Coronavirus. La app que busca llegar antes que la ambulancia y ayudar a la población de riesgo en cuarentena

Federico Kohen, el responsable de la plataforma Helpers en la Argentina.
Federico Kohen, el responsable de la plataforma Helpers en la Argentina. Crédito: Gentileza
Sofía Diamante
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24 de marzo de 2020  • 09:43

El rabino Mijael Rubinstein –nacido en Israel e hijo de argentinos– quedó impactado con una cifra: en la Argentina, 100.000 personas mueren por año porque las ambulancias no llegan a tiempo para brindar asistencia. Así fue cómo se le ocurrió crear Helpers, una aplicación que conecta voluntarios que tienen conocimientos básicos de reanimación con usuarios que necesiten asistencia inmediata. Desde esta semana, además, en el contexto de cuarentena para evitar la propagación del coronavirus , se le agregó a la plataforma un botón para asistir a las personas en población de riesgo, que necesitan asistencia emocional o simplemente que se le hagan las compras de productos esenciales.

Rubinstein es emergentólogo, una especialidad médica cuya misión es la evaluación, manejo, tratamiento y prevención de las enfermedades inesperadas y el trauma. En Israel trabajó como asistente en primeros auxilios en el Magen David Adom, el equivalente a la Cruz Roja en la Argentina.

A los 25 años, lo mandaron como rabino a Uruguay y dejó su trabajó de emergencias. Pero un día, saliendo de una ceremonia en un cementerio, se encontró con un accidente de tránsito, en el que estaban involucrados una mujer y su bebé. En el acto, el rabino asistió a la mujer, que tenía un corte en la femoral, la arteria más grande del cuerpo, y le practicó un torniquete para que cese el sangrado.

"La ambulancia llegó recién a los 50 minutos –cuenta Federico Kohen, responsable de Helpers en la Argentina, sobre cómo surgió la idea de crear la empresa–. Al poco tiempo, Rubinstein volvió a Israel para conseguir la tecnología de localización para ayudar en estos casos. Hace dos años terminó de desarrollar la aplicación, que costó un millón de dólares y fue financiada con apoyo de donantes filántropos que le permitieron comprar la tecnología".

La aplicación tiene tres actores conectados entre sí. Por un lado están los voluntarios –los llamados helpers –, que ya alcanzan a ser 8000 personas y están capacitadas en hacer primeros auxilios y en reanimación cardiopulmonar (RCP). Luego están los usuarios, que incluye a todos los que se descargan la aplicación (actualmente hay 60.000 activos). Y finalmente están los operadores, que en su mayoría son profesionales capacitados de la salud y, junto con la tecnología, sirven como nexo entre los usuarios y los voluntarios.

"Si una persona necesita asistencia, abre la aplicación y aprieta el botón ‘H’ de emergencia. Ahí aparece la posibilidad de mandar un audio para explicar lo que está ocurriendo. Automáticamente, la aplicación rastrea a los voluntarios más cercanos al lugar para que vayan a asistir y llama a los agentes externos (ambulancia, policía o quien corresponda)", explica Kohen.

El resultado es que ya hubo más de 1300 casos en los que se pidió asistencia en la Argentina y Uruguay, y se salvaron 192 vidas, según indica Kohen. "En Israel la aplicación no funciona porque allá el servicio de la ambulancia tarda solo tres minutos en llegar; en Jerusalén, es de 90 segundos", agrega.

Con la expansión del coronavirus, Helpers decidió agregar un botón a la aplicación para la asistencia de personas en aislamiento. "El objetivo es acompañar a los usuarios para que tengan acceso a soporte emocional, en caso de que la persona tenga miedo o se sienta sola, a información sobre el Covid-19 y a la posibilidad de pedirle a los voluntarios que les acerquen artículos de primera necesidad, como agua, productos de farmacia o alimentos, entre otros", explica Kohen.

"Ya tenemos un grupo de psicólogos, profesionales de la salud mental, que estarán llamando a las personas que solicitan asistencia emocional", agregó.

Mantener la aplicación cuesta 150.000 dólares por año, entre los costos de la tecnología, las operaciones, el soporte y las oficinas. Si bien hasta ahora Helpers se mantuvo con donaciones, la ONG tiene dos formas para hacer sustentable el proyecto.

"Una manera es a través de la venta de cursos de capacitación de RCP y primeros auxilios a empresas. La otra es alquilando nuestra tecnología a los municipios, para que cada uno la pueda utilizar en su comunidad de vecinos. Por ejemplo, un ciudadano llama a emergencias para pedir ayudar. Desde el lugar, además de mandar la ambulancia, lanzan una notificación para que los vecinos que estén cerca puedan asistir a la persona utilizando nuestra tecnología", dice Kohen.

"No reemplazamos los servicios de emergencia, los complementamos. Ayudamos a que la gente pueda explicar lo que pasó en los minutos previos a que llegue la ambulancia", agrega. Desde que comenzó a funcionar la aplicación, los fundadores destacan varios casos de éxitos que muestran el potencial del proyecto.

"Uno es el de una chica a la que le pusieron una droga en un trago cuando estaba en un boliche. Se empezó a sentir mal y activó el botón de ayuda de la aplicación. Dos voluntarios, uno que estaba adentro del boliche y otro afuera, la asistieron y la llevaron a su casa. Al mismo tiempo, un operador se comunicó con la mamá para contarle lo que había ocurrido", cuenta Kohen.

Otro caso es el de un usuario que pidió asistencia porque su abuelo que tenía alzheimer salió de la casa y luego de seis horas no regresó. "Para solicitar ayuda a la policía y hacer la denuncia tienen que haber pasado 24 horas. La aplicación mandó la foto del señor con el número de teléfono a los voluntarios y 150 personas salieron a buscarlo. Lo encontraron a la media hora acostado en la entrada de un hotel", señala Kohen, sobre otra experiencia donde no se necesitó saber sobre primeros auxilios para asistir a otro usuario.

"Hubo un caso en particular que nos cambió la mentalidad. Comenzó con una capacitación que hicimos en un programa de recuperación para jóvenes drogadictos. Algunos de ellos seguían no solo consumiendo, sino vendiendo drogas. Unas semanas después, estos chicos van a hacer deportes a un campo y le agarra un infarto a un señor que trabajaba ahí. Uno de ellos lo reanimó y le salvó la vida. Desde entonces, nos contó que dejó las drogas y que quiere estudiar enfermería, porque dijo que la mejor droga que probó es la de salvar una vida", concluyó Kohen.

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