La suba del petróleo llegó cuando más combustible se consume para la recolección de los cultivos; en el transporte advierten que puede generar presiones en los precios internos
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La escalada del conflicto en Medio Oriente y la intervención de Estados Unidos e Israel en Irán, junto con el “cierre” del estrecho de Ormuz —por donde circula cerca del 20% del crudo mundial— hicieron que el petróleo volviera a escalar y que el Brent quedara en US$81,08, con un aumento de 4,3%. El movimiento internacional no es un dato más para la Argentina: llega justo cuando el agro se acerca al tramo más intenso de la cosecha de soja y maíz, los dos cultivos de mayor peso económico. No se trata solo de una referencia financiera. En plena cosecha gruesa se consumen alrededor de 440 millones de litros de gasoil. Es el momento del año en el que más máquinas trabajan en los lotes y más camiones circulan hacia los puertos. Por eso, cualquier movimiento en el precio internacional del crudo se sigue de cerca, porque el gasoil es un insumo central tanto en las labores agrícolas como en la logística.
Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) publicado en septiembre pasado, para la campaña 2025/26 el agro iba a realizar un consumo récord de 2324 millones de litros de gasoil, lo que en ese momento equivalía a unos US$2579 millones. La estimación se hizo sobre la base de una superficie proyectada de 41,1 millones de hectáreas y una producción total cercana a 144 millones de toneladas. Parte del combustible se destina a las tareas en el campo —siembra, aplicaciones y cosecha— y otra parte al traslado de los granos, ya que se calculaba que unas 132 millones de toneladas se moverían hacia acopios y puertos, principalmente en camión, que concentra cerca del 97% del consumo en logística.
Sin embargo, esos números eran proyecciones de inicio de campaña y fueron cambiando con el correr de los meses. Según las últimas estimaciones de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la BCR, hacia marzo la producción esperada rondaba los 48 millones de toneladas de soja, 62 millones de toneladas de maíz, con variaciones en superficie respecto de lo previsto originalmente. Como el consumo de gasoil depende directamente de cuánto se siembra, cuánto se cosecha y cuánto se transporta, la cifra calculada en septiembre podría ajustarse según el resultado final de la campaña.
En este contexto, el presidente de YPF, Horacio Marín, afirmó hoy que la suba internacional del petróleo no se trasladará automáticamente al surtidor porque la empresa aplica un esquema de promedios móviles: “Tenemos una política de precios que vamos promediando (…) Lo que tratamos de evitar es pasar al consumidor precios de manera muy rápida”. No obstante, advirtió que si los valores se mantienen altos durante meses habrá impacto: “Si los precios del petróleo se mantienen altos durante meses, sí va a terminar impactando en el surtidor (…) pero va a ser muy lentamente”, y aclaró que solo una suba sostenida —no un pico transitorio— tendría efecto en los precios locales.
Por esa razón, Luis “Freddy” Simone, presidente de la Federación Argentina de Contratistas de Máquinas Agrícolas (Facma), señaló que “cuando pasan estas cosas de guerra y conflictos siempre preocupa”, aunque aclaró que, salvo que se trate de un aumento muy brusco, los incrementos pueden absorberse o eventualmente discutirse en una nueva tarifa. En el caso de esta actividad, el combustible representa entre el 15% y el 20% del valor de la labor, por lo que cualquier variación tiene efecto directo en los costos operativos.
El secretario de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), Pablo Ginestet, señaló que existe preocupación por la evolución del combustible en plena cosecha, aunque por ahora no lo considera un factor determinante. Explicó que una suba del 2% al 5% en el gasoil, prorrateada en el costo de una labor, tiene un impacto acotado. No obstante, advirtió que el foco más sensible hoy está en los fertilizantes, donde se observan incrementos de entre el 3% y el 5%, un dato que puede cobrar mayor relevancia de cara a la próxima siembra de trigo.
El transporte es otro de los eslabones de la cadena con un potencial impacto. Pese a las declaraciones de Marin, para Emilio Felcman, economista de la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (Fadeeac), un Brent por encima de los US$80 “no va a pasar desapercibido”.
“Estamos en el pico más alto de los últimos seis meses, con un Brent mayor a 80 dólares, y eso puede provocar presiones mayores en los precios de los combustibles”, advirtió. Y fue más allá: “En un contexto de mayor desregulación del mercado petrolero y de debilitamiento de las medidas que puedan desacoplar los precios internos de los internacionales, un barril en estos niveles seguramente genere impacto”.

El especialista recordó que el sector ya viene de un año complejo. “En 2025 el gasoil terminó aumentando un 45%, por encima de la inflación minorista, que fue del 31,5%”, señaló. Agregó que en la segunda parte del año hubo una aceleración importante, con subas mensuales de 7,3% en noviembre y 4,4% en diciembre. Ese comportamiento golpea directamente la estructura de costos siendo que “el combustible es el costo más representativo de la actividad”, dijo.
Remarcó que más del 90% de la carga en la Argentina se mueve por camión y el sector consume aproximadamente el 45% del gasoil total del país. Eso, detalló, implica “algo más de 6000 millones de litros sobre un consumo global cercano a los 13.000 millones”. En ese sentido, concluyó: “Un Brent por encima de los 80 dólares no es neutro para una actividad que es la mayor consumidora de gasoil y que es estratégica para toda la economía, incluido el agro”.
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