
El 40 por ciento del área total recibió tratamientos fitosanitarios contra las enfermedades de fin de ciclo; la roya, pese a haber tenido mayor difusión,no representó un episodio sanitario grave
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Con el telón de fondo de una campaña con rendimientos promedios récord a nivel mundial (29,9 quintales por hectárea), este año se registró un fuerte crecimiento de la superficie tratada contra enfermedades de fin de ciclo en soja. Según distintas fuentes, versus el 20% del ciclo pasado, el área aplicada ahora trepó al 40 por ciento (unos 5,5 millones de hectáreas) del total. Se estima que el mercado de fungicidas para soja ya factura por unos 66 millones de dólares.
"Hubo un incremento de las enfermedades de fin de ciclo, pero el hecho concreto es que también aumentó la superficie tratada; se pasó del 20 al 40 por ciento", comentó a LA NACION Marcelo Carmona, fitopatólogo de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
¿A qué se debe el aumento? Básicamente, el ciclo 2006/2007 fue "propicio" para el desarrollo de las enfermedades de fin de ciclo. En ese sentido, colaboraron las abundantes precipitaciones en las diferentes regiones.
Y, como ya viene ocurriendo desde hace un par de campañas, en la última se volvió a observar una alta difusión de cercospora kikuchii , hoy una de las enfermedades de fin de ciclo con mayor presencia en las diversas zonas. Además de registrarse un año favorable para las enfermedades, también hubo otros factores que determinaron una mayor superficie aplicada. "Hoy se presta más atención al tema sanitario por el trabajo de capacitación que se viene realizando", dijo Carmona. Otro punto importante es que los productores identifican más las ocurrencias de lluvias con posibles episodios sanitarios.
Buenos rindes
En un contexto donde los alquileres cada vez más altos obligan a sacar buenos rindes para que el rendimiento de indiferencia "cierre" mejor, hoy, para muchos asesores y productores, el fungicida aparece como una herramienta que permite pensar en techos más elevados en materia de producción.
En esa línea, suman puntos las respuestas logradas por la aplicación. "En promedio tenemos 300/400 kilos (de respuesta) por hectárea; hay lugares con 600/800 kilos (extras)", remarcó Carmona. "Como mínimo hay 300 kilos de diferencia", indicó, por su parte, Maximino Borsi, gerente del departamento de Marketing, Desarrollo y Registros para la agricultura de la compañía Basf. Ricardo Paglione, gerente del área técnica para soja de esta misma empresa, señaló que de repetirse un escenario como el de la última campaña, en la próxima ya se podría hablar de un 45-50% del área tratada. Para Paglione, en el último ciclo el porcentaje de aplicación estuvo en torno del 37 por ciento.
Hoy entre las estrategias más utilizadas para el control se encuentra la aplicación con mezclas de estrobilurinas con triazoles, sobre todo en los lotes de alto potencial de rendimiento.
Según fuentes del mercado, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos figuraron en la lista de las provincias donde más subió el uso de fungicidas en soja. En Entre Ríos el aumento vino reforzado por la atención de los productores sobre otro tema: la roya asiática.
Más roya
Respecto de la roya, los especialistas coinciden que alcanzó una dispersión mayor que la campaña pasada. De hecho, se detectó hasta en el sudeste bonaerense. Además, en no pocas situaciones se observaron más pústulas por hoja; de una a dos ahora se llegaron a ver casos con más de 20 pústulas por hoja.
No obstante ello, volvió a llegar "tarde" (en estadios reproductivos avanzados) a las zonas de producción clave. Una aclaración: en Entre Ríos y Tucumán sí hubo casos donde la enfermedad obligó a actuar para frenarla. Carmona graficó así el desempeño de la enfermedad: "No fue grave; en ese caso no se podría haber alcanzado una cosecha récord como la de ahora. Igualmente, llegó con más pústulas".
Preocupa la semilla
Debido a los excesos de lluvias, hoy no son pocos los que advierten que la calidad de la semilla de la soja ha quedado deteriorada.
Según los especialistas, éste es un factor para tener en cuenta para la próxima campaña, con diferentes recomendaciones.
"Hubo muchos hongos y daños. Por eso, para la próxima campaña va a haber que pensar más en calidad de semilla", explicó Marcelo Carmona, fitopatólogo de la Facultad de Agronomía de la UBA.
Entre otros consejos, el investigador recomendó realizar un análisis sanitario para conocer la calidad con que se cuenta. La importancia de este análisis es fundamental para evitar problemas en la germinación y el posterior desarrollo de la planta.
De ahí en adelante, el productor podrá priorizar lotes para sembrar, mezclar y hasta seleccionar fungicidas.
No menos importante es la condición de almacenamiento de la semilla. En este punto, Carmona recomendó cuidar al detalle el almacenamiento, en especial porque una semilla ya con problemas tiene un deterioro mayor que una semilla sana.
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