
Dos grupos de Cambio Rural integraron sus ciclos ganaderos
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Una empresa de 3000 hectáreas en San Luis podría compararse con una de 100 hectáreas en la pampa húmeda, de acuerdo con su nivel de productividad. "El noroeste de la provincia cuenta con pastizales naturales que resultan óptimos para la cría. Sin embargo, la división de la tierra es una limitación para la rentabilidad de las empresas ganaderas. El tamaño de los predios no es el adecuado para que una empresa familiar sea sustentable", explica Alberto Belgrano Rawson, agente de proyecto de Cambio Rural. Para sobrevivir con la actividad debería contarse con 500 madres como mínimo.
Fue por eso que el grupo de productores autodenominado GAMO (Ganadería en Monte) se propuso agregar valor a su producción. El ingreso en el programa del INTA destinado a las Pyme rurales les había ayudado en 1993 a evaluar su realidad con sentido crítico, a cotejar resultados y apuntar a una gestión más eficiente.
Punto de partida
"Sus campos son muy extensivos. Tienen un 80 por ciento de capital inmovilizado -entre tierras, mejoras y estructura- y un 20 % -en el mejor de los casos- de capital productivo. Se necesita ser muy eficiente para ir hacia adelante", explicó Belgrano Rawson. A partir de ese análisis, los mismos productores reconocieron que era imprescindible optimizar la organización de las empresas. Al mismo tiempo asumieron que si no generaban negocios tranqueras afuera para dinamizar la economía de cada explotación los resultados económicos serían terminales.
En 1998 pensaron en la posibilidad de asociarse con un grupo de Cambio Rural de Sansinena, localidad del partido de Rivadavia, en el noroeste bonaerense. ¿Cómo surgió la idea? Primero: era imprescindible generar más recursos y la única alternativa que consideraban viable era el trabajo grupal. Segundo: pensaron en la posibilidad de intercambiar la hacienda para completar los ciclos en una y otra zona. Es decir: los terneros destetados serían engordados en pampa húmeda y las vacas preñadas tendrían su cría en el monte puntano. Por ahora, los grupos lograron alquilar un campo de 220 hectáreas para engordar la hacienda común.
A la distancia
"Este es un negocio de confianza porque funciona a pesar de la distancia. Sólo lleva un año y medio. Aunque ya comercializan su hacienda juntos, falta aun el intercambio de los rodeos", aclara el técnico.
A pesar de que se trata de un comienzo, la idea de aumentar los ingresos sin comprar tierra y manteniendo bajos niveles de costos es un firme pilar entre los grupos, según relata Belgrano Rawson.
"La estrategia comercial es interesante. Involucra desafíos en calidad, cantidad y continuidad de la oferta ganadera ", dice para graficar la creatividad de este proyecto.
"El beneficio es indirecto. El precio final del producto impacto en la economía de todos. Es decir, la rentabilidad crece sin aumentar los gastos fijos", explica.
Proyecto comercial
Ahora piensan en alquilar otro campo para dejar de producir terneros y convertirse en productores de carne. "Antes, el contacto comercial se establecía con otro productor, ahora estamos más cerca de las góndolas. Ya contamos en condiciones para negociar con supermercados. la escala que alcanzamos nos permite responder a una demanda importante", reconoce Belgrano Rawson.
La discusión dentro del grupo focaliza en nuevas alternativas de crecimiento que enriquezcan su proyecto. Lo importante, señalan ellos mismos, es que conocen su capacidad de organización y su potencial productivo.
En este sentido, ya concretaron un convenio con el Centro de Inseminación Artificial La Elisa para mejorar la genética de los planteles. "La idea es avanzar un escalón más y demostrar que los procesos de crecimiento continuo son posibles", sintetiza Belgrano Rawson.




