
Chucky, aquel muñeco maldito que protagonizó media docena de películas de terror entre 1988 y 2017, fue la imagen que eligió Andrés Hatum para ilustrar el peligro que representa la llegada de la tercera generación a la conducción de una empresa familiar.
"El 90% de estas empresas no pasan la tercera generación", afirmó Hatum durante su participación en el programa Comunidad de Negocios, por LN+ . Según él, los problemas se inician en la primera generación, con fundadores que deciden todos los aspectos de la operación.
"Hay mucho fundador con ego que relega a los hijos en una función dentro de la compañía que no los va preparando para la sucesión. Cuando la primera generación es muy exitosa, la segunda consigue trabajo rápidamente y no tiene estudios ni experiencia", aseguró.
Para Hatum, "después viene la generación Chucky que destruye todo por incompetencia". "Estos fundadores no prepararon bien a sus hijos y después no hay margen ni compromiso con sus nietos -añadió-. Con suerte pueden vender los restos mortales de la empresa".
En este marco, recomendó que los hijos trabajen cinco o seis años en otra compañía antes de ser llamados a ocupar un rol en la empresa familiar. "Los hijos tienen la responsabilidad de formarse porque esto es importante para la continuidad del negocio", concluyó.






