Productos biológicos: por qué son un pilar fundamental para producir más cuidando el ambiente
Protagonistas esenciales de lo que se conoce como agricultura regenerativa, abarcan una amplia gama de prácticas y tecnologías para encarar el cambio de modelo agrícola.
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La comunidad científica lo viene afirmando cada vez con más vehemencia: si no cambiamos nuestra forma de producir y consumir para el 2030 el impacto en el cambio climático será irreversible. Una sentencia que interpela directamente a la forma en que producimos alimentos, actividad responsable del 25% de las emisiones de carbono. Por eso, el debate gana terreno: cómo podemos incrementar la producción cuidando el ambiente.
La solución, para muchos, está en la agricultura regenerativa y en el uso de productos biológicos. “Ofrecer modelos que nos lleven a la intensificación sostenible de la producción para dar respuesta a la demanda de alimentos que trae el crecimiento poblacional es hoy la principal ocupación de las empresas del sector”, dice Juan Catracchia, jefe de Biológicos de Rizobacter en Argentina. “Para esto es clave acercar nuevas ofertas al productor. El uso de tecnologías biológicas, por ejemplo, garantiza el rendimiento de los cultivos y se presenta como una de las soluciones más concretas para salir de la disyuntiva entre mayor producción o cuidado del ambiente”, agrega.
Para avanzar en sistemas que contribuyan a frenar el proceso de cambio climático, Rizobacter viene buscando respuestas en la naturaleza hace más de 45 años con el fin de desarrollar y difundir un nuevo modelo agrícola. “Conocer en profundidad los servicios de nutrición y protección que nos brindan los millones de microorganismos presentes en el suelo, como las bacterias y los hongos, es otro gran desafío que en Rizobacter hemos tomado como motor de crecimiento de la empresa y del campo”, argumenta Catracchia.

El camino “biológico”
Una de las soluciones para producir más alimentos disminuyendo el impacto ambiental está en los llamados productos “biológicos”, lo que significa que derivan de organismos naturales, como hongos, bacterias, ácaros o extractos de plantas.
Uno de esos productos son los biofertilizantes, entre los cuales están los inoculantes, que mejoran la nutrición de los cultivos, aumentando la eficiencia en el uso de nutrientes o aprovechando el nitrógeno del aire. “La inoculación evita un alto costo económico para el productor y un impacto negativo para el ambiente en contraposición a los fertilizantes químicos nitrogenados, que demandan un consumo de combustibles fósiles, una alta emisión de dióxido de carbono a la atmósfera e incidencia en el equilibrio de los ecosistemas”, explica Catracchia.
La aplicación del inoculante tiene un valor de USD 4 por hectárea, mientras que la urea, el fertilizante nitrogenado que se produce industrialmente, cuesta alrededor de USD 150-200 por hectárea. Esto demuestra un retorno de la inversión que supera el 50%, sumado a que es posible fortalecer la condición nutricional del cultivo con rindes mayores al 5% en promedio.
Los bioestimulantes y bionutrientes, por su parte, permiten un uso más eficiente del agua y de los nutrientes. Y los biofungicidas, bioinsecticidas y bioherbicidas protegen a las plantas frente a las plagas y malezas. Aunque no reemplazan a los productos de síntesis químicas, sí permiten la reducción de su uso mediante modos nuevos de acción.

Ventajas de la agricultura regenerativa
La agricultura regenerativa puede ser un camino válido para producir más alimentos a menor costo y mitigar el cambio climático, asumiendo un papel central en el sostenimiento de la producción agrícola en el corto y mediano plazo. ¿Por qué? Porque si el 95% de los alimentos que comemos se produce directa o indirectamente en la capa superior del suelo, es urgente encontrar formas de manejar mejor nuestros suelos para recomponer sus propiedades naturales.
La agricultura regenerativa consiste en un sistema de prácticas que van desde los cultivos de cobertura, la rotación de cultivos, la labranza cero y el uso reducido de insumos hasta sistemas integrados de cultivos y ganadería. Uno de sus pilares fundamentales es la utilización progresiva de productos biológicos a modo de intervenciones específicas en la cadena de suministro. La reducción en el uso de productos químicos dará como resultado suelos y plantas más saludables en un ecosistema más equilibrado.
“El impacto de la agricultura es muy relevante en la emisión de gases, pero a diferencia de otros sectores, es el único que puede pasar de ser un emisor neto a ser un secuestrador o a alcanzar la neutralidad de carbono. Por eso, todo lo que nos permita ser productivos y rentables bajo prácticas regenerativas debe ser considerado”, destaca el técnico de Rizobacter. “Es importante considerar el cambio de paradigma productivo que esto implica. Pasar de solo soluciones curativas, con el producto de síntesis química, una vez visto el daño del agente patógeno, a manejos preventivos en los cuales preparamos a los cultivos para defenderse es en sí un concepto totalmente distinto. Es observar y aprender de la naturaleza y plantearnos una convivencia en las formulaciones de químicos con biológicos y aprovechar lo mejor de ambos mundos”, añade.

Mercado en crecimiento
Las proyecciones del mercado de los productos biológicos para los próximos años dan cuenta de tasas de crecimiento del 15% anual a nivel global, lo cual asegura la aparición de nuevos productos y nuevas tecnologías, un gran caudal de inversión en el negocio, nuevas alianzas comerciales y mayor investigación y desarrollo. Según la Cámara Argentina de Bioinsumos, para 2025 se comercializarán productos por USD 11 billones.
Rizobacter, empresa pionera y líder en el sector, desarrolló por ejemplo, junto al INTA, el primer terápico biofungicida para semilla de Argentina, que creció significativamente en la campaña 22-23 alcanzando una superficie a 900.000 hectáreas de trigo, cebada, arroz y soja en el país. Como parte del Grupo Bioceres Crop Solutions, la compañía atraviesa hoy un proceso de reorganización que resulta de la adquisición de Marrone-Profarm, lo que la posiciona como uno de los proveedores más importantes de biológicos a nivel global y permitirá la llegada a los mercados latinoamericanos de 18 nuevas tecnologías de origen biológico, entre ellos bioherbicidas, biofungicidas, bioinsecticidas y bionematicidas.
“La sustentabilidad ya no es motivo de diferenciación o de elección: es una obligación que impone una crisis climática y alimentaria sin precedentes. Por eso, surge la necesidad de fortalecer el desarrollo de tecnologías que más que acompañar la adaptación a los efectos adversos que ya estamos viviendo, contribuyan a la regeneración de la riqueza de nuestros suelos y brinden herramientas para un mayor rendimiento”, concluye Catracchia.
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