El campo, en la ecología poética de Baldomero Fernández Moreno

Gloria Martínez
(0)
7 de diciembre de 2019  

Nuestro poeta Baldomero Fernández Moreno siempre amó la naturaleza visible, sobretodo en el campo desde que lo conoció de muy niño cuando sus padres lo llevaron a la que fue su amada "Aldea española" de Bárcena. De regreso a la patria mientras fue brillante estudiante de medicina donde cursó hasta adquirir su título de médico (un estudiante que, fiel a su verdadera vocación de poeta, colocaba en su biblioteca las obras de Rubén Darío junto a los tomos del Testut, cuyos pasajes importantes señalaba usando como marcador... "una rosa, o una carta de amor".

Años más tarde, ejerció su profesión:.... " Voy con mi corazón de médico poeta /... dejando una palabra de amor y una receta ..." sobre todo en los campos argentinos especialmente en pueblos de la provincia de Buenos Aires, como en los alrededores de Chascomús "... y su maravillosa laguna y en Chascomús mismo, donde tuvo su consultorio y donde formó su hogar con la que fue su amada esposa hasta la muerte y madre de sus hijos, "La negrita" de sus versos de amor, Dalmira López Osornio.

Del campo argentino no omite ningún detalle que le muestre su paleta de pintor impresionista: los paisajes, los seres que lo habitan, las cosas a las que presta personalidad, como el sulky relegado desde que apareció en la estancia el moderno automóvil del patrón y que se queja de su abandono.

No olvida a los habitantes sin importancia para otros ojos: los pájaros, como el hornero "que en cualquier poste hace su nido redondo como el mundo y hasta el cuervo: " /cuervo negro, negro, negro / tan negro como la tinta / sin una pluma distinta / solo te falta cantar / para ser como la tinta; la mínima e inofensiva arañita hilandera: " un hombre que camina por el campo / y ve extendido entre dos troncos verdes / un hilillo de araña blanquecino balanceándose un poco al aire leve / y levanta el bastón para romperlo / y ya lo va a romper.... y se detiene".

Y cómo va a olvidar las vacas que le recuerdan siempre la "vaquita hacer como la pastora de Millet que en medio del rebaño junta sus manos y levanta su mirada al cielo y exclama: " Cuarenta vacas negras y parejitas. Cuarenta vacas negras y una morita.

" Crepúsculo argentino sin campanas.... / qu é ganas, sin embargo de rezar / de juntar nuestras voces humanas / al místico mugido y al balar / a estas horas marea l a p ampa como un mar

Ante casi una tapera, exclama: " Quien me diera un ranchito allí como este, / sin color, sin perfumes y sin relieve / con un cuaderno / un tintero, una pluma / y un gran recuerdo".

Recorre las estancias y las granjas modestas en cuya huerta fraternizan los rosales con las coles: " sombra en el corredor y el campo ardiendo / en la huerta rosales y repollos / una gallina pasa precediendo / los puntos suspensivos de sus pollos.

En la estancia rica se cuela en la cocina de los peones (que en su época tenían una situación muy distinta a la actual) lo de bromear, arreglar algún lazo, gustar su asado, tocar la guitarra, descansar sus fatigas en catres humildes desde donde arrojan con elegante descuido sus alpargatas; los de peinarse ante un espejo roto sujeto a una cola de caballo colgada en la paré porque quieren estar presentables ante la criadita nueva que manda la patrona al cebar mate en la cocina; los ve nobles, fuertes y leales.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.