Próxima meta. Qué caminos se le abren al Gobierno con la deuda desde el 2 de junio

Crédito: Presidencia
Francisco Jueguen
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29 de mayo de 2020  • 15:23

El 2 de junio, el nuevo deadline fijado por el Gobierno, podría convertirse nuevamente en otra fecha abstracta, tal como sucedió en las últimas dos prórrogas que se establecieron para el cierre del proceso de renegociación de la deuda que lleva adelante Martín Guzmán.

La "buena fe" es la clave para que, en medio de una negociación que muestra avances, exista una extensión oficial. Tales acercamientos de las partes fueron puestos ayer en evidencia, aunque aún son "insuficientes", según calificó Economía, para cerrar un acuerdo definitivo, lo que obligará al Gobierno y a bonistas a mejorar sus propuestas.

Ayer, dos comités de acreedores -el que agrupa a los bonistas de los canjes durante el kirchnerismo y el denominado AdHoc- presentaron una propuesta de alivio por US$ 36.000 millones en nueve años. El Gobierno, por la noche, la calificó como "insuficiente" y confirmó que también había acercado una posibilidad para "endulzar" su oferta inicial.

El martes vence la segunda prórroga presentada por el Gobierno. Al Gobierno se le abren dos caminos, según fuentes oficiales consultadas por LA NACION. Si mejora su propuesta oficializada ayer, algo que -confirman- deberá hacer, y mantiene a los actores en la mesa de negociación (en el marco de los Non Disclosure Agreement , o NDA, según la sigla) es probable que el equipo de Guzmán logre extender el proceso de discusión más allá del deadline .

En caso contrario, el Ministerio de Economía estaría obligado a presentar una enmienda de la oferta original ante la Comisión de Bolsa y Valores de EE.UU. (SEC, según las siglas en inglés) y esperar una significativa tasa de adhesión, más elevada de la que logró el 8 de mayo pasado, cuando habrían aceptado cerca del 13% de los bonistas con títulos bajo ley New York. Si no lo hiciera, los abogados de los fondos entrarían en acción empujando una aceleración de la deuda, tras el default selectivo en el que entró la Argentina el viernes pasado y comenzarían a abrirse mayores posibilidades de una judicialización en las cortes de Manhattan.

Cualquiera de las dos opciones traspasarían el límite del 2 de junio, ya que si existiera un acuerdo, y debiera enmendarse la oferta, se abriría un proceso de 10 días para determinar el nivel de adhesión de la nueva oferta argentina, según aclararon a este medio. La opción preferida por el Gobierno es la extensión en buenos términos de la negociación, lo que le permitiría ir puliendo un mejor acuerdo basado en la idea de sostenibilidad que prefijó el Ministerio de Economía cuando comenzó el proceso de renegociación con los acreedores.

Guzmán afirmó ayer que la propuesta de los bonistas implica "un acercamiento importante". También ratificó que ayer "se venció uno de los acuerdos de confidencialidad de esta semana", y que "hay otro que aún está vigente". La no extensión de los NDA son, a criterio oficial, una manera de los grupos de acreedores de levantarse de la mesa y presionar. Cerca del ministro consideran clave que, como señal al mercado, esos acuerdos se mantengan y se extiendan. "Lo ideal es seguir negociando con la oferta original de 40 centavos por dólar abierta y lograr un mensaje de los fondos grandes, que sigan apoyando", comentaron.

La oferta original de Guzmán fue de 40 a los 45 centavos por dólar en la propuesta que mostró ayer el Ministerio de Economía. Los fondos, por su parte, bajaron sus demandas de 60 a 55. Todo a una tasa de descuento del 10%. "Por arriba de 50 centavos se mete mucha gente", aseguraron y estimaron que por eso el Gobierno deberá superar su propuesta. "Se van a tener que pagar entre US$500 y US$700 millones más por año", cuantificaron. Varios operadores habían señalado que, en promedio, un acuerdo podría cerrar en 52 o 53 centavos por dólar.

Históricamente, en estas negociaciones, los fondos que aceptaban las grandes pérdidas eran los vinculados al realmoney, mientras que los hedgefunds aparecían como los más duros. Esto se invirtió, creen, en esta negociación. Un ejemplo de los rígidos es BlackRock, para el Gobierno, pese a que ese fondo bajó sus expectativas semanas atrás.

Actualmente, también ponen en ese cuadrante al Ashmore Group, que dedica su cartera a los emergentes. "Para ellos, una buena negociación de la Argentina es peligrosa. Porque detrás vienen todos los demás emergentes pidiendo lo mismo", contaron a LA NACION.

El ministro señaló anoche que enfrenta dos desafíos en el marco de la negociación: "Uno es el de llegar a un entendimiento con todo el conjunto de acreedores. Y otro es el de reconciliar las posiciones de los distintos acreedores, que son bien diversas, pues todos tienen distintas tenencias de instrumentos, y por lo tanto tienen distintas preferencias y visiones".

Además agregó que "como en toda reestructuración, la coordinación entre acreedores siempre es una cuestión central". Hoy, algunos criticaban el papel de los bancos asesores de la Argentina, HSBC y Bank of America (BoA) en el trabajo por diversificar la tarea, incluso dentro de los comités, con relación a los diferentes intereses existentes.

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