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Aeroparque Jorge Newbery. Son las 20.54 del 31 de agosto de 1999. Un Boeing 737 de LAPA (vuelo N° 3142) está listo para volar hacia Córdoba. Comienza a carretear y al alcanzar los 250 km/h levanta su trompa, que se desploma desde un metro y medio. Sin control, atraviesa las rejas de la aeroestación, deja sus huellas en la avenida Rafael Obligado, destroza el murallón de la Costanera Norte, choca contra una grúa y, tras impactar contra un talud del terreno de práctica de golf de Punta Carrasco, se detiene y explota. Son las 21.06. Mueren 67 personas.
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Todo cambió a partir de esa horrorosa noche para el cordobés Eduardo García Velasco, de 28 años, uno de los referentes del seleccionado argentino de windsurf y sobreviviente de la mayor tragedia aérea de nuestro país. "Viajaba con mi hermano Jorge (30; subcampeón del Mundial de windsurf que en 1990 se organizó en nuestro país, precisamente frente a Punta Carrasco). Habíamos ido a Buenos Aires a ver la colección de verano de unas marcas de ropa para nuestro negocio. Quería volver antes para entrenarme, pero nos quedamos y afortunadamente nos salvamos, porque podría haber sido al revés", recuerda García Velasco, que empezó a navegar en febrero de 1982, en Villa Carlos Paz.
¿Qué sentirá una persona que estuvo tan cerca de perder su vida y presenció cómo otras, que minutos antes sonreían a un par de asientos del suyo, perecían entre las llamas? "Quedás muy shockeado. Nada parece tener sentido después de eso. No le das importancia a nada. Yo iba al gimnasio y no podía entrenarme como quería. A los 15 o 20 días intenté empezar a practicar, pero me enfermé. Me explicaron que es una carga de stress tan grande que no soportás nada que sea exigente, ni mental ni físicamente. Todas las defensas del organismo se reducen y te pasan muchas cosas por la cabeza: culpa, tristeza... sensaciones raras. Además, sentís mucha bronca de que haya muerto tanta gente al pe..., por errores del piloto o por la ubicación de la pista." El contador público García Velasco tampoco se olvidará jamás de la falta de sentido común de las autoridades de la línea aérea involucrada. "Después de lo que nos pasó, encima tener que escuchar al presidente de LAPA diciendo que no podía cambiar los aviones porque tenía que pagar el impuesto docente. Se les está riendo en la cara a las 70 familias que perdieron a su gente. Eso te duele mucho. El trato fue lamentable conmigo y con los que conozco. Nosotros nos quedamos dos días en Buenos Aires y nos llamaron de todos los medios. Ellos también podrían habernos llamado, pero nunca nadie se comunicó para saber si nos hacía falta algo, cómo nos íbamos a volver a Córdoba... Lo único que recibimos, a las dos semanas, fue una nota en la que nos ofrecían un dinero a cuenta de gastos, pero contactarse personalmente, nadie. Eso fue más lamentable que lo otro. Nunca más volaré por LAPA, no por el accidente, que le puede pasar a cualquiera, sino por el trato que recibimos."
Para el Bata (su padre lo apodó Batatón cuando era pequeño, "porque siempre fui un tronco para el fútbol"), el deporte dejó de ocupar un sitio privilegiado luego del traumático accidente. "Siempre me gustó andar bien, pero ahora me doy cuenta de que existen cosas más graves por las que debo preocuparme. En cuanto al aspecto deportivo, eso es malo, porque es mejor ser frío y pensar que la próxima regata será la última. Correr a muerte, más allá de la expresión, obviamente", aclara quien obtuvo la medalla de bronce en el Mundial de la Clase Mistral de Haifa 96 (Israel), certamen tras el cual debió afrontar otro difícil escollo: se cayó de su bicicleta mientras se entrenaba, lesión que estuvo a punto de marginarlo del selectivo olímpico nacional de ese mismo año.
Pero García Velasco se recuperó, incluso de las heridas que le causaron las actitudes de sus principales oponentes en la carrera hacia los Juegos. "Tuve que estar inactivo durante 25 días y no sabía si se iban a modificar las fechas. A mí me parecía justo, pero los chicos (Carlos Espínola, 2° en Atlanta 96, y Marcos Galván, 1° en los Panamericanos de Winnipeg 99) no querían. Si vos me hubieras dicho que me lesioné porque estaba esquiando en Suiza, bueno, jod.. por tonto, pero estaba pedaleando para el selectivo, que todavía no había empezado. Afortunadamente para mí se cambió la programación y pude participar, pero me dolió que ellos no me hubieran apoyado. Después supe perdonarlos, porque tienen su visión del tema. La respeto, pero no la comparto, porque hay cosas más importantes que el deporte. Lo ideal es mantener una conducta, incluso cuando uno es exitoso, porque el éxito dura poco. Siempre digo que se ve que Dios vio el esfuerzo que hice para volver a competir y me regaló el podio en el Mundial de Israel, pero decidió que a los Juegos fuera otro."
Cuando se retire del windsurf (está pensando seriamente en ello), Eduardo García Velasco será recordado no sólo como uno de los mejores estrategos argentinos de la disciplina, sino también como una persona de bien, que logró sobreponerse una y otra vez a las inclemencias del destino, merced a su temple de acero.


