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SOFIA, Bulgaria.- Juegos Panamericanos de 1995. Con sólo cuatro años, vagabundea por las gradas del estadio Polideportivo Islas Malvinas, en Mar del Plata. Lejos, en el banco de suplentes del equipo de voleibol, está su padre, Daniel. Poco le importa a ese chico que su viejo es un deportista famoso y exitoso en su país. Seguramente, ni se imaginaba lo que su padre había conseguido en Seúl 88, cuando la selección de voleibol ganó la medalla de bronce, ni cuando fueron terceros en el Mundial de 1982. Es más, hubiese preferido que su padre fuese un oficinista, que no lo alejase de la casa. Encima, cuando ya empezó a ser menos niño y más hombre, la pregunta era constante: "¿Y? ¿Vos también jugás al voley?. Y yo quizás por hacer la contra no quería jugar", cuenta.
En ese camino, un entrenador de las inferiores del SIC, que le negó su ingreso a las divisiones infantiles, le lanzó una frase providencial: "No, lo tuyo no es esto. Sos muy flaco, no te va a dar el físico". Estaba con su padre Daniel, quien salió furioso, masticando bronca: "Mi viejo lo quería matar. No le dijo nada pero se fue re caliente", recuerda Iván.
Razones sobraban para que ni se le acerque a una pelota. Probó con todo: tenis, fútbol, rugby ¿Pero qué hacer cuando todo indica que el destino es uno solo? Iván Castellani, entonces, que tanto buscó, se zambulló al mundo del voleibol. Empezó arañando los 15 años, algo bastante inusual para un atleta de élite. "Después me di cuenta que está buenísimo y que me encanta", dice Castallani. A los tres años empezó a recolectar medallas: primero ganó el Sudamericano de menores (ante Brasil, en 2008), después fue medalla de bronce en el Mundial de la misma categoría, en Italia, y el año pasado, en el Mundial de juveniles de Brasil, fue parte de la selección que perdió en una ajustadísima final ante Rusia. Ahora, en 2012, sueña con estar en los Juegos Olímpicos de Londres. El entrenador Javier Weber ya sabe quiénes serán los siete titulares (Luciano De Cecco, Rodrigo Quiroga, Facundo Conte, Federico Pereyra, Pablo Crer, Sebastián Solé y Alexis González). Después de este último weekend de la Liga Mundial, dará la lista definitiva e Iván podría formar parte de ella. Hizo un trabajo especial de cuatro meses durante el verano, en el que dejó de jugar en la Liga y se entrenó junto a Weber.
-¿Cómo fueron esos meses de preparación?
-La idea era parar en el verano para darle al trabajo físico de pesas y subir de peso (aumentó unos dos o tres kilos), que quizás jugando la liga no se puede hacer. Fueron cuatro meses corridos. Además, hice un laburo técnico de ataque con Javier.
-¿Estás ilusionado con viajar a los Juegos Olímpicos?
-Quiero ganarme un lugar en Londres. Tengo mucha energía. Sé que hay muchas cosas que todavía tengo que mejorar, y que seguramente las vaya puliendo en esta Liga.
-La gran mayoría de ustedes se conocen desde las selecciones de menores y juveniles ¿Cuánto suma al grupo? - Además de estar entrenando siempre juntos, afuera de la cancha también nos juntamos. Salimos a comer entre todos. No sé si da tanto. Eso une muchísimo al grupo. Nos conocemos todos. Esto básicamente son dos camadas: la del 87, que es la de Rodrigo (Quiroga), y la de Facundo (Conte, 1991). Gaby (Arroyo) y Alexis (González) son un poco los más grandes. Y Seba (Solé) y yo, somos los más chicos. Vienen juntas esas dos camadas hace unos seis años.
-¿Y hablás con tu viejo de voley?
-Yo le pregunto mucho. Sabe un montón. Es un gran técnico. Conoce mucho de experiencias humanas. Por ahí, a veces al sector femenino le cansa un poco (se ríe)…Estamos todo el tiempo hablando de voley.
Algo que jamás se hubiese imaginado aquel Iván que fue a preguntarle al entrenador de rugby si podía sumarse a su equipo.


