Herme sindicalizó un negocio perdido, pero lo salvó Salomón
El viernes a última hora, y a último momento, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich , con la viceministra de Trabajo, Noemí Rial, citó Herme Juárez, a Omar Suárez y a Jorge Álvarez para destrabar un embrollo político con pésimas consecuencias económicas.
Juárez, presidente de una empresa presentada como cooperativa, ostenta el absoluto monopolio –eufemismos al margen– de los servicios de estiba en el polo portuario de Timbúes, San Martín y San Lorenzo. Dueño de más de 100 palas Volvo, valuadas cada una en US$ 300.000, no conoce competencia por varias razones: es eficiente e intimidador. Fija él mismo las tarifas, en dólares, y las empresas multinacionales acatan. Es cierto, es ínfimo el porcentaje de este servicio en la ecuación económica de los exportadores que, no obstante, no se inmutan porque inmiscuyen esa tarifa en la esmerilada liquidación que reciben los chacareros y los productores.
Pero Herme no sólo estiba granos. También los fertilizantes que importa la Argentina. Y hasta no hace mucho, el mineral de hierro que se transbordaba en Rosario en el buque Alianza G2, de la empresa UABL, cuyo director es Jorge Álvarez.
Pero la naviera que contrataba a la cooperativa de Herme, decidió modernizar el servicio de transbordo que le presta a Vale, e instaló en Entre Ríos, el buque Paraná Iron. Herme vio que se le escapaba el negocio porque allí su cooperativa no tiene jurisdicción. El Paraná Iron es un buque, no un puerto. La operación, en rigor, la realizan dos grúas Liebherr. Y por ser un barco, la presencia sindical es del SOMU. Juárez transformó un negocio perdido en una denuncia sindical: negó estiba en el polo portuario a toda exportadora que operara con barcazas de UABL hasta que la estiba (en el transbordador) la realizara el SUPA.
Suárez, en tanto, levantó el guante: negó remolque a todo buque que hubiera cargado con la cooperativa de Herme. En el medio, una cola de buques y miles de dólares perdidos.
Herme llegó a la cita con Capitanich en uno de los dos helicópteros de su Centro Cooperativo de Rescate y Emergencias Portuarias, que presentó hace unos días con una fiesta para 2000 personas. No están habilitados, sin embargo, para rescates en buques o puertos porque son monoturbina. Pero son un éxito de marketing. ¿La solución de Capitanich? Salomónica: los dos sindicatos operarán en el transbordador. Juntos y, muy probablemente, revueltos.
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