Canje de deuda, analizando la clave decisoria
En la Argentina 2023, con la enorme crisis y debilidad política que hay, “patear la pelota para adelante” no sólo no es poco sino que tampoco es fácil de lograr
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El reemplazo de algunos títulos emitidos por el Estado por otros que vencen con posterioridad motivó reacciones en el plano estrictamente político, y también precisiones e interrogantes por parte de los expertos en el tema. No tengo nada que agregar, en ninguno de ambos planos.
Pero el hecho también merece un análisis desde la perspectiva de los procesos decisorios. Estado y bancos (principales tenedores privados de los referidos títulos) llegaron a la mesa de negociaciones, “entregados”. El Estado, porque no tiene cómo pagar con emisión los títulos en los vencimientos originales, no tiene reservas ni bienes fácilmente convertibles en efectivo, y nadie le presta. Los tenedores privados, porque no tienen alternativa a negociar (¿forzar un default, en la Argentina 2023, a quién se le ocurre?). No solamente cada una de las partes llega a la mesa de negociaciones “entregada”, sino que la otra parte lo sabe.
En estas condiciones lo que cabía esperar era un acuerdo, que fue lo que ocurrió. Ahora bien, no hay que ser un experto en teoría de los juegos, que en rigor debería denominarse teoría de las decisiones cuando la interacción es intensa, para advertir que una cosa es la probabilidad del acuerdo, y otra la sustancia del acuerdo. Me refiero a los plazos y las condiciones de rentabilidad de los nuevos títulos. Esto fue una pulseada entre personas que estaban en el mismo bote. La clave estaba en pelear, pero sin que el bote se diera vuelta.
No estoy en condiciones técnicas de evaluar el rendimiento de los nuevos bonos, pero sí indicar que en la Argentina 2023, con la enorme crisis y debilidad política que hay, “patear la pelota para adelante” no sólo no es poco sino que tampoco es fácil de lograr. Acusar al Gobierno de que con medidas como éstas intenta llegar al 10 de diciembre de 2023 es ignorar el contexto en el cual se plantea hoy la política económica.
En el entendible afán de finalizar el mandato, el actual gobierno le deja “bombas” al próximo. ¿Qué otra cosa cabe esperar? Quienes hubieran preferido que en mayo o junio próximos al actual gobierno le estallara la bomba en sus manos, obligándolo a hacer el ajuste, sencillamente no piensan. Porque si este gobierno tiene que enfrentar un shock, un colapso o una corrida, le entrega las llavea a la Asamblea Legislativa de manera anticipada. Ergo, no sé si el canje acordado es el mejor, pero descomprimió un frente. No es poco.
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