La producción creció casi 9% y el consumo volvió a marcar máximos históricos, pero el exceso de oferta, el aumento de costos y el ingreso ilegal de mercadería desde países vecinos complicaron la rentabilidad del sector
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El cierre de 2025 dejó una señal de alerta para el negocio del huevo. Después de un año de fuerte expansión productiva, los últimos dos meses fueron “extremadamente malos”, no por falta de producción sino, justamente, por lo contrario. El aumento de la oferta, cercano al 10% en el conjunto del año, terminó superando la capacidad de absorción del consumo interno y presionó los precios a la baja.
En ese contexto, el valor del maple en granja cayó de alrededor de 5500 pesos a 3500 pesos, una baja superior al 60% desde mayo. Al mismo tiempo, los costos de producción subieron entre 40% y 50%, lo que deterioró de manera significativa la rentabilidad de los productores de ovoproductos. Según la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA), en muchos puntos de venta esa baja no se trasladó al consumidor, quedando una mayor parte del margen en la cadena comercial .
Frente a este escenario, en el sector reconocen que hay preocupación por cómo reordenar el mercado. Las alternativas no son muchas: mejorar el consumo interno, ajustar la oferta o buscar una mayor salida exportadora. “Si queremos producir en estos niveles con rentabilidad, la gente tiene que consumir más; si no, habrá que achicar la producción entre un 7% y un 10%”, explicaron desde la actividad.

Más allá de ese cierre complicado, los referentes del sector aclaran que el balance general del año fue muy positivo. Según el informe productivo 2025 de CAPIA, la producción de huevos creció 8,8% interanual, con un total cercano a 19.000 millones de unidades, mientras que el consumo interno volvió a ubicarse en niveles récord, con más de 398 huevos por habitante al año, lo que posiciona a la Argentina como el mayor consumidor per cápita del mundo. Ese crecimiento estuvo respaldado por una fuerte expansión del parque productivo. La cantidad de aves en postura pasó de 57,7 a 62,7 millones, un aumento del 8,7%, con una estructura que se mantiene estable: 74% de huevos blancos y 26% marrones .
“Cuando mirás la película completa, de enero a diciembre, el año fue extraordinario”, resumió Javier Prida, presidente ejecutivo de la entidad, aunque aclaró que el deterioro de los últimos meses terminó opacando ese resultado.
Es que a la caída de los precios se sumó, además, un fuerte aumento de los costos. “El costo para producir es más elevado y el precio es más bajo; estamos en una situación difícil”, señaló Prida, quien estimó que la inflación de los costos productivos fue de al menos entre 40% y 50%.
Una de las salidas frente a la sobreoferta es canalizar parte de la producción hacia la exportación, una vía que hoy representa apenas alrededor del 1,6%–2% de lo que se produce. En 2025, el sector exportó 323 millones de huevos, un 15,8% más que en 2024, aunque ese crecimiento no alcanzó para compensar el exceso de oferta . El problema, explicó Prida, es que el esquema actual desincentiva esa alternativa. “Exportar es todo en blanco, con IVA y pagos a 90 días, contra un mercado interno donde se vende al contado y sin impuestos”, señaló.
Por eso, Prida remarca que el esquema impositivo es uno de los factores que más condicionan la competitividad del sector. El huevo tributa un IVA del 21%, una alícuota más alta que la que pagan otras proteínas animales, como la carne bovina, aviar o porcina, que están alcanzadas por una tasa del 10,5%. Esa diferencia impositiva, remarca, encarece el producto, reduce márgenes y limita la capacidad de competir tanto en el mercado interno como en el externo. “Si el IVA bajara a ese nivel, la exportación podría cuadruplicarse”, aseguró Prida.
En ese contexto, el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea implica una nueva oportunidad para el sector. Prida detalló que el entendimiento prevé cuotas crecientes sin arancel para productos como huevo en polvo y albúmina, que van desde 600 toneladas el primer año hasta 3000 toneladas al quinto, en cada una de esas posiciones. Prida recordó que esa cuota fue negociada por la Argentina en 2017–2018, cuando Brasil todavía no estaba habilitado para exportar este tipo de productos. Hoy, con Brasil ya autorizado, el impacto final del acuerdo dependerá de cómo se distribuya el cupo dentro del bloque. “Brasil va a querer una parte importante del cupo”, advirtió.
Ingreso ilegal
A este escenario de sobreoferta y precios en baja se sumó otro factor que terminó de desordenar el mercado: el ingreso ilegal de huevos desde países vecinos. Según el informe productivo 2025 de CAPIA, las importaciones formales e informales representaron el 0,7% de la producción nacional, unas 133 millones de huevos, con un crecimiento del 665% interanual .
Desde la cámara explican que esa estimación surge de casos concretos: socios que tienen depósitos en zonas de frontera dejaron de vender parte de su producción por el avance del contrabando. Esa mercadería que no salió por los canales formales es la que permite dimensionar el volumen de huevo ilegal que ingresó durante el año.
“Ese huevo entró, no era argentino y se consumió igual”, explicó Prida. El fenómeno fue especialmente fuerte en la frontera con Bolivia —en áreas como Potosí, Salvador Mazza y Clorinda—, aunque también se registraron ingresos desde Paraguay y Brasil.

Según relató, el contrabando no se limitó a la venta en comercios, sino que se ofreció de manera directa y abierta a través de redes sociales y canales online. “Vimos fotos de cómo se vendía el huevo por redes; no es una suposición”, dijo. Según describió hay casos de vecinos que almacenaban huevo de contrabando en sus casas y lo comercializaban sin controles ni habilitaciones.
En este marco dio como ejemplo lo que ocurrió en la provincia de Formosa, que no tienen producción avícola propia. “Todo lo que se consumía ahí venía de otras provincias, y eso fue lo que dejamos de vender”, explicó. En esos casos, el ingreso ilegal reemplazó directamente ventas de huevo argentino, dejando más producto sin salida en el mercado interno.
Frente a esta situación, desde Capia advierten que el ingreso de mercadería por vías informales alimenta una competencia desleal, ya que se trata de productos que entran al país sin pagar impuestos ni cumplir con las normas sanitarias vigentes. Además, alertan por el riesgo sanitario que implica este tipo de prácticas, en un contexto en el que la Argentina se mantiene libre de enfermedades presentes en países vecinos.
En ese sentido, Prida señaló que hubo intervención del Gobierno y reconoció que “el Ministerio de Seguridad tomó cartas en el asunto”. Sin embargo, advirtió que el problema todavía no está bajo control y remarcó que la dificultad de fondo sigue siendo la extensión de la frontera y la gran cantidad de pasos clandestinos.
También denunció la actuación de algunos funcionarios locales. “En algunos lugares no les importaba el origen del huevo, solo que la gente compre barato”, afirmó. Según dijo, esa actitud facilitó el ingreso de mercadería ilegal y derivó en denuncias y sumarios internos. “Hay funcionarios sumariados en Gendarmería, en Senasa y en Aduana por las denuncias que hicimos”, aseguró.
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