
Brasil, el mejor ejemplo
La política de promoción del software comenzó hace diez años en Brasil. Desde ese momento, la industria de IT triplicó su participación en el producto bruto interno y secrearon 3600 empresas y 167.000 empleos
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SAN PABLO.– Lejos, muy lejos de la capital federal, Brasilia, y más todavía de la todopoderosa San Pablo, un grupo de profesores tuvo una idea. Doctores en informática de la Universidad Federal de Recife, en el lejano y pobre nordeste de Brasil, pensaron que podían juntarse, sumar algunos de sus mejores alumnos y crear una empresa de control de calidad de software. La idea habría sonado quijotesca si no fuera por que el gobierno de Recife –capital del Estado de Pernambuco– había decidido invertir en la creación de un parque tecnológico con los fondos recaudados con la privatización de la compañía eléctrica local.
Tal parque, bautizado Puerto Digital, era una especie de mini-Sillicon Valley en incipiente formación. Pero podía darles instalaciones modernas, asistencia legal, financiera y un espacio para circular entre el mundo académico y el mercado."Hoy empleamos 25 personas, vendemos software para una empresa canadiense de tecnología ambiental (Waterloo), y tenemos como clientes a Motorola, el Banco Central do Brasil y la Receita Federal, el órgano de recaudación de impuestos, famoso por la complejidad de su sistema informático", cuenta Andrea Alcántara, 33 años, directora ejecutiva de Qualiti, la empresa protagonista de este pequeño relato.
Según Alcántara, máster en ingeniería de software, estar en un parque tecnológico como Puerto Digital es casi el motivo de su existencia: "Es también fundamental para el tipo de nicho en el que actuamos, donde muchas de las cosas que necesitan los clientes todavía no fueron siquiera desarrolladas. Como estamos en un ambiente de innovación, rodeados de empresas, profesores, universidades y alumnos creativos, éste es un lugar buscado para encontrar soluciones".
Hace diez años
Esta compañía, que cinco años atrás no existía y hoy factura más de medio millón de dólares por año, fue contratada por Motorola para dar el primer curso brasileño de J2ME, la plataforma usada para desarrollar software para telefonía celular. El caso de Qualiti es apenas un pequeño capítulo de una historia mucho mayor, que comenzó más o menos diez años atrás, con la aparición en Brasil de los polos tecnológicos, las incubadoras de empresas de tecnología de la información, la creación de organismos para apoyar la producción de informática y, vale decir, un cierto espíritu emprendedor del brasileño.
¿Cuál fue el resultado de esa combinación? El software brasileño triplicó su participación en el producto bruto interno y hoy Brasil está levemente atrás de la arrasadora China y de la India, el paradigma de los países en desarrollo de fabricantes de software. Con la diferencia de que, en lugar de meras líneas de código compradas como commodities, foco de la producción india, las empresas brasileñas fabrican el producto completo.
Según un estudio comparativo realizado por el Massachussets Institute of Technology, el famoso MIT, con el nombre de Slicing the Knowledge-Based Economy (KBE) in India, China and Brasil: a Tale of Three Software Industries, en 2001 Brasil vendió 7700 millones de dólares en software, contra 7900 millones de China y 8200 millones de la India. Brasil tiene hoy poco más de 5000 empresas de programación, y su sector de emplea 167.000 trabajadores.
Incubadoras visionarias
Francelino Grando, secretario de Política Tecnológica e Innovación del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Brasil, destaca el papel fundamental de las incubadoras brasileñas en la creación posterior de parques tecnológicos. Brasil tiene hoy en funcionamiento 207 incubadoras y siete parques tecnológicos (además del Puerto Digital en Recife, uno en San Pablo, otros tres en las ciudades de Campinhas, Sao Carlos y Sao José dos Campos, y otros en Florianópolis, Belo Horizonte y Porto Alegre). "Los parques suelen nacer a partir de incubadoras importantes y una combinación de tres factores claves: instituciones científicas y tecnológicas, un ambiente industrial que va a demandar la tecnología creada y la organización de la sociedad para que los órganos políticos apoyen", graficó Grando.
"Sin eso, los parques tecnológicos terminan siendo creados simplemente para la vidriera del político local, y terminan años después cubiertos de yuyos", ironizó. De las incubadoras tecnológicas en funcionamiento en Brasil, el 84% está vinculada con centros académicos de investigación y universidades, siempre con algún tipo de asistencia del poder público y todas bajo el paraguas del Ministerio de Ciencia y Tecnología.
El 55% de ellas se dedica al software y la informática, el 16% a la electroelectrónica y el 5% a la biotecnología. El éxito del papel aglomerador de iniciativas e incubadoras que tuvieron los parques digitales en Brasil llevó a la creación de una Asociación Nacional de Parques Tecnológicos (Anprotec).
"Además de los siete parques en funcionamiento, hay otros 26 en formación", contó el profesor Guilherme Ary Plonski, vicepresidente de Anprotec y director del Instituto de Investigaciones Tecnológicas (equivalente al Instituto Nacional de la Producción Industrial argentino). El balance arrojado hasta el momento por los parques tecnológicos y las incubadoras, dice Plonski, es la mejor respuesta ante la pregunta sobre su utilidad.
"Aproximadamente en 10 años fueron creadas en ese contexto 3600 empresas y 19.000 empleados para la industria de la tecnología de la información. Y, de más está decirlo: los impuestos que una empresa no pagó por estar en un parque tecnológico vuelven a la sociedad multiplicados varias veces cuando esa empresa se sostiene por sí sola."
No sólo los parques y las incubadoras explican el desarrollo llamativo de la tecnología de la información en Brasil. Diez años atrás un programa que nació estatal se independizó transformándose en una organización social civil de interés público, una especie de ONG, pero que puede recibir fondos del gobierno. Nació así Softex, un organismo de apoyo a las empresas de software brasileñas elogiada por el mundo académico, y obviamente por sus más de 1200 empresas asociadas, que le deben en parte su existencia.
"A mediados de los años 90, el gobierno decidió apoyar la industria del software al percibir que teníamos una base como para convertirnos en un polo exportador. Las exportaciones del sector todavía dejan que desear (US$ 100 millones en 2003), pero el impulso formó un mercado, capacitó a mucha gente y se crearon miles de industrias", opinó Djalma Petit, vicepresidente de Softex.
Hoy, en cada uno de los parques tecnológicos brasileños existe un agente Softex, una especie de oficina de apoyo a la empresa que está instalada.
"Además de ayudar a cada empresa a conseguir financiamiento para sus proyectos y realizar ruedas de negocios en el exterior para ganar clientes, Softex creó la cátedra Emprendedor del Sector de Software, que hoy es dictada en 400 universidades brasileñas.
"El objetivo es que cada estudiante del sector sea un emprendedor en sí mismo." Si el alumno lo es y tiene una buena idea, Softex lo apoya con proyectos de preincubación, que terminan siendo creados en el contexto de un parque tecnológico o incorporados a alguna incubadora.
"La capacidad emprendedora es la base de la constitución de un polo –opinó Petit–. Pero hay otras cosas que necesitan ser resueltas por la comunidad local: espacio físico, ventajas tributarias, vínculos con las universidades. Nosotros terminamos aportando un modelo de negocios y la ayuda para obtener los fondos."
Los edificios digitales
Petit menciona una nueva tendencia: los edificios digitales. ¿Qué son? El gobierno cede un edificio abandonado de la ciudad, lo refacciona y lo cablea, y lo deja listo para que se instalen varias empresas de tecnología de la información (TI). "Es un tipo de polo tecnológico que puede ser más práctico que un parque instalado lejos. Está en pleno centro, rodeado de potenciales clientes, y para los alumnos o trabajadores es fácil llegar, algo que a veces no ocurre con los parques tecnológicos."
En Salvador, en el Estado de Bahía, está naciendo la primera experiencia de este tipo. Felipe Taborda no necesita pensar mucho para explicar la importancia de los polos tecnológicos de Brasil. BSI Tecnología, la empresa de la cual es director de Planeamiento, no podía separar su éxito de la existencia de los parques tecnológicos. "Actualmente estamos usando dos polos: uno en Lages, Santa Catarina, y otro en Londrina, Paraná", contó.
"Las ventajas son muchas: están en regiones de bajo costo, podemos elegir a los mejores de entre miles de alumnos de buenas facultades y, eventualmente, podemos tener alguna pequeña ayuda de las administraciones políticas locales", añadió. Con esa combinación BSI factura actualmente 20 millones de dólares y emplea 500 personas. Taborda dice que no sólo incubadoras y parques tecnológicos explican el fenómeno de la fuerza de la industria de TI en Brasil.
"Hay una explicación más heterodoxa: durante fines de los 80 y comienzos de los 90 vivimos hiperinflaciones que nos obligaban a tener una tecnología financiera increíble para poder hacer que el país funcionara", recordó.
La demanda de tecnología por parte del sector financiero fue, todavía lo es, el gran motor para el desarrollo de la TI brasileña, que hoy tiene algunos de los sistemas de seguridad informática y de pago de impuestos más avanzados del mundo.
De la colonia a la tecnología
La experiencia de Puerto Digital de Recife es hasta ahora la más exitosa de todos los parques tecnológicos instalados en Brasil. Creado con la inversión de 15 millones de dólares proveniente de la privatización de la compañía de energía local, este polo tecnológico comenzó a funcionar en 2001. La idea era recuperar y aprovechar edificios deteriorados del viejo puerto de Recife –por donde pasó parte de la historia colonial brasileña y hasta una invasión holandesa en el siglo XVII–.
Las 80 empresas instaladas en Puerto Digital facturarán este año 200 millones de reales (65 millones de dólares). Para el año próximo se prevé que haya 100 empresas instaladas y 100 millones de dólares de facturación."Gracias a Puerto Digital, el mercado de TI representa para el Estado de Pernambuco un 1,5% del PBI, casi el doble que lo que la TI representa en promedio en el país", afirmó orgulloso Pier Carlo Solá, presidente del Núcleo de Gestión de Puerto Digital, ejecutivo italiano que trabajó como directivo del sector de TI en Buenos Aires en la década pasada.
Encender la mecha
Ya se instalaron en Puerto Digital algunas multinacionales de peso, como Microsoft, Oracle, IBM, Amadeus, etcétera. Como en los demás casos, fue una combinación de factores lo que terminó permitiendo la creación de este polo tecnológico. Primero, según Solá, "la alta concentración en Recife de doctores de carreras tecnológicas". Por otro, una cierta simpatía poco común de estos académicos con el mercado, "algo que es raro, a pesar de que en cierta forma el mercado es la propia razón de existencia de los desarrollos académicos".
Algunas iniciativas terminaron preparando el campo: un banco estatal fue comprado por un grupo privado y originó una revolución local al utilizar la TI como recurso estratégico y, al mismo tiempo, la empresa de procesamiento de datos de la municipalidad local invirtió en una red electrónica de servicios para el ciudadano en 1992, tres años antes de que Internet fuera explotada comercialmente en Brasil.
Cuando Puerto Digital llegó, la ciudad de Recife, enclavada en uno de los mayores focos de pobreza de Brasil, ya vivía la TI como parte de la rutina. Puerto Digital apenas encendió la mecha.
Paso a paso
- Brasil tiene hoy 207 incubadoras y siete parques tecnológicos: San Pablo, Campinhas, Sao Carlos, Sao José dos Campos, Florianópolis, Belo Horizonte y Porto Alegre. Hay otros 26 parques en formación.
- El 84% de las incubadoras está vinculado con un centro de investigación o una universidad.
- El 55% se dedica al software, el 16% a la electroelectrónica y el 5% a la biotecnología.






