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GOLD COAST, Australia.- Basta encender el televisor y sintonizar algún canal de deportes. Las mayores chances son tres: fútbol australiano, rugby league y cricket. El rugby como se lo conoce en la Argentina, que es el rugby union, aparece apenas en la publicidad de Wallabies vs. Pumas, el partido que se jugará esta mañana por el Championship.
Todo un muestreo de cómo se vive el deporte aquí, donde cuentan que el cricket -esa suerte de béisbol británico- es el número 1 en Australia y que el rugby league y el fútbol local -mezcla de balompié y rugby- lo siguen de cerca. Y más atrás, el rugby a secas, o union. El league llena más estadios, se practica más en las escuelas y tiene más rating.
¿En qué consiste? Se parece mucho al que se conoce en la Argentina, pero presenta algunas diferencias importantes. Los equipos no son de 15 jugadores sino de 13, con siete backs, seis forwards y cuatro suplentes, y numeración invertida (del 1 al 13 en vez de del 15 al 1). Los scrums tienen seis hombres por bando en lugar de ocho. En los rucks apenas se disputa la posesión entre el portador y el tackleador, pues cuando la zancadilla queda "completada" el que tenía el balón lo cede sin oposición a un compañero que está detrás. No existen los line-outs; cuando la pelota se va afuera por un costado, se repone con un scrum favorable al equipo que no la sacó de la cancha. Y los tries valen 4 puntos; los penales, 2, y los drops, 1; sólo los goles otorgan la misma cantidad de tantos, 2. Las medidas del campo son prácticamente iguales (100 metros por 68, más los in-goals de entre 6 y 11 metros) y el tiempo de juego, 80 minutos, es el mismo.
¿Qué resulta de esas alteraciones? Más dinámica, pues con dos adversarios menos es más accesible el in-goal, y el juego no se estaciona tanto porque los rucks son limpios y breves. Cabe entonces preguntarse cómo se recupera el balón dada la escasa puja en los rucks: si el equipo defensor realiza un sexto tackle consecutivo, gana la posesión automáticamente. El conjunto atacante debe definir la jugada en alguna de esas seis oportunidades; por eso, avanzar mucho terreno en cada puntada es fundamental. Como consecuencia, los físicos de los jugadores son más aptos para correr que para empujar, ya no tan necesario. Y por ende, el rugbier grandote tiene más cabida en el union que en el league, que hasta le da menos lugar reglamentariamente (menos forwards).
Este tipo de juego surgió en 1895 en Inglaterra, de una secesión por una cuestión económica: los trabajadores del Norte pedían una compensación de dinero por abandonar temporalmente sus empleos para jugar los partidos, y la Unión de Rugby Fútbol (RFU) estuvo en desacuerdo y no permitió que se cobrara entradas, alegando que se trataba de un deporte amateur. Apareció el cisma y la nueva Unión de Rugby Fútbol del Norte (NRFU) pronto alteró algunas reglas para hacer más atractivo el espectáculo. Los cambios repercutieron en Oceanía, donde en 1907 y 1908 fueron fundadas las federaciones de Australia y Nueva Zelanda. Y con el tiempo, el rugby league, vinculado con la clase proletaria, se hizo más popular que el union en el país aussie.
"La gente lo consume más porque es visto como un típico deporte australiano. Se lo juega en muchas más escuelas que el rugby union, que se desarrolla en colegios privados y tiene ese halo de deporte más alto. Además, el league ha invertido un montón de dinero para que los chicos lo jueguen", contó a LA NACION Scott Higginbotham, tercera línea de los Wallabies. Su compañero James Horwill comparó ambas especialidades: "El rugby es un gran deporte. Nos permite, por ejemplo ir a la Argentina y jugar un test-match en Mendoza; visitar países en lugares diferentes. No se puede hacer eso en el rugby league. Sólo tres países lo juegan profesionalmente: Australia, Nueva Zelanda e Inglaterra".
El "rugby a 13" tiene su propia institución, la Federación Internacional de Rugby League, cuyo antecesor, el Consejo Internacional, fue fundado en Burdeos en 1948 y desarrolló el primer campeonato del mundo en 1954, también en Francia. Hoy en día figuran 34 naciones en el ranking, más otras siete sin puntos, que totalizan 41. En una, Papúa Nueva Guinea (8»), se considera a éste como el deporte más popular. El campeón mundial es Australia, cuyos Cangaroos arrasaron en la final de 2013 a los neozelandeses por 34-2 en Old Trafford, frente a 74.468 espectadores. No es ése, sin embargo, el récord de público en rugby league: en la final australiana de 1999 hubo 107.556 en Sydney. Claro que, como le pasa a la Argentina en el polo, los logros aussies en rugby league quedan acotados en valor por la poca competencia internacional.
Habría que ver si en el país de los Pumas, en el que históricamente se valora tanto a los "gordos", donde se hace un culto de la batalla de forzudos, podría tener éxito el rugby league. "Es una porquería. No me gusta para nada", sentenció Oscar Jiménez, entrenador, referí y periodista cordobés de rugby -union- que vive desde 2004 en Sydney, y que vino a Gold Coast para ver al seleccionado. Dicen que sobre gustos no hay nada escrito...

