Relevancia de la luz en el cultivo de tomates

El INTA San Pedro realizó un trabajo en el cual detalla los beneficios de este factor a la hora de obtener una cosecha adecuada
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10 de mayo de 2003  

La luz es un parámetro climático fundamental que influye en el crecimiento del tomate. Aunque no puede aislarse de otros parámetros, la Estación Experimental del INTA, San Pedro, profundizó sobre su incidencia en el cultivo.

Los factores ambientales influyen en el crecimiento, desarrollo y rendimiento de las plantas por afectar su fisiología. En el marco de un sistema productivo, el ambiente que interesa al productor incluye principalmente al clima, al suelo y a las condiciones sanitarias.

Dentro de los parámetros climáticos a su vez, los más destacados son: temperatura (de aire, de suelo, de hoja, etc.), luz, CO2 y humedad relativa.

Ningún parámetro climático puede tratarse aisladamente, ya que todos interactúan de manera compleja sobre las plantas, como es el caso particular de la luz, sostienen los especialistas del INTA.

"La luz se mide con diversos instrumentos y de múltiples maneras, y se expresa en watts, nanómetro, lux, mol, etcétera", expresan.

La radiación solar, explicaron, cuando llega a los cultivos ya ha sufrido una serie de reducciones por diversos factores atmosféricos y por la nubosidad. Si este cultivo crece dentro de un invernadero el aporte de la radiación será aún menor pues la cubierta impone otra barrera.

El tomate es una hortaliza exigente en luz. Lo es durante todo su desarrollo, pero muy especialmente en las etapas vegetativa y de floración.

La luz interactúa fuertemente con la temperatura, y es así que para niveles bajos de luz las temperaturas óptimas que favorecen al cultivo son distintas a las necesarias para niveles altos de luz.

A su vez, cada combinación luz-temperatura necesita un rango determinado de CO2 para llevar adelante la fotosíntesis de la manera más eficiente; y, cada combinación luz-temperatura- CO2 requiere de un rango apropiado de agua, y así sucesivamente se asocian todos los factores involucrados en la producción.

Primeras semanas

Diversos estudios han demostrado que cuando falta luz en las primeras semanas de desarrollo del tomate se resienten los rendimientos de forma irreversible, ya sea por menor producción de hojas (que son la fuente de asimilados para los frutos), por menor número de flores diferenciadas por racimo, por menor peso y tamaño de frutos formados o, por mayor tiempo requerido para la maduración (lo que significa mayor tiempo de exposición del fruto a plagas, enfermedades, fisiopatías, etcétera).

Estos parámetros no se ven. Al recorrer un cultivo puede notarse enseguida el ataque de plagas y enfermedades o los síntomas de deficiencia de distintos elementos, pero no percibimos cuántas hojas, flores o frutos faltan por no haberse formado.

Para ubicar una situación particular y tener una idea aproximada de cuánto se está perdiendo, hay que conocer los valores de luz que recibe el cultivo.

En experiencias desarrolladas en la Estación Experimental San Pedro, a través de varios años y ensayando distintas fechas de trasplante de tomate en invernadero, se ha registrado la radiación incidente en la zona.

A modo de ejemplo podemos mencionar que, para un trasplante "temprano" de principios de julio, la cantidad de luz recibida por el cultivo durante el estado vegetativo es de aproximadamente 720 moles/m2 valor que, nos ubica en un tiempo de 95 días de espera hasta maduración del primer fruto.

Si se considera que para ese cultivo, la aparición del primer racimo puede preverse para principios de setiembre (si todas las otras condiciones no son críticas), la cantidad de luz recibida por el mismo, durante la floración y maduración del fruto, puede rondar los 900 moles/m2.

Si el trasplante es más tardío, los valores de luz recibidos por el cultivo son mayores y por los tanto esperaremos menos tiempo para la cosecha y mayores rendimientos (siempre SI los otros parámetros climáticos, sanitarios, de suelo, se encuentran en rangos apropiados).

Limitantes estacionales

"Estas consideraciones tienen que llamar a la reflexión. Por una parte debe pensarse que el invernadero es un sistema de producción que favorece la calidad y modifica el microclima que rodea a los cultivos, pero no podemos aspirar a producir en cualquier época del año una especie que tiene determinadas y precisas exigencias, si no le brindamos todas las condiciones que necesita", expresaron los investigadores.

Por otra parte, puede asegurarse que no basta con calefaccionar un invernadero para cosechar tomate en invierno, ni alcanza con adelantar las fechas de trasplante para entrar primero en producción.

Tampoco, en épocas de calor, el sombreado de un cultivo exigente en luz brindará la clave del éxito, ya que, aplicado en un período crítico (como es la diferenciación floral) puede hacer disminuir el rendimiento potencial de una manera difícil de ponderar, pues no se observan las pérdidas.

Si se tiene en cuenta la gran importancia que tiene la luz sobre el desarrollo de los cultivos, puede actuarse sobre el invernadero para mejorar su entrada y distribución.

Algunas de las formas posibles son: orientación y diseño adecuados, elección del material de cubierta con mayor transmisividad y difusión de la luz, aplicación de mallas de sombreo de densidad apropiada y en el momento preciso.

Sistema de trazabilidad para la miel

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) impulsó la resolución 186/2003 que aprueba los sistemas de control para establecer las condiciones de trazabilidad para la miel desde su obtención hasta su posterior destino a embarque para exportación.

Esta resolución de trazabilidad, es complementaria de la normativa 353/2002, que establece la habilitación, registro e inscripción de salas de extracción, así como la firma de convenios con las autoridades sanitarias de las diferentes provincias.

"Facilita la incorporación de los productores a los registros, permitiendo mejorar el sistema de trazabilidad y contribuye a la capacitación de los apicultores para generar un producto diferenciado", sostuvo el Ministerio de la Producción en un comunicado.

El sistema de trazabilidad, señala el organismo, es el resultado del trabajo del Senasa junto con los productores y comercializadores en el control de los parámetros de calidad, sanidad e inocuidad. También se empleará como herramienta un registro total de inspectores para el control general del sector.

Actualmente la Argentina es el primer exportador mundial de miel, alcanzando en el primer trimestre de este año las 22.272 toneladas certificadas por un valor de 47.769.000 dólares. Los datos durante 2002, registran la exportación de 80.155 toneladas por un valor de 113.998.000 dólares.

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