
Consejos para ser un buen líder
Intuición, sensibilidad y algunas técnicas llevan a resolver situaciones excepcionales
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Rescatando al soldado Ryan es un film de Steven Spielberg realizado en 1998. Quienes se apasionen por las últimas técnicas aparecidas en los últimos minutos sobre nuevos estilos de liderazgo podrán fruncir la nariz y pasar de página rápidamente. Tendrán motivos suficientes. La película tiene 13 años de antigüedad y, para colmo, su trama se desarrolla durante la Segunda Guerra Mundial, hace más de medio siglo. Hay allí una escena que, sin embargo, no escapará a cualquier lector curioso por las inquietantes definiciones sobre quién es líder y quién no lo es.
La misión encomendada al capitán Millar, interpretada magníficamente por Tom Hanks, es encontrar al único sobreviviente de cuatro hermanos caídos en acción. El salvataje de un soldado ya sufrió la muerte de otros dos, integrantes del pelotón de búsqueda, lo que genera la reacción violenta de uno de los miembros: decide abandonar una misión que le parece absurda. La situación se pone tensa cuando el sargento a cargo le apunta con una pistola, dispuesto a matarlo, cumpliendo la disposición reglamentaria ante un desertor. El capitán observa la escena en silencio e interviene a último momento, contando una anécdota personal. Revela que él era un simple maestro de Iowa, que espera volver a casa, como todos. La situación se distiende, cambia de plano, y lo que era una tragedia inminente se disuelve. La misión continúa con el pelotón completo, sin deserciones.
Los eternos buscadores de claves encontrarán aquí un buen ejemplo y lo convertirán en receta: "Si se encuentra en una situación crítica entre miembros de su equipo, póngase a hablar de otra cosa, preferiblemente de tipo personal". No siempre funcionará, pero no importa. Las lecturas sobre management están saturadas de tips para utilizar en momentos determinados, como si las relaciones humanas pudieran manejarse con teclas.
La acción del capitán Millar es una mezcla de intuición, sensibilidad y técnicas incorporadas a partir de su experiencia como maestro. Seguramente no fue el ejército el que lo entrenó para resolver estas situaciones excepcionales.
Aquel lector atento y curioso, mencionado más arriba, habrá de preguntarse ahora si no valdría más la pena formar maestros para mandarlos al frente en vez de guerreros. Si en vez de líderes autoritarios, no serán docentes lo que las empresas necesitan, pero de los buenos, de esos que poseen los atributos para influir en el crecimiento de su personal y resolver los conflictos. Señales hay por docenas y pueden comprarse por kilos. Van desde "la organización que aprende" divulgada oportunamente por Peter Senge, pasando por el mentoring, el coaching y todo lo que seguirá apareciendo en el futuro.
Son medios sigilosos y transversales para decir lo mismo, sin herir la susceptibilidad de aquellos líderes que están convencidos de que el rigor de su mando es lo más formativo que existe en este mundo. Hay una frase de Heidegger que tal vez sirva en este contexto: "Enseñar es más difícil aun que aprender... ¿y por qué?... No porque el maestro deba contar con un mayor caudal de información y tenerlo siempre preparado. Enseñar es más difícil que aprender porque lo que el enseñar exige es esto: permitir que se aprenda".
En definitiva, una actitud, una predisposición generosa del líder que no es sinónimo de ingenuidad ni benevolencia. Y a la postre, previniendo objeciones, más rentable.
jorgemosqueira@gmail.com






