La ganadería argentina muestra señales de menor disponibilidad de hacienda, mayor permanencia de animales en recría y feedlots con niveles récord. En este escenario, el manejo del pasto empieza a ser una decisión económica central
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La ganadería argentina atraviesa un momento particular: menos oferta disponible, mayor retención de hacienda y un nivel récord de animales encerrados en feedlots. Los últimos datos difundidos por Rosgan muestran que, al 1° de junio, los establecimientos de engorde a corral alcanzaron 2,18 millones de cabezas, un 7% más que el mes anterior y por encima del máximo histórico previo.
Al mismo tiempo, el movimiento de terneros y terneras hacia cría e invernada viene mostrando una reducción significativa. Durante mayo se trasladaron 1,18 millones de cabezas, un 9,5% menos que en igual mes del año pasado. En los primeros cinco meses del año, los movimientos acumulados alcanzaron 4,57 millones de cabezas, una baja del 13% frente al mismo período de 2025.
La menor salida de terneros desde los campos responde a dos fenómenos que se combinan. Por un lado, existe una restricción estructural derivada de una menor producción de terneros en los últimos años. Por otro, se observa una decisión más marcada de retener animales, favorecida por precios y expectativas que incentivan ciclos productivos más largos.
La dinámica, sin embargo, no es igual para machos y hembras. En las hembras, la retención aparece principalmente en los campos de cría y puede ser una señal temprana de recomposición del stock de vientres. En los machos, en cambio, una mayor proporción sigue saliendo de los establecimientos de origen, pero no necesariamente ingresa directamente a corrales. Según los datos relevados, apenas el 14% de los terneros machos tuvo como destino inicial un feedlot, frente a niveles cercanos al 21% en años anteriores.

Ese dato confirma una tendencia cada vez más visible: la recría pastoril gana espacio como etapa previa al encierre. La lógica es clara: aprovechar mejor los recursos forrajeros, reducir costos de alimentación y llegar al corral con animales más desarrollados.
Pero recriar más a pasto no significa simplemente retener animales durante más tiempo. Exige planificar la oferta forrajera, ajustar cargas, ordenar ambientes, definir momentos de entrada y salida, y medir si el pasto efectivamente se transforma en kilos de carne. En un contexto de menor oferta y precios todavía firmes, el manejo del pasto deja de ser una cuestión meramente productiva para convertirse en una decisión económica.
Faena
La faena también refleja esta restricción. En mayo, las remisiones a plantas alcanzaron 997.774 cabezas, una caída interanual del 12%. En los primeros cinco meses del año, la faena acumuló 4,9 millones de animales, frente a 5,5 millones en igual período del año anterior.
Hacia adelante, la pregunta será cuánto de esta retención responde a una recomposición genuina del rodeo y cuánto a una decisión coyuntural de capturar mejores condiciones de mercado. En cualquier caso, la ganadería está en una etapa en la que las decisiones de recría, reposición, carga, terminación y venta tendrán cada vez más peso en el resultado económico.

La restricción de oferta puede sostener valores, pero no garantiza rentabilidad. La diferencia estará en cómo cada campo administra sus recursos, especialmente el pasto, que en esta etapa deja de ser solo una base productiva para convertirse en una de las principales variables para capturar valor.
El autor es socio de la consultora Conocimiento Ganadero
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