebro del equipo, y manejó los tiempos. Es decir, cuando él aceleró también lo hicieron sus compañeros; cuando él puso el freno, los otros diez albicelestes le pusieron un hielo al ritmo del match.

Frialdad para el gol. El primer gol de la Bruja llegó en un momento superoportuno, por el rumbo que había tomado el partido con el transitorio empate chileno. Con el plus de una definición fría, después de tantos zapatazos y rebotes, tuvo la inteligencia y la justeza para hacer pasar la pelota entre un enmarañado de piernas y ubicarla al lado del palo izquierdo del dubitativo Ramírez.

Posición estratégica. Verón se situó como un número cinco adelantado, con la ventaja de tener salido por ambos costados y un panorama de privilegio para construir las acciones ofensivas.

Levantó la bandera de la solidaridad y corrió cada pelota como si fuera la última, presión que le sirvió para quitar algunos balones.

Con la gente en el bolsillo. La Bruja encendió al público con sus pisadas y le discutió los aplausos y los oles al Burrito Ortega, en el rubro lujos. No se excedió en los pelotazos, esta vez. Gracias a ello pudo vérselo en una faceta que no había exhibido en las últimas oportunidades en las que vistió la camiseta argentina. Por eso, en el primer tiempo tuvo dos encuentros de toques cortos con Ortega, que levantaron a los cuatro costados del estadio Monumental.

Su relación con la gente también sufrió un cambio alentador. Los correctos aplausos del comienzo, cuando los altoparlantes amplificaron su apellido, se transformaron en ovaciones cada vez que se aprestaba a ejecutar un tiro de esquina.

De pocas palabras. Su preferencia por no hablar con la prensa argentina no varió a pesar de su actuación. Sin embargo, Verón tuvo la deferencia de cruzar unas pocas palabras con el ex futbolista Fernando Moner, que trabaja como periodista para un medio de Japón. "Esto recién comienza; faltan 17 partidos y resulta prematuro hablar sobre la clasificación argentina al Mundial", dijo la Bruja.

Fue "el partido" para este Juan Sebastián Verón-conductor. Lo necesitaba más que nadie para despejar la nube de dudas que se habían posado sobre su figura. Llegó con el envión de buen fútbol que mostró en su última aparición italiana. Le duró, parece. La Bruja ahuyentó los fantasmas, vaya paradoja. El volante de conductor argentino quedó bien en sus manos.

El récord del Bati

No fue un gol más el de anoche para Gabriel Batistuta. Con el soberbio tiro libre que rompió el cero del marcador, el delantero de Fiorentina se transformó, con 9 goles, en el máximo anotador argentino en el historial de las eliminatorias sudamericanas y dejó atrás a Omar Oreste Corbatta, que sumó 8 goles.

Además, Batistuta -también máximo artillero del seleccionado argentino, con 51 goles- mantiene una racha. Marcó en el debut de las eliminatorias para EE. UU. 1994 (1-0 a Perú, en Lima), en la apertura del camino hacia Francia 98 (3-1 a Bolivia, en el Monumental) y, por supuesto, también anoche.

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