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A los 78 años, víctima de un derrame cerebral, falleció Emil Zatopek, el atleta checo que entre 1949 y 1955 superó 18 récords mundiales en las pruebas de fondo y que en sólo dos Juegos Olímpicos consiguió cuatro medallas doradas y una plateada. Era la tercera vez en el año que Zatopek era internado:primero, por neumonía;después, por una fractura en la cadera. Ayer murió en el mismo hospital en el que permanecía desde el 30 del mes último.
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Gran fondista, de braceo tan particular, Emil Zatopek nació el 19 de septiembre de 1922 en Koprovisce (Moravia del Norte), por entonces Checoslovaquia. El fútbol, el patín y el esquí fueron los primeros deportes que lo cautivaron en su juventud, mientras trabajaba en la fábrica de zapatos Bata. Su apego al atletismo llegó de manera circunstancial, en 1940, cuando intervino en una prueba en la que finalizó segundo.
"Entonces, dos personas me observaron y me entusiasmaron para que fuera a Praga a correr carreras de fondo", recordaba en septiembre de 1983, durante su única visita a Buenos Aires.
Abandonó su trabajo para enrolarse en otra carrera: la militar. Esto le permitió perfeccionarse en el atletismo y enseguida llegaron los récords, casi con sus primeras carreras, con marcas nacionales en las pruebas de entre 2000 y 5000 metros. Pero fue en 1946 que su nombre empezó a ser tenido en cuenta, durante los campeonatos europeos.
Dos años más tarde conoció a Dana Zatopkova, una joven atleta especialista en lanzamiento de jabalina, con quien contrajo enlace. Ese mismo 1948 que lo vio brillar en los Juegos Olímpicos de Londres. Allí, Zatopek consiguió una medalla dorada en los 10.000 metros y la plateada en los 5000 metros, prueba en la que el belga Reiff lo superó por tan sólo dos décimas. Años después, Zatopek reconoció que esa fue su mayor desazón deportiva. "Hasta me robaron las zapatillas, en un descuido después de la carrera, mientras firmaba autógrafos", recordó con un gran sentido del humor.
La Locomotora Humana se había puesto en marcha e impuso su ritmo demoledor en Helsinki cuatro años más tarde. Un Juego Olímpico que fue testigo de una hazaña sin precedente.Primero consiguió las medallas doradas en los 5000 y en los 10.000, y luego dio el golpe al mundo imponiéndose en la maratón. ¿Algo más? Sus tres registros se transformaron en récords mundiales. Y por si fuera poco su esposa se consagró campeona en lanzamiento de jabalina.
Había conseguido la gloria y buscaba más. Por eso, con 34 años, también compitió en los Juegos de Melbourne 56, aunque esta vez no pudo conseguir ninguna medalla. El retiro lo encontró dos años más tarde, pero -como no podía ser de otra manera- con una victoria. Ocurrió en el tradicional cross country de Lasarte, en Gipúzcoa, España, donde un Zatopek de 36 años obtuvo la prueba brillantemente para dar el adiós definitivo a las pistas.
Héroe nacional de Checoslovaquia, Zatopek pasó sus días como profesor de educación física, entrenador de atletismo y coronel del ejército. Sin embargo, no todas fueron alegrías. Tras la invasión soviética a su país, Zatopek -ferviente defensor de los ideales nacionalistas- fue degradado y obligado a trabajar como barrendero. Incluso, se dice que las amas de casa de Praga salían a barrer antes de que él llegara para evitarle trabajo a su ídolo.
La devolución de honores llegó poco antes de la caída del Muro de Berlín y en 1990 fue nombrado miembro honorífico del Comité Olímpico Checo.
Ya descansa Emil Zatopek, La Locomotora Humana, el soldado-atleta. El hombre que tiene su sitial entre los grandes de siempre.



