La doma tradicional y su paso a paso hacia la mansedumbre

Fuente: LA NACION - Crédito: FABIAN MARELLI
Ñaró Uribe
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7 de septiembre de 2019  

En una nota anterior titulamos en este espacio "Una cosa es domar y otra jinetear, no debemos confundir", tratando de marcar las diferencias entre esa noble contienda de igual a igual entre jinete y reservado, con la tarea del amanse del caballo y el logro de una perfecta armonía entre montador y montado, ya sea para deporte, tiro, o simplemente para el trabajo de campo.

Si bien, para todos los casos las etapas son distintas a medida que avanza la tarea, la primera y primordial es la creación de una relación de afecto entre el domador y quien será domado. El primer paso es el llamado "amanse de abajo" y consiste en el acercamiento que comienza con palmadas en el lomo, caricias en la tabla del pescuezo y en la frente, para continuar -previa inmovilización con maneas- rodeando las "verijas" (parte interna entre las patas y las ancas) con un maneador para quitar las cosquillas.

Sigue con las "galopeadas" a la par y la "tirada de la boca", más severa cuando el destino es el polo o las carreras. Luego, y difiriendo solo en los casos de una preparación para el tiro de carruajes, el trajín se basa casi exclusivamente en la adaptación a las varas y a los arneses, a los que paulatinamente se le irán cargando elementos pesados para acostumbrarlo al arrastre.

Pero para la mayoría de los casos, como el trabajo de campo, el deporte o las carreras, la tarea del amanse corre totalmente por cuenta del "domador", que arrancará la faena atándolo a un palenque, colocando sobre el lomo un cojinillo sobre la sudadera de lona blanca ceñido por un pegüal más bien cerca de los sobacos, que suele provocar el desahogo del potro con corcovo, sus orejas tiesas e inflamados los ojos.

Solo unos días después con la colocación de un bocado de guasca sobada abajo de la lengua y por detrás de los colmillos, de donde se apestillan las riendas de cuero crudo, para repetirlo varias veces antes de ser montado por primera vez. Y de ahí en adelante se viene la primera monta apareado por un peón ayudante que sujetado por una "asidera" (trozo de cuero grueso de una cuarta y media con una argolla que va a la encimera y otra al cabestro del bozal) lo apadrinará previniendo la posibilidad de abalanzos o bellaqueos pronunciados, para culminar días después con el ansiado primer galope y con la llegada a la categoría "redomón", que conllevará el fin del intercambio de relaciones amistosas y el inicio de una relación a suerte y verdad entre el yeguarizo y el domador.

Suele ocurrir en algunos casos que por arisco e indomable, el animal se resiste a ser amansado y sus dueños deciden descartarlo para las tareas comunes y reservarlo para las jineteadas, surgiendo de ahí el bautizo de "reservado", aprovechando para repetir una y mil veces que su atención y cuidado en manos de los tropilleros son muchas veces igualmente esmerados que los dedicados a los caballos destinados a otras actividades.

El siguiente paso, que significa el final de la faena, es cuando el caballo pasa a la categoría "de freno", con la consecuente devolución -previo cumplimiento de lo convenido y en el caso de no ser de su propiedad- del flete que ya "es de andar" a sus dueños por el domador, que partirá al tranco, armando un cigarro y recordando aquel payador que verseaba: El paisano argentino/ tiene un don tradicional/ que al indómito bagüal/ lo hace mansito y ligero/ por arisco y por mañero/ que haya sido el animal.

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