
Centros de atracción
La mayoría de los polos tecnológicos todavía no tiene una regulación ni consiguió ventajas fiscales. En el sector privado destacan como otra falla importante la falta de cultura de cooperación entre las empresas y el sector público. Sin embargo, siguen creciendo en todo el país
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No todas las empresas buscan lo mismo en un polo, parque, incubadora o cluster. Algunas quieren vincularse con distintas compañías, otras buscan mayor investigación y desarrollo, y también están las que quieren una buena infraestructura, pero, seguramente todas quisieran obtener beneficios fiscales.
Sin embargo, en la mayoría de los casos estos beneficios aún no se otorgan en la Argentina, salvo que históricamente el polo haya sido un parque industrial.
Esta falta de incentivos fiscales no parece ser una traba para el crecimiento de ese tipo de asociaciones. Un relevamiento realizado por la Asociación de Incubadoras de Empresas, Parques y Polos Tecnológicos de la República Argentina (Aipypt), en 2003, reveló que existen 33 incubadoras de empresas identificadas y 22 parques y polos tecnológicos.
Del total de incubadoras existentes sólo 23 respondieron al estudio, ocho de las cuales funcionaban antes de 2001, mientras que en los años siguientes se instalaron otras quince incubadoras. En la Aipypt afirman que "las crisis son promotoras de cambios importantes. Este gran salto cuantitativo tiene como impulsor no solamente la necesidad de establecer una malla de contención para los nuevos y escasos emprendimientos, sino una política de Estado que ya está comenzando a aplicarse en nuestro país".
En el sector privado, Ernesto Krauwchik, presidente y CEO de Idea Factory Software, empresa que forma parte del polo de Tandil, destaca: "En los casos exitosos que se produjeron en el mundo la colaboración entre empresas y universidades ha sido clave. En la Argentina no existe una tradición de fuerte cooperación, hay desconfianza mutua entre las empresas y las universidades, y una visión utilitaria de cada una de ellas".
En la investigación realizada por Aipypt también puede comprobarse que estas herramientas son muy jóvenes aún en la Argentina, si se las compara tanto con los países desarrollados como con otros de industrialización tardía. Al mismo tiempo, puede verse que existen varios nuevos proyectos y otros en fase de implantación. Además, este estudio muestra que todavía son pocas las compañías incubadas, y menos aún las graduadas. También es escaso el porcentaje de ocupación de los parques.
En la Argentina se está viviendo una proliferación de polos, parques e incubadoras, pero hay una gran confusión porque, según los propios actores del sector, algunos nuevos proyectos fueron bautizados con el nombre incorrecto.
Un ejemplo es el Polo IT Buenos Aires, que nació el 10 de diciembre pasado. Según Esteban Cassin, coordinador del programa especial de incubadoras, parques y polos tecnológicos de la Dirección Nacional de Programas y Proyectos Especiales de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (Secyt), la iniciativa del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se parece más a un cluster de empresas que a un polo tecnológico.
"Para que sea un polo le falta una vinculación firme y permanente con universidades y centros tecnológicos, así como un equipo de gestión permanente que genere no sólo la vinculación entre empresas, sino también entre éstas y los centros tecnológicos”, explica. Lo cierto es que este polo o cluster tiene tan sólo unos meses de vida, tal vez, con el tiempo se transforme en lo que Cassin considera polo tecnológico.
“Empezamos a trabajar en consorcios de exportación y luego pensamos que era una buena idea nuclear estos consorcios en un polo de tecnología y así surgió el polo de la ciudad de Buenos Aires”, recuerda Fabián Prieto, coordinador del área de asistencia técnica de la Dirección de Industria y Comercio del gobierno de la ciudad de Buenos Aires.
“Nuestro referente fue el polo de Rosario. Ellos nos transfirieron su know how. La estructura de nuestro polo es igual a la de Rosario, lo tomamos como modelo”, añade.
El polo IT de Buenos Aires comenzó con 31 pequeñas y medianas empresas de software y actualmente cuenta con más de 70 firmas. Es una asociación sin fines de lucro compuesta por nueve comisiones de trabajo.
Entre las cuentas pendientes, Prieto destaca: “Actualmente estamos buscando una sede física para alojar al polo, que por ahora es virtual. También estamos estudiando beneficios fiscales, aunque por el momento no hay ninguno en concreto”.
La posibilidad
Una de las empresas del polo IT Buenos Aires es RC Consultores. Su gerente, Rubén Vetere, sostiene que el principal beneficio por formar parte de este polo radica en la asociatividad: “Podemos lograr objetivos que solos no lograríamos. Me refiero a oportunidades, relaciones con el Gobierno, con universidades”, destaca y agrega: “Elegimos el polo de Buenos Aires porque estamos radicados aquí y porque hemos encontrado afinidad con las empresas miembros”.
En relación con los beneficios fiscales, Vetere revela que “en abril, Eduardo Epszteyn, secretario de Producción, Turismo y Desarrollo Sustentable, nos prometió que los ingresos brutos tendrían una alícuota cero para las empresas de software. Aunque todavía no está instrumentado, existe la iniciativa por parte del polo y el compromiso por parte del Gobierno”.
Otra experiencia interesante es la del Parque Científico Tecnológico-Polo Informático de Tandil, que nació el 21 de marzo de 2003 cuando se firmó un convenio marco de cooperación entre la Universidad Nacional del Centro de la provincia de Buenos Aires (Unicen), y la empresa Idea Factory Software.
Actualmente, este polo cuenta con 29 convenios realizados con corporaciones nacionales, extranjeras y multinacionales, entre las que se encuentran a parte de la ya mencionada: Abaco Informática, BGH, IBM, Microsoft y Ryaco.
Krawchik sostiene que “el contacto con los creadores de la ciencia y la tecnología es muy importante porque genera una corriente de ideas y de creación fundamentales en la producción y la investigación. Al mismo tiempo, las empresas podemos transmitirles a los centros de investigación y a las universidades los temas que importan en el mercado. Todos los casos exitosos de empresas tecnológicas en el mundo han girado en torno de esta fuerte cooperación entre compañías y universidades o centros académicos”.
Pedido de promoción
En el polo de Tandil tampoco hay beneficios fiscales para las empresas asociadas. “Por ahora no los tenemos porque la Argentina no tiene una política de promoción de polos tecnológicos. Creo que sería útil promoverlos mediante algunos beneficios complementarios con la ley de software. Por ejemplo, que los polos tecnológicos puedan ser considerados zona franca a los efectos de importación de equipamiento para firmas tecnológicas. Pero, por el momento, el pertenecer a un polo no tiene implicación fiscal, porque no hay una ley de parques y polos”, destaca el CEO de Idea Factory Software.
A pesar de esta falta, el ejecutivo destaca que los beneficios por ser parte de este polo son múltiples.
“Se acortan los tiempos de entrenamiento del personal porque ya sale de la universidad entrenado como corresponde. En segunda instancia, se bajan los costos de investigación y desarrollo. ¿Para qué vamos a duplicar las investigaciones si podemos cooperar con la universidad? Creo que, fundamentalmente, la ventaja de la clusterización es que te permite alcanzar resultados que individualmente no podrías. Se potencian las capacidades individuales de las compañías.”
La empresa que preside Krawchik por ahora sólo forma parte del polo de Tandil, pero no descartan la posibilidad de integrarse a la iniciativa de la Ciudad de Buenos Aires, ya que también tienen un centro de desarrollo en Barracas.
Microsoft es otra de las empresas que forman parte del polo de Tandil. Sebastián Lancestremere, director de plataforma .Net y desarrolladores de Microsoft, afirma: “Creemos que este tipo de proyectos contribuyen en el desarrollo de la industria de software local. Actualmente apoyamos a varios polos además del de Tandil, por ejemplo los de Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Mendoza”.
Para Lancestremere, este tipo de proyectos deben ser vistos como emprendimientos de largo plazo y agrega: “Es crítica la participación de las universidades, las empresas y el Gobierno; es fundamental que trabajen todas en pos de un proyecto de país. Además, considero que una mayor colaboración entre los polos puede ayudar a compartir experiencias y lograr aprendizajes comunes”.
La iniciativa realizada en el polo tecnológico Constituyentes es también destacable. Se creó en 1999 y está conformado por la Universidad Nacional de General San Martín (USAM), el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas de las Fuerzas Armadas (Citefa) y el Servicio Geológico Minero Argentino.
En el polo tecnológico Constituyentes, Gabriel San Martín, gerente de incubación de empresas de la Universidad de San Martín, comenta: “Tenemos una incubadora y un polo tecnológico. Con el tiempo, una vez que este sistema se desarrolle se concretará un parque tecnológico, porque las compañías que están saliendo de la incubadora deberían ubicarse cerca y seguir utilizando los servicios del laboratorio. Esto es lo que ocurre en el mundo, pero nosotros apenas estamos en el inicio”.
Los cluster son un caso aparte, integrados por un conglomerado de empresas en el cual no intervienen entidades gubernamentales ni instituciones de enseñanza.
El caso más conocido es el de Córdoba, llamado Córdoba Technology, una organización que agrupa a importantes empresas de tecnología radicadas en esa provincia que, mediante la configuración de un cluster, se propusieron complementar esfuerzos para desarrollar y ofrecer soluciones tecnológicas.
Entre las 36 empresas que forman parte del cluster se encuentra Iplan.
“Elegimos estar en este cluster porque consideramos que es una buena iniciativa para generar proyectos tecnológicos de primer nivel y porque creemos que en Córdoba, y en la Argentina, hay recursos humanos de excelente calidad para lograrlos”, sostiene Hernán Fulco, a cargo de la gerencia comercial de Iplan en Córdoba y Rosario.
Según Fulco, en Córdoba Technology, se están realizando iniciativas interesantes. “Las empresas que no tienen la llegada suficiente para darse a conocer en el exterior tienen la posibilidad de hacerlo gracias al cluster. Creo que lo único que le falta es que haya empresas de otros rubros porque hoy la mayoría son firmas focalizadas en desarrollo de software. Pero creo que esto se va a ir modificando con el tiempo, y sobre la base del trabajo que vamos a ir haciendo todos.”
Asignatura pendiente
A la hora de hablar de las cuentas pendientes, Cassin sostiene que en la Argentina los parques tecnológicos todavía no poseen una regulación y por eso no tienen beneficios impositivos, como los parques industriales.
“Por otro lado, creo que debe haber mejores normas para permitir la creación de nuevas empresas y, también, un mejor y mayor financiamiento para las compañías nuevas o tecnológicas. Los países que quieren crecer a partir de innovación tienen que darles ventajas a las empresas tecnológicas, una de ellas es disminuirle los impuestos, otra puede ser facilitarle la instalación en lugares donde les puedan dar muchos conocimientos y otorgarle financiamiento y créditos. Creo que si se pudieran dar todos estos beneficios tendríamos otro país. Esto ya ocurre en la India, España, Francia, Estados Unidos y Brasil; en muchos países, pero acá no. De todas maneras, creo que la Argentina está entendiendo que para crecer hay que innovar y para ello hay que vincularse con el conocimiento”, concluye el coordinador del programa especial de incubadoras, parques y polos tecnológicos de la Dirección Nacional de Programas y Proyectos Especiales de la Secretaría de Ciencia y Técnica (Secyt).
En el país
- Según un relevamiento realizado el año pasado, en la Argentina hay 33 incubadoras de empresas, y 22 parques o polos tecnológicos.
Los polos
- Algunos de los principales polos están en Tandil, Cordoba, Rosario, Bahía Blanca, Quilmes, Gualeguaychú, Mendoza, Rafaela, Río Negro, Balcarce y Pergamino.
Las incubadoras
- Algunas de las principales son Baitec (Buenos Aires), Malargüe, Junín, CEP La Plata, UTN Santa Fe, UTN Venado Tuerto, UTN Avellaneda, Olavarría, Incuei Luján, y Universidad Nacional de La Plata.
Estadísticas
- Según el estudio de la Aipypt citado, el origen de las incubadoras de empresas es, en su mayoría público: 61%. En segundo lugar se da la asociación público-privado, con el 26%, y finalmente el puramente privado: 13 por ciento.
- El período de incubación de una empresa oscila entre los 2 y los 3 años, en un 41 por ciento. El 32 por ciento no tiene un plazo establecido, mientras que el 23 por ciento es hasta los dos años. Apenas el 5% tiene previsto exceder los tres años.
Hernán Fulco, de IPLAN
- Su empresa está instalada en el Córdoba Technology.
- Las empresas que no tienen la llegada suficiente para darse a conocer en el exterior tienen la posibilidad de hacerlo gracias al cluster”.
- Hay excelentes recursos humanos. Faltan empresas de otros rubros, que no estén focalizadas sólo en el desarrollo de software, pero eso se va a ir modificando con el tiempo”.
Rubén Vetere, de RC CONSULTORES
- Su empresa está en el polo IT Buenos Aires, que empezó con 31 firmas y hoy ya cuenta con 70.
- Podemos lograr objetivos que solos no alcanzaríamos: tenemos oportunidades con el Gobierno y con las universidades”, sostiene Vetere.
- Aunque hubo una promesa por parte del gobierno de la ciudad para eximirlos del pago de ingresos brutos, todavía no se concretó.
Sebastián lancestremere, de MICROSOFT
- En el polo de Tandil invirtieron 1 millón de pesos en capacitación y licencias de software.
- También apoyan los polos de Córdoba, Buenos Aires, Rosario y Mendoza. En total, el aporte es de 4 millones de pesos.
- Es fundamental la participación de las universidades, las empresas y el Gobierno en pos de un proyecto de país”.
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