
Gracias al aporte del teatro, la radio, el cine y el circo criollo, la leyenda de Santos Vega sigue viva en el imaginario colectivo
1 minuto de lectura'
Realidad o leyenda, el payador Santos Vega está inserto en el imaginario popular. Lejos de amenguar los caracteres del mito, el tiempo ha consolidado la identificación social alentando su dimensión y fantasía. La recurrencia del personaje entre estudiosos y creadores ha sumado de manera profusa y valiosa.
Débese a Bartolomé Mitre, seguramente, haber aprehendido, a fines de 1830, los relatos deshilvanados que corrían entre el gauchaje y fijarlos literariamente: "Cantando de pago en pago/ y venciendo a payadores,/ entre todos los cantores/ fuiste aclamado el mejor". Esa evocación, ¿implica aceptar la existencia real de Vega? César Jaimes, tras empeñosa investigación, refrenda las certezas de Ventura R. Lynch, en "Cancionero Bonaerense", acordes con las de Mitre.
Es Paulino Rodríguez Ocón, vecino de Azul, quien narra la muerte de Vega en la estancia de Pedro Sáenz Valiente, en el Tuyú, cuya veracidad confirma Elbio Bernárdez Jacques. Existencia indiscutida, a dicho tenor, consolidada en el valorado rastro de Roberto Lehman Nitsche, el fervor culmina en el monumento realizado por el escultor Luis Perlotti.
Más allá de esas referencias, sin embargo, existió un Vega de raigambre y crédito en el pueblo a cuyo prestigio contribuyó, definitivamente, la novela homónima de Ricardo Gutiérrez, plena del romanticismo épico de su tiempo y la constatación, al menos narrativa, de la famosa payada con el Diablo. El teatro, la radio, el cine y el circo criollo, asimismo, alentaron su encarnadura idealizada.
La primera versión teatral es la Juan Carlos Nosiglia, en 1894. El texto original y manuscrito perteneció a José Podestá, exitoso intérprete y creador. La siguiente adaptación -también, probablemente, con la actuación de Podestá- fue anunciada así: "Santos Vega, drama criollo de Domingo Spíndola (1903/04)".
Espíndola -tal la correcta grafía del apellido- fue autor de muchas obras de trazos polifacéticos; uno de los más acudidos y representados, aun en la actualidad, en los escenarios del interior. No hemos dado, confesamos, con la versión completa de Nosiglia, pero sí con la de Espíndola.
La historia de Vega llegó al cine mudo de la mano de Luis Colombo. En las secuencias, sin embargo, se registran las únicas voces grabadas, reproduciendo la famosa payada. Aunque José Podestá e Ignacio Corsini eran los protagonistas en el film, el contrapunto, curiosamente, lo oralizaron Raúl Romero (Vega) y Ramón Olmos (el Diablo).
En el teatro, una versión actualizada del Vega tradicional fue la de Antonio Pagés Larraya, con la magnífica recreación del actor Francisco Martínez Allende. Otros textos, en prosa y en verso, tuvieron, sin duda, desigual difusión. Entre ellos, las "Estampas de Santos Vega", escrito por el actor Miguel Angel Gani y fechado en Charata, Chaco, el 16 de septiembre de 1964.
Mucho se ha zarandeado acerca de la peripecia de Santos Vega. Que si existió o no. Que si payó o no con el Diablo. Que si Vega era la esencia de la tradición y el Diablo su oponente social y cultural. Tal vez haya respuesta, o no, cuando el relato, de boca en boca, se renueva en algún rincón gaucho o en rueda de paisanos.
1
2Por primera vez: la Argentina exportó harina de soja certificada a Vietnam
3Avanza Brasil: la Argentina está al borde de perder el liderazgo mundial en un producto que genera casi US$10.000 millones
4Revés para un intendente K: la Justicia declaró nula una tasa por “servicios esenciales” impuesta al campo



