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Resolver enigmas es una de las actividades que más me apasionan. Después del deporte, claro. Sin embargo, debo reconocer que cuando me embarqué en el concepto que se analizará hoy estuve a punto de renunciar a ese placer. El tema en cuestión es el "volumen de juego". Escuchar frases del tipo "el equipo tuvo un gran volumen de juego" me produce tal parálisis en el ánimo que deseo despertar en los tiempos en los que el hombre ni siquiera había descubierto el lenguaje. Como sabrán, aún no existe forma de viajar en el tiempo, así que me tranquilizo y trato de concentrarme en mi tarea.
Hablar de volumen es hacer referencia directa a una cierta magnitud física o, si hablamos de sonido, de la intensidad del mismo, por eso surgen tantos interrogantes. ¿Qué quiere significar "volumen de juego" en el fútbol? ¿Que son once gordos? ¿Que son once gritones? ¿Que juntos se convierten en una masa humana difícil de ser atravesada por un jugador hábil o veloz? ¿Que provocan una sordera parcial en el equipo rival y por lo tanto los jugadores no pueden escuchar las órdenes del técnico, las decisiones del árbitro ni los insultos de la tribuna? ¿El volumen de juego de los pigmeos es por lo tanto inferior al de un equipo de Primera D? Pero hay una pregunta todavía más profunda: ¿es bueno tener un gran volumen de juego?
De ser así, los técnicos deberán pensar seriamente en cambios tácticos que consigan subir la masa o potencia de juego. Está demostrado que aquellos que tienen un volumen de juego superior son los que consiguen mejores resultados y, por consiguiente, están en óptimas condiciones para obtener el título. Resulta obvio, entonces, que deben quedar relegados del plantel (al menos del titular) aquellos jugadores menudos o tímidos, aunque, de todas maneras, decisiones de esta índole tampoco garantizan un buen resultado.
Un amigo físico me explica que siempre depende del punto desde el cual se lo analice: "Por ejemplo, un átomo, para las dimensiones humanas, parece insignificante; de hecho, ni siquiera lo vemos, pero en su propia dimensión un átomo se parece a todo un universo".
Lamentablemente, la física no ayuda a entender de fútbol, así que me puse a hablar con el verdulero de mi barrio y él me aclaró todo eso que la ciencia no pudo hacer, salvo crear nuevos interrogantes. Sin vueltas, y mientras pesaba unas mandarinas, contestó: "Quiere decir que juegan bien, y que el otro no la ve".

