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Aunque, a veces, no prestemos mucha atención, la mayoría de los saberes tradicionales derivan en acciones vivas y no sólo en rituales. Es el caso de las construcciones en adobe o tierra cruda, práctica de albañilería milenaria, desarrollada por civilizaciones antiguas desde Egipto y la Mesopotamia asiática hasta Centro y América del Sur. En Perú, la cultura Chimú nos dejó la esplendorosa ciudadela Chan Chan.
Luego, la conquista española trajo al continente un saber que ya existía. Y la construcción en adobe se desarrolló por nuestra actual geografía en una mixtura de conocimientos y usos, de acuerdo con las necesidades y recursos de cada región.
Básicamente, la edificación en adobe puede realizarse mediante la confección de ladrillos crudos, con moldes de madera, o con la técnica llamada "chorizo", que es de paja amasada con barro, sin molde. Esta última predominó en la región platense y suele ser la forma en que se hizo el rancho del gaucho y las modestas casas rurales en general.
Para la obtención de adobe se suelen usar, además del barro, la arcilla y el agua. En lugares que se dispone, se agrega arena; en otros, cal. Para que al secarse no se agriete, se utiliza paja, estiércol equino y vacuno o crin de caballo.
El amasado del barro, que algunos denominan "choclear", se debe realizar en forma paciente. Recordemos que también sirve para la fabricación del horno de barro. Tanto los "chorizos" como los ladrillos se dejan secar no menos de quince días, mejor a la sombra, para que no se cuarteen por efecto del sol.
La construcción de la pared se hace usando, además, barro como argamasa y revoque. La de "chorizo" requiere la realización de una estructura previa, que puede ser de caña o de ramas (las de jarilla son habituales). En Corrientes este cronista vio utilizar un tejido metálico, el conocido "de gallinero". Sobre él, el albañil arrojaba el barro crudo con una cuchara. Como se ve, las maneras son variadas y, a veces, resultan del ingenio personal.
Entre las cosas que se le achacan al adobe se mencionan que es poco resistente en las zonas sísmicas y que padece la acción de la humedad del suelo. Esto último se subsana con cimientos hechos, por lo general, en piedra. Finalmente, el rancho de adobe suele ser cobijo de alimañas (la vinchuca, por ejemplo) en sus imperfectas terminaciones y en la paja del techo, lo que es evitable con acciones preventivas de higiene.
Como contrapartida, se señala que es un excelente aislante térmico: fresco en verano y tibio en invierno. Además, constituye un recurso barato y disponible en cualquier lugar. Eso ha llevado a que universidades y organizaciones no gubernamentales promuevan seminarios y talleres, para emprendimientos personales o para la construcción de barrios enteros.
En la Quebrada de Humahuaca, respondiendo a las exigencias de la Unesco, que la declaró Patrimonio de la Humanidad, los programas de vivienda estatales incluyen su utilización. El arquitecto Rubén Pérez, que audita en la región, nos explica que ya se llevan construidas unas 500 viviendas con abobe. "Hay hechas en Humahuaca, Tilcara y Huacalera. Lo proveen productores de la región, muy conocedores de su fabricación", agrega. Otras experiencias han sido exitosas en el litoral argentino y en el Uruguay, en acciones combinadas de técnicos y lugareños sabedores.






