
Para competir con la importación y mejorar la productividad, los establecimientos incorporan nuevas variedades y aplican otros métodos de cultivo
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Los floricultores argentinos quieren aprovechar la potencialidad de un negocio millonario. Impulsados por una aplastante ola importadora que amenazó con quitarles gran parte de la clientela nacional, decidieron dar un giro de 180 grados en la producción.
El cambio empezó en forma masiva hace unos cuatro años. Entonces, los "fabricantes" de flores de corte empezaron a despertar del letargo y decidieron invertir para mejorar la calidad de los cultivos, aplicar tecnología de avanzada y ofrecer al consumidor una oferta de especies y variedades más atractivas y exóticas que las que prevalecían en el ámbito local.
Flores soñadas
Si bien los productores no alcanzaron la cima del crecimiento, ya recorren los primeros pasos del obligado "aggiornamento", en un mercado globalizado que ya no se conforma con claveles, rosas, crisantemos y gladíolos de colores limitados.
En la actualidad los cultivadores se esmeran por sacar de sus galeras flores soñadas, más duraderas que las tradicionales y supervistosas. El punto de partida de la transformación fue el uso de invernáculos más sofisticados y maquinarias, seguido por la renovación de las variedades y el mejoramiento del manejo del cultivo. Lo que hasta ese momento era una producción artesanal, fue transformándose en industrial. "Aparte de los cambios tecnológicos, de la incorporación, por ejemplo, de sistemas de riego artificial, cámaras de germinación, sembradoras, plantadoras, empaquetadoras, pulverizadoras de ultra-bajo volumen y uso de plantines obtenidos por cultivo de tejidos, se modificó el sistema de comercialización. La competencia hizo que todos se esmeren por mejorar y los productores comiencen a viajar a los centros de producción internacional, para ver qué hacen y qué quieren en el mundo", explica el ingeniero agrónomo Daniel Morisigue, técnico del Ceteffho-Jica, institución japonesa con sede en el Centro INTA Castelar.
"La transformación se hizo con la colaboración de técnicos especializados que, en muchos casos, trabajaron formando grupos de productores", comenta Alicia Giacomini, gerente de la Cooperativa Argentina de Floricultores, entidad fundada hace sesenta años, que nuclea a más de 3200 asociados. La entrevistada dice que entre los nuevos ejemplares Made in Argentina se encuentran Lisianthus, Asters, Limonium, Yerberas, Anémonas, Gypsofila, Liliums y, por supuesto, variedades más resistentes y coloridas de rosas; desconocidas orquídeas, jazmines, jacintos, azucenas y calas, entre otras. Hoy no por casualidad los aproximadamente mil puestos nacionales de venta callejera de flores son pequeños paraísos de colores y formas.
El núcleo se expande
Esperado rescate de un rubro que en el mundo mueve fortunas, Giacomini informa que en la Argentina hay alrededor de 1200 productores activos. En cuanto a la superficie que ocupan, comenta que la producción cubre 1500 hectáreas, de las cuales 500 están cubiertas por invernaderos y el resto se destina a cultivos al aire libre (800 ocupan los longilíneos gladíolos). El centro nacional de producción está en el Gran Buenos Aires: 80% entre La Plata, Estancia Chica, Florencio Varela, Villa Elisa, City Bell y Colonia Urquiza; 20% entre Escobar, Garín y José C. Paz. Claro que el mapa de la floricultura no termina aquí. La onda renovadora incorpora nuevas zonas. Los especialistas consultados agregan que las producciones se expanden en las provincias de Corrientes, Santa Fe, Mendoza, Córdoba, Tucumán y en algunas localidades sureñas.
Del subtrópico al frío, una vez más la Argentina puede producir un listado de flores en el que no faltan siquiera el sofisticado anturium, ejemplar de un pétalo que mide entre 6 y 10 centímetros de alto, tan brillante que parece salido de la gracia divina.
"Las provincias de la Patagonia tienen suelos y climas favorables para el cultivo de todas las especies bulbosas (tulipán, fresia, peonia, lilium, etcétera), obteniéndose mejores resultados que en algunos países de Europa. Salta, Jujuy y Catamarca son óptimas tanto para el cultivo de especies a campo abierto (statice, siempreviva, jazmín y flor de cera) como bajo cubierta (de rosa a lisianthus)", informa Giacomini.
De acuerdo con Morishigue, regiones aptas abundan, pero como están alejadas de los grandes centros urbanos, para que la producción resulte redituable, en principio debiera desarrollarse con apoyo oficial. Aparte de la incorporación de zonas no tradicionales, la nueva floricultura también puso bajo la lupa la flora autóctona, ya que ciertas especies originarias de América del Sur (petunia, verbena y alstromeria) han sido mejoradas en el exterior y hoy se comercializan en todo el mundo.
Tiempos de cambio
En el Ceteffho tienen claro que la rareza vende. Para explotar lo nativo, han comenzado a relevar e identificar plantas con valor ornamental. El testimonio de uno de los asesores del centro, el ingeniero Arisumi, es claro: "Queremos que dentro de algunos años la Argentina se identifique en el mundo con una flor autóctona como Inglaterra se identifica con la rosa, o China y Japón con el crisantemo".
Este negocio, que anualmente comercializa un promedio de 300 millones de varas, requiere de ciertos cambios para lograr una mayor evolución: construir un nuevo mercado de flores; crear un espacio permanente para exposiciones; incentivar el consumo a través de acciones de marketing y difundir nuevas variedades; lograr estándares de calidad internacional; unificar criterios técnicos; abrir centros de capacitación, empaque, control de calidad, ensayo de especies y una escuela especializada.
"El potencial exportador es importante, especialmente en contraestación con el hemisferio norte. Se han efectuado algunas operaciones de prueba, pero falta una organización comercial y técnica adecuada para hacer que estas experiencias piloto esporádicas se conviertan en continuas", culmina Giacomini.
En el negocio perfumado, la reconversión aún no es la gloria, pero con la ampliación de la oferta de flores argentinas se ampliaron las zonas de cultivo y mermó un poco la importación. Mientras que en 1994 se importaba 15% del consumo nacional, en la actualidad apenas se compra al exterior el 7% del consumo.
Los números del negocio
- El 80% de la producción del país se comercializa entre el Mercado de Flores de la Capital y el mercado anexo ubicado en la ruta 36 y la calle 425, en Colonia La Plata.
- En 1996, seis especies cubrían el 70% del total de la produccion de flor nacional: clavel, clavelina, crisantemo, san vicente y rosa.
- Los principales mercados del mundo son: Estados Unidos, Japón, Alemania, Holanda y Francia.
- En el Senasa funciona la Comisión de Flores y Plantas ornamentales, que se reúne cada dos meses.






