
Evaluación del problema hídrico
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LA PLATA.- "La lucha contra las inundaciones empieza a tener características de realidad", señaló el ministro de Infraestructura, Vivienda y Servicios Públicos bonaerense, Raúl Rivara, durante la presentación del libro "Inundaciones en la Región Pampeana", escrito por investigadores y docentes de la Universidad Nacional de La Plata.
El trabajo, editado por el ingeniero Orlando Maiola, y los doctores Néstor Gabellone y Mario Hernández, apunta a comprender el funcionamiento hidrológico de la cuenca del río Salado y del noroeste bonaerense, que soportó graves inundaciones en las últimas décadas, y recopila trabajos dirigidos a destacar las medidas complementarias a las obras de infraestructura que aseguren su éxito, además de proponer acciones de prevención de las inundaciones y rehabilitación de las áreas afectadas.
En este libro también participaron el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Instituto Nacional del Agua (INA).
La cuenca del Salado constituye, junto con el resto de la región pampeana, la principal productora de alimentos de nuestro país y una de las principales del mundo. Su superficie total es de 17 millones de hectáreas, con una población de 1,4 millón de habitantes distribuida, sobre todo, en centros urbanos.
Esta región está sujeta a ciclos recurrentes de inundaciones y sequías, lo cual origina daños directos en la producción agropecuaria estimados en casi US$ 300 millones anuales. Sin embargo, en inundaciones como las registradas en 1986, 1993 y 1999 en parte de la cuenca, se estima que los daños directos e indirectos ascienden a casi US$1000 millones.
Además, la trascendencia del área está dada por el hecho de que la producción de granos representa el 30% de la producción nacional, el 25% de las carnes y más del 60% de las exportaciones de productos agroindustriales de origen vegetal.
Antiguos registros
Sequías e inundaciones, dos palabras que mantienen plena vigencia en la provincia a través de los siglos. La noticia más antigua proviene de los primitivos españoles que pisaron estas tierras. En carta del 29 de marzo de 1576, se expresa "que el año fue fértil de aguas cuando llegaron (1574) y después acá en dos años y medio que estamos no hemos visto llover sino muy poco, en esta tierra tan estéril de aguas que se siembra y no grana".
Entre otros puntos, en el libro se destaca que "las obras encaradas en distintas épocas y por diferentes jurisdicciones no presentan una funcionalidad integrada (defensas, desagües urbanos, canales, caminos, puentes y alcantarillas), y cuando se producen coincidentemente fenómenos de crecida y tormentas regionales extraordinarias, las consecuencias son catastróficas".
Asimismo, se indica que "la mayor frecuencia de crecidas extremas y de lluvias excepcionales son ciertamente una causa concreta del incremento de los problemas de inundación, pero de ningún modo se puede pensar que estos hechos son impredecibles, ni mucho menos que se trata de una fatalidad".
También se reconoce que "ninguna obra se proyecta para controlar o proteger para siempre de la crecida o lluvia más grande posible; por lo tanto, no hay ninguna zona que esté absolutamente segura de que nunca más se volverá a inundar, por lo que pretender hacer obras que eliminen totalmente el riesgo de inundación es absolutamente antieconómico". Una obra bien estudiada y proyectada debe comportarse con suficiente margen de seguridad como para evitar situaciones imprevisibles, señalan.
Los técnicos e investigadores señalan que "el manejo hídrico de un sistema tan cambiante no puede ser protagonizado más que por el Estado".





