Wolkowyski jugó el último amistoso y está listo para hacer historia

El pivote chaqueño terminó la pretemporada con Seattle; pasado mañana debutará oficialmente ante Vancouver; "Pensé que iba a ser más difícil", comentó
Jorge Elías
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29 de octubre de 2000  

LOS ANGELES.- Parece tímido, pero, a la vez, seguro. Concentrado en sí mismo y en los rivales. Pendiente de cada pase, de cada rebote. "Come on, Big Rub! (¡Vamos, Big Rub!)", grita Paul Westphal, el entrenador, alentándolo. Big Rub, mote de Rubén Wolkowyski, va cobrando confianza. "Es cuestión de entrar en calor", dice después a La Nación . En un momento, con la pelota en sus manos, se entiende con Brent Barry y encesta. Ha convertido el punto número 100 de los Sonics, de Seattle. Que terminaron ganándoles a los Clippers, de Los Angeles, por 109 a 99. Un resultado lleno de nueves como coronación de la pretemporada.

El nueve, casualmente, es el número favorito de Wolkowyski. El número que usaba en Estudiantes de Olavarría. El número que resulta ahora, cual fórmula mágica, de la suma del cuatro y del cinco de su camiseta, la 45, de los Sonics. Con ella, elegida por él mismo después de haberla usado en la liga de verano, hará su debut oficial, el martes, frente a los Grizzlies, en Vancouver. Hará historia, en realidad: será el primer argentino en la NBA.

"Es algo único estar acá -dice Wolkowyski-. Me recibieron muy bien. Pensé que iba a ser más difícil, sobre todo por el idioma, pero no se notó. Los jugadores mayores, como Patrick Ewing, Vin Baker y Gary Payton, así como el entrenador Westphal, me hicieron sentir de primera."

Payton anotó 29 puntos contra los Clippers. Es la estrella del equipo. La manija. El caudillo. Un provocador en la cancha, con un talento excepcional, que enerva al público y que, fuera de ella, decidió que Wolkowyski iba a llamarse Big Rub en desmedro de Patterson, el otro Ruben.

Fue la señal de aceptación del chaqueño de 27 años, nacido en Juan José Castelli, que antepone la humildad a la gloria de haber llegado a la NBA. En la ceja derecha, cual boxeador, tiene cinco puntos, consecuencia de un codazo de Scott Pollard en un partido en Sacramento, California.

"Creo que fue sin intención -dice-. En los Estados Unidos hay más roce físico y jugadores más grandes; están los mejores del mundo. Existen diferencias en todos los aspectos con la Argentina. Pero estoy acostumbrándome. Ya estamos viajando y jugando. Uno entra en ritmo. Me cuesta un poquito, pero va a ser más fácil para mí porque el tiempo pasará más rápido".

Lo quieren mucho. Wolkowyski mide 2,08 metros y calza 51. Contra los Clippers anotó 10 puntos. Tiene contrato con los Sonics por un año, con opción a otro. Cobrará 375.000 dólares en el primero y, si se queda, 475.000 en el segundo. En Estudiantes de Olavarría había arreglado por 170.000.

Dice que no privilegia el dinero, sin embargo, sino la posibilidad de saltar debajo de los aros que sólo veía por televisión, matizados, en cada interrupción, por porristas, espectáculos y, curiosidad al fin, gente que, después de haber comido hamburguesas, papas fritas, panchos y pochoclos, corre presurosa del estadio, antes de que termine el partido, con tal de evitar embotellamientos en el estacionamiento. Es algo así como un rito, por más que el partido vaya 99-99.

En septiembre llegó Wolkowyski a Seattle, Estado de Washington, con su mujer, Mariana, y con el hijo de ambos, Tomás, de seis meses. Lo que era una simple prueba se convirtió en una contratación inesperada y comenzó una nueva vida. "A ella le cuesta bastante adaptarse, pero ya está bien -dice él-. Tiene 23 años y es la primera vez que sale del país. Hicimos amigos. Como nosotros no dominamos el inglés, varias familias argentinas nos ayudan. Igualmente, se extraña la familia, los amigos, los asados..."

Los Sonics, conducidos por Payton, controlan el partido, el último de exhibición. Wolkowyski entra y sale. "Es realmente un gran jugador y está jugando muy bien -dice a La Nación el entrenador Paul Westphal-. Demuestra mucha confianza. Sabe lo que hace y lo que quiere. Me gusta. Lo queremos mucho y queremos que se quede mucho tiempo con nosotros."

Es lo mismo que espera Wolkowyski, lejanos ahora aquellos comienzos en Villa Angela, Chaco, a los 15 años, y su incorporación, a los 18, en Quilmes, de Mar del Plata. Lejano su paso por Boca Juniors. Y, con el pelo rapado, lejano, asimismo, el mote de Colo (por Colorado) que, poco a poco, van asumiendo sus nuevos compañeros. En el vestuario algunos improvisan en español algún gracias que Big Rub agradece con una sonrisa.

Sin idiomas ni fronteras. "Basquetbol es basquetbol donde quiera que vayas -dice Patrick Ewing, otro rascacielos de los Sonics, en una charla con La Nación -. Esto no es diferente para él. Big Rub es un gran jugador, muy familiar para nosotros, que trabaja duro. Todo el mundo lo quiere. En la cancha no hay idiomas, sino basquetbol. Y él sabe mucho de esto."

Tanto que Desmond Mason, otra de las figuras, dice a La Nación : "Sabe lanzar, obtener rebotes y ayudar al equipo. Nos entendemos bien. Responde a todo lo que indica el entrenador y nos complementamos. Ha sido una gran incorporación".

A Wolkowyski, según la guía de los Sonics, le encantan los spaguettis con albóndigas, las películas del actor Denzel Washington y la música latina. Su feriado preferido es el 9 de julio. Le gusta leer la revista Weekend, de la Argentina. De chico, adoraba a Tom y Jerry; de grande, confiesa, sueña con jugar muchos años en la NBA.

"Siempre siento un poco de nervios antes de los partidos -agrega-. Creo que es lógico. Miente el que dice que no los siente. Pero pasan enseguida a medida que entrás a jugar, a correr y a hacer cosas. Me siento bien y me tratan bien. Ojalá que en la Argentina, como acá, los equipos puedan entrenarse en serio y hacer las cosas bien. Si hay que bromear, se bromea, pero después de los partidos."

Por el basquetbol, Wolkowyski no terminó el quinto año del colegio secundario. Es una deuda que, según dice, quiere cancelar en algún momento. El entrenador Westphal advierte que pasa mucho tiempo en Internet, leyendo noticias de la Argentina y respondiendo su correo electrónico. "Es normal", agrega. Extraña, claro, pero también vislumbra que el sueño, finalmente, está ahí no más. A dos saltos, o dos días, de hacer historia.

Es Pepe Sánchez o Jermaine Jackson

Si no surge un trascendido de buena fuente en las próximas horas, sólo mañana, cuando se presenten las listas oficiales de los equipos en la NBA, se sabrá si Juan Ignacio Pepe Sánchez es o no integrante de Philadephia.

Ayer, la última novedad, no fue auspiciosa para el argentino pues los Sixers contrataron a un experimentado base, Vernon Maxwell, proveniente de Seattle. Esto significa que ahora el plantel suma 16 jugadores, uno más de lo reglamentariamente aceptado.

En consecuencia, Philadelphia debe prescindir de un jugador, que si no es Pepe Sánchez será Jermaine Jackson, otro de los bases suplentes que mantiene posibilidades.

Ayer, Pepe se comunicó con sus padres en Bahía Blanca y comentó que tiene mucha confianza en quedar en el plantel definitivo por los rumores que escuchó en la ciudad. Sólo cabe esperar hasta mañana o esperar alguna versión creíble.

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