Las entidades rurales dijeron que la decisión del organismo del bloque europeo marca un punto de inflexión largamente aguardado pese a que cuando todavía restan pasos formales para su entrada en vigencia; esperan vender más carnes, cítricos y vinos, entre otros productos
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Luego de que la Unión Europea (UE) aprobara en Bruselas el acuerdo de libre comercio con el Mercosur, tras más de 25 años de negociaciones, el campo recibió con fuerte expectativa la confirmación que llegó desde el otro lado del Atlántico. Para las entidades ruralistas, la decisión marca un punto de inflexión largamente aguardado, aun cuando todavía restan pasos formales para su entrada en vigencia.
Aunque falta que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viaje la semana próxima a Asunción para firmar el texto con la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, y que luego el acuerdo sea ratificado por el Parlamento Europeo y los congresos de los países del Mercosur, las organizaciones del agro coincidieron en destacar la relevancia del aval político otorgado por la Comisión Europea, que negocia el entendimiento desde 1999.
En este nuevo escenario, el presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Carlos Castagnani, afirmó que la aprobación “abre un panorama muy positivo para nuestro sector y para toda la industria y el comercio del país”.
En ese sentido, remarcó el perfil exportador de la Argentina y consideró que el acuerdo debe ser interpretado como una señal favorable para la economía en su conjunto.

“La Argentina es un país generador, netamente exportador, y tenemos que entender este escenario como una buena noticia”, señaló Castagnani. No obstante, aclaró que ahora será clave avanzar con cautela en el análisis del texto definitivo. “Por supuesto que ahora habrá que esperar la firma del acuerdo y analizar la letra chica, no porque necesariamente vaya a haber puntos que perjudiquen los beneficios, sino para tener en claro cómo va a ser su implementación”, explicó.
Para el titular de CRA, el entendimiento con la UE constituye una oportunidad estratégica. “Es una ventana muy importante que se le abre al país”, sostuvo, y volvió a insistir en un reclamo histórico del sector: “Siempre sostenemos la necesidad de reglas claras e igualdad de condiciones”.
Castagnani también advirtió que el acuerdo implicará una mayor competencia y que el desafío será adaptarse al nuevo escenario. “Este tipo de acuerdos también implican importaciones, y es fundamental que todos compitamos en un marco equilibrado”, indicó.
En esa línea, proyectó un escenario de mayor dinamismo comercial hacia adelante: “Vamos a tener que adecuarnos y prepararnos, porque deberemos abastecer un mercado mucho más grande del que veníamos teniendo”.
Por su parte, el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Nicolás Pino, puso el acento en el peso económico del bloque europeo y en las oportunidades que se abren para la agroindustria. El acuerdo
“genera oportunidades para la región y especialmente para nuestra cadena agroindustrial”, afirmó Pino, al tiempo que recordó que el mercado europeo representa “el 15% del PBI mundial” y que importa, por fuera de la Unión Europea, “más de 200.000 millones de dólares en productos agroindustriales”, lo que lo convierte en “el tercer mayor demandante de alimentos”.
El dirigente rural también valoró el rol del Estado argentino en el proceso negociador. “Valoramos el esfuerzo que han realizado todo este tiempo las autoridades gubernamentales de la Argentina, ya que luego de 25 años de negociaciones nos encontramos cada vez más cerca de la firma del acuerdo”, señaló.
Al mismo tiempo, advirtió que el entendimiento traerá aparejados nuevos retos. “Representará enormes desafíos para el sector privado para fortalecer la presencia de nuestros productos en el mundo”, afirmó, y expresó su expectativa de que “los Parlamentos de ambos bloques lo ratifiquen a la brevedad”.
En Coninagro, que preside Lucas Magnano, también manifestaron su respaldo al avance del acuerdo, al que calificaron como histórico. “Este es un primer paso importante, le dará al campo argentino mayor potencial y un desarrollo a futuro con previsibilidad”, señalaron.
La entidad cooperativista subrayó que el entendimiento trasciende lo estrictamente comercial. “Es un puente de oportunidades para que la producción agropecuaria y agroindustrial argentina demuestre su capacidad de competir en las ligas mayores de la calidad alimentaria”, remarcaron.
Coninagro también puso el foco en el impacto que podría tener para el interior productivo. “Para las economías regionales, esto representa una ventana histórica”, afirmó la entidad en un comunicado, y destacó la posibilidad de mejorar el acceso al mercado europeo. “Poder colocar nuestras carnes, cítricos y vinos en góndolas europeas con mejores condiciones arancelarias es sinónimo de más trabajo y arraigo en el interior de la Argentina”, expresó.
En tanto, Andrea Sarnari, titular de la Federación Agraria Argentina (FAA), dijo que la posibilidad de que efectivamente se firme y efectivice el acuerdo para los productores argentinos es una buena noticia.
“La resistencia que hay de parte de Europa a la firma del acuerdo y de los productores de ese continente puntualmente, marca que nosotros como productores estamos en muy buenas condiciones agronómicas, productivas y comerciales para poder brindar una oferta de alimentos supercompetitiva", dijo. Y añadió: “esta herramienta nos permitiría colocar nuestros productos con buen precio que debería reflejarse después en el mercado, ya que tenemos productos que al consumidor europeo seguramente le interesan, pues son de calidad, como sucede con los animales criados con pastos naturales, con huella positiva de carbono”, destacó.
“Hay un montón de variables que hacen que nuestros productos puedan posicionarse muy bien, y eso para los productores argentinos es una buena noticia. Claramente que la implementación final del acuerdo aún tiene diversos pasos a seguir; pero este es un paso importante para la Argentina y toda la región”, agregó.
Evaluación
En paralelo, la SRA difundió un informe técnico en el que destacó que el acuerdo Mercosur–UE es un tratado integral que combina acceso a mercados, diálogo político y cooperación, y que involucra a un universo de más de 700 millones de personas. Según el análisis, la UE es uno de los principales destinos potenciales para el agro argentino, con 450 millones de consumidores, alto poder adquisitivo y compras agroindustriales por unos US$220.000 millones, de las cuales la Argentina hoy participa con apenas el 3%.
El documento remarca que el acuerdo otorga previsibilidad de largo plazo, clave para la inversión y la planificación productiva, y que el 99% de las exportaciones agroindustriales del Mercosur accederán a beneficios arancelarios, ya sea con ingreso inmediato sin arancel, desgravaciones graduales o cupos preferenciales: “El 70% de los productos ingresan sin arancel desde el inicio, el 14% con desgravación gradual (3, 7 o 10 años) y el 15% mediante cuotas con arancel reducido o cero. El alcance es federal e incluye desde carnes y soja hasta economías regionales, vinos, pesca y biocombustibles”.
Un tema no menor que se plantea en el acuerdo son los Derechos de Exportación (DEX) de los productos a la UE, donde la Argentina se compromete a eliminar retenciones a las exportaciones hacia la UE a partir del 3° año, con excepciones.
“En el complejo soja o tope máximo inicial 18% o reducción gradual hasta 14% al año 10 (2035). Esto genera un impacto en el sector, mejora en márgenes netos y señales positivas para inversión exportadora”, dice el documento publicado por la SRA.
Además, subraya la importancia del capítulo sanitario y regulatorio, que establece mecanismos formales para evitar medidas arbitrarias y brinda mayor certidumbre a los exportadores, así como los compromisos en materia de derechos de exportación y administración de cuotas, que mejoran las condiciones de acceso al mercado europeo.
En ese sentido, para la SRA el acuerdo funciona como un ancla institucional que reduce la volatilidad de las reglas de juego, mejora la competitividad sistémica del agro y posiciona a la Argentina y al Mercosur como proveedores confiables de alimentos en un mundo cada vez más fragmentado.
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