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LAHTI.- La historia se encargó de reunir sus historias en esta gira europea de la selección en Portugal y Finlandia: Gabriel Arrroyo (34) y Diego Bonini (32) son los más experimentados en un equipo nacional que cuenta con un promedio de edad apenas superior a 23 años y supone el futuro de este deporte, luego de la renovación comenzada el año pasado antes del Mundial de Italia.
Se trata de una historia de regresos, de nostalgias compartidas por los colores celeste y blanco, de volver a creer en las propias virtudes y disfrutar sensaciones que podrán o no extenderse en el tiempo, pero que se viven de forma muy distinta a las citaciones en otra edad de la vida.
Gabriel Arroyo, central de Bolívar, fue uno de los que tuvo que dar el paso al costado luego de la última Liga Mundial para abrir el paso a la juventud que pedía su oportunidad. Sin embargo, Javier Weber habló con él antes del inicio de esta temporada, tras la lesión de Martín Blanco Costa, y así se sumó Arroyo a este nuevo proceso: su estreno en esta Liga Mundial fue en Povoa de Varzim ante Portugal con 15 puntos y siendo el máximo anotador del equipo.
"Estoy muy contento de volver a estar luego de lo que pasamos el año pasado. Es una oportunidad nueva y estoy disfrutándola porque puede ser lo último", señala a canchallena.com el fanático de Vélez que sufrió en la madrugada de Portugal la eliminación de la Copa Libertadores pero espera tener revancha en el Clausura.

Por su parte, el otro regreso de esta delegación es el del trotamundos Diego Bonini, que el capricho del destino quiso que dentro del itinerario de su vuelta esté Finlandia, país donde jugó y vivió en las temporadas 2000/01. Luego de su última experiencia en la selección en 2005, el opuesto tuvo una gran temporada en Boca y el cuerpo técnico de la selección lo convocó en el plantel para afrontar este ciclo olímpico hacia Londres. Con experiencias y vivencias en el voleibol de España, República Checa, Chipre y Rumania, la más exótica sin dudas es Finlandia. Aquí regresó para disputar mañana y el sábado la doble jornada en la tercera semana de competencia de la Liga Mundial.
"Estoy muy contento y queriendo aprovechar la oportunidad que tengo porque estas cosas no se dan así nomás en la vida", expresa Godzila o El Increíble Hulk , como lo rebautizó este grupo que lo tiene como el principal abanderado del trabajo en el gimnasio con las pesas.
Con una coincidencia absoluta ambos hablan de aportar "desde su lugar" lo mejor al grupo y colaborar "en lo que puedan" con el equipo y el cuerpo técnico, pero su lugar de experimentados tiene un rol fundamental a la hora de guiar a los más jóvenes.
"Tratamos de encaminar a los chicos en algunas cosas: son jóvenes respetuosos y profesionales que a veces escuchan y otras veces no", dispara Arroyo con su característico humor. Bonini, por su parte, prefiere resaltar la buena recepción que tuvo en este grupo: "Si bien soy uno de los veteranos me abrieron las puertas todos y uno intenta sumar en un equipo que está abierto a escuchar y no hay ninguno que se crea estrella".
Las palabras dejan lugar a la noche, que no es tal, y en el regreso desde el Iska Areena al hotel Sokos, las pocas personas visibles en las calles de Lahti aprovechan el sol de las 21.30, ese que los abandonará en otoño e invierno y los obligará a lidiar con temperaturas de hasta 35 grados bajo cero. En este dantesco escenario finlandés Gabriel Arroyo y Diego Bonini siguen en la preparación para dos nuevas páginas de voleibol en su carrera con la selección que, sin embargo, tienen ese gusto especial de escribir cada una como si fuera la última.

