
Carlos Tramutola, una vida dedicada a la empresa y a su desvelo: la educación
Murió a los 81 años; condujo los destinos de Techint en los 80, presidió ACDE e IDEA y fundó una ONG para evitar que los alumnos abandonen la escuela
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Carlos Daniel Tramutola, uno de los hombres de empresa más importantes de los últimos 40 años, emprendedor y fundador de una organización que acompañó en la educación a más de 15.000 jóvenes y adolescentes de bajos recursos desde 1997 hasta la actualidad, murió el viernes pasado a los 81 años como consecuencia de una larga enfermedad.
Se hace difícil encontrar un dirigente con tanta relevancia en el establishment y, al mismo tiempo, con una vocación de servicio tan evidente. Tramutola fue durante más de 20 años el máximo ejecutivo de Techint, miembro de una joven generación que Roberto Rocca, entonces líder y principal accionista de la compañía, eligió para conducir los destinos del grupo.
Había nacido el 22 de marzo de 1943 en la ciudad de Buenos Aires y se recibió en 1966 en la UBA de ingeniero industrial. Hijo de Juan José Tramutola, hombre dedicado al fútbol y director técnico del seleccionado argentino que ganó en 1929 la Copa América y salió subcampeona en el Mundial de 1930 en Uruguay, Carlos heredó de su padre la disciplina, el afán para el trabajo y esa capacidad para proyectar en grande que tienen los hombres que no se conforman con los primeros logros. Por eso después de ocupar cargos como la vicepresidencia ejecutiva del grupo Techint en los años 80 se dio tiempo para presidir, por recomendación de Domingo Cavallo, la recién privatizada Aguas Argentinas y fundar, apenas entrados los 90, Strat Consulting, la consultora que ocupó gran parte de su vida profesional en los 2000.
Dicen que era expeditivo y eficaz para resolver y que una reunión laboral con él solía no extenderse por más de 8 minutos. “Te miraba y ya estaba en tema”, dijo alguien que lo frecuentó durante muchos años y que le reconoce no sólo inteligencia, sino una humildad difícil de encontrar en directivos de su trayectoria y formación. “Era raro que hablara de sí mismo”, completó. Un rasgo que indudablemente coincidía con su fe cristiana.
Formado en la escuela pública porteña, Tramutola tenía además un posgrado en la Cornell University y había hecho cursos de Corporate Strategy en el MIT y Presidents Management en la Universidad de Stanford. Era miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y se desempeñó como profesor titular de la Universidad de La Plata y en el MBA de la UCA. Recibió premios Konex en 1988 y 2013.
Casado durante toda la vida con Cristina Tellez, de quien enviudó en 2017, tuvo con ella dos hijos: Carlos, ingeniero industrial y emprendedor, y María Julia, diseñadora gráfica, que le dieron seis nietos. A ellos dedicó gran parte de su tiempo, que repartió también entre largas tardes con amigos en el Club Universitario de Buenos Aires (CUBA), pasión por Boca y, de joven, la práctica de waterpolo como arquero en Ferrocarril Oeste.
Además de la vida corporativa, que incluyó la presidencia de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) entre 1984 y 1987 y más tarde la de IDEA, su labor destacada estuvo en el ámbito de la educación, su gran desvelo, que lo llevó a impulsar en 1997 la Fundación Cimientos, una ONG que acompaña desde entonces a adolescentes y jóvenes de bajos recursos desde el nivel secundario hasta la vida universitaria y que ya exhibe más de 15.000 casos de éxito. “Estamos en indigencia educativa”, repetía hace unos años en una presentación.
“Charlie” o “Tramu”, eran los sobrenombres con que se lo conocía afectuosamente en los ámbitos laboral o de amistades, respectivamente. Dos gobiernos, el de Alfonsín y el de Menem, le ofrecieron cargos que prefirió rechazar. No porque no tuviera la capacidad de asumir con creces la función pública: su lugar estaba más bien en el sector privado desde el que despegan los países que, como Tramutola, no se detienen ante lo que disponga un gobierno o las dificultades de lo meramente coyuntural.





